Hoy día, el regalo es una imposición de nuestra sociedad que
consideramos necesario en cada una de las distintas facetas que vivimos.
Se regala al padre, a la madre, a los enamorados, enlaces nupciales,
aniversarios, al colegial, al santo, al cumpleaños, en navidad y el día
de reyes y por supuesto el regalo libre que hacemos cuando se nos viene en
ganas.
Pero
en esto existen claras diferencias en cuanto a la forma de ser de las
personas, pues nos diferenciamos claramente unos de otros en la manera de
hacerlos aparte de los ritos necesarios como borrar el precio porque se
considera mal gusto aunque algunos borran el último número, y el
envolver en el preciado “papel de regalo” que parece que enaltece la
dignidad de este.
Están
los “Autorregaladores”, son los “mira lo que te he
comprado(pensando) para mí”, y aprovechan estas fechas para comprarse
lo que ellos desean, un maletín de herramientas, o un taladrador o el
mejor tren eléctrico a su hijo de dos meses y es su mujer la que dirá y
porque no me ha regalado un viaje al Caribe.
Los
“De todo para el hogar”, que siempre se dejan caer, con toallas,
cuadros, mantas etc., y no piensan que las mujeres en algunos casos son
“reinas del hogar” pero que son personas con gustos propios que van más
allá de los electrodomésticos.
“Los
miserables”, sabemos perfectamente quienes son y hasta confunden los
regalos que iban destinados a “otras” pues sus secretarias omitieron
los destinos.
Hay
quién piensa “¿Regalo? ¿Qué es eso?, son los que nunca recuerdan la
fecha de un santo o un aniversario y lo arreglan con un beso, porque el
amor “no se mide con dinero” pero con una salvedad no te olvides nunca
de la fecha de su cumpleaños que eso si es nuestra obligación.
Están
los que siempre van en “Sacrosanta misión”, en esto algunos confunden
el regalo con un mandato; el militante del partido que sea, intentara
darnos libros y hasta camisetas alusivas con el color de su ideología política
y si es místico, con libros de Sai Baba y cassettes con cantos de
ballenas o la meditación trascendental que le ha servido a él para triunfar en su trabajo.
Podríamos
llamar a los siguientes “los cobradores”, estos suelen hacer buenos
regalos, pero exigen que se les paguen con la misma moneda, ni un céntimo
de menos y casi siempre llevan a su mujer de escaparate para sus amigos,
con la archisabida frase “enséñale a tu amiga lo que te he regalado”
para observar de cerca la cara de expectación ante tan admirable joya.
Los
que tienen “mal gusto” son un verdadero problema, estos no tienen ni
la más remota idea a la hora de comprar un regalo, lo mismo les da un
mantel fosforescente o un Bambi de escayola tamaño natural para el salón
sin tener en cuenta las medidas de este y el aguante que deben tener los
que soporten tal dádiva.
Los “perfectos”, son el sueño dorado de todos los que reciben
el obsequio, estos son muy difíciles de encontrar, tanto como el monstruo
del Lago Ness, siempre con la frase típica, “dime dónde está ese
regalo que no tienes y recorreré el mundo para buscarlo” y si no lo
encuentra es capaz de entregar su tarjeta de crédito “oro”.
Los “seguros” son los que no se complican demasiado en variar
sus gustos, pues siempre regalan una corbata (no muy acertada muchas
veces) o el cartón de tabaco que aunque fumes negro, tienes que estar
fumando rubio u ofreciendo porque no te gusta esa marca.
Y
para terminar se me viene a la cabeza el señor que compró un sello en el
estanco y se empeñaba en que el vendedor le borrara el precio porque era
para un regalo.
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