Alvaro Morales

     
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Córdoba

 

   
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JUAN MORALES ROJAS

(1918-1991)

 

BIOGRAFÍA
POEMAS:

 

 

 

 

BIOGRAFIA

Nace en Córdoba, ciudad que va a constituir la base y cimiento de toda su andadura poética. Con los ecos del más puro romancero popular el poeta ha sabido mostrar, a través de su poesía y de su labor docente, el entrañable cariño por Córdoba y sus pueblos, por todos los alrededores que circundan sus bastiones geográficos y por las gentes sencillas, que aparecen revestidas de los más geográficos atributos. MORALES ROJAS ha sabido glosar el encanto de las tradiciones populares en vibrantes cantares y en poemillas que rezuman amor, cariño y entusiasmo por lo auténtico.

Córdoba, sus monumentos y ruinas, sus tradiciones y fiestas, sus ferias y romerías, constituyen belleza, clásica en su conjunto, aunque adornado con el efluvio sentimental de una lírica cuajada de bellezas metafóricas.

No podríamos encasillar a JUAN MORALES ROJAS en un determinado grupo poético, aunque ha habido tentativas de encuadrarlo dentro de los generacionistas del 36. Quizás le uniera a ellos la pureza formal de sus poemas, libres de la corriente versolibrista que había inundado la creación poética del 27 con las secuelas del superrealismo de André Bretón.

Quizás también la pureza virginal de su poesía, muy acorde con las consignas de la "Juventud creadora". que constituiría posteriormente el núcleo fundamental de la revista "Garcilaso". Quizás también la temática neopopularista, como fina revivificación del Cancionero y Romancero populares; la preferencia por el paisaje localista transido de profunda emoción espiritual y la abundancia de poemas de marcado tono religioso con resortes o manifestaciones filosóficas o existenciales.

Pese a la concomitancia de estas notas, que encontraremos en los generacionistas del 36 y en JUAN MORALES ROJAS, la obra lírica del autor cordobés sigue unos senderos distintos. El autor de "Silencio de Pueblo y Pinos y otros poemas de vida y esperanza" ha sabido huir de "ismo" y consignas de grupo para moldear una obra propia, autentica y realista. Su estilo literario - artesanía del pensamiento y la palabra- es lúcido, irónico, lleno de trascendente optimismo, de humor suave y elegante, de filosofía vital y cristiana en constante actitud dialéctica.

El poeta recuerda al aticismo de Don Juan Valera, la gracia del gaditano José María Pemán y la multiforme variedad temática del santanderino Gerardo Diego.

Su obra es un mosaico multicolor de asuntos cordobeses recreados y vivificados por la magia sedosa de una poesía musical, fluida, rítmica, armoniosa y equilibrada en su métrica para el recitado, con la que el poeta, excelente y consumado rapsoda, ha conseguido éxitos inigualables en numerosos actos académicos y populares.

"Rapsodia", "Romancero de Toro y Torero", Campo de Vista Alegre", "Poemas de la Tierra y del Tiempo, y otros cantos de lírica esperanza" y "Rutas líricas de Córdoba"

son algunos de sus libros en verso en los que ha sabido glosar el encanto de las tradiciones populares en vibrantes cantares y en poemillas que rezuman el más entrañable amor y entusiasmo por su tierra natal.

En l.988 apareció su obra "Silencio de Pueblo y Pinos y otros poemas de vida y esperanza", conjunto de poemas compilados la mayoría de ellos a la sombra de los pinares de Cerro Muriano. En ellos refleja, a la manera machadiana, la profunda humanidad del hombre y del poeta ante el espectáculo insuperable de una naturaleza cargada de vivisima emoción y belleza.

Pero la obra de JUAN MORALES ROJAS no termina en el estudio de estas obras. Su libro "Córdoba", de la Editorial Planeta, ha merecido ser traducido al francés, inglés y alemán.

La visión certera y completa de la ciudad de la Mezquita se completa con la magia de su prosa poética. La exaltación de su Córdoba natal alcanza notas diamantinas en las que fluye, cual venero de rica argentería, el más profundo amor por una tierra simpar.

Sus colaboraciones en periódicos y revistas es constante. Numerosos poemas suyos han aparecido incluidos en la "Antología de poemas andaluces" y en la "Antología de poemas taurinos", de Escelicer.

Ha dado recitales poéticos y conferencias en Madrid y numerosas ciudades españolas. Ha dirigido y realizado teatro clásico, y une a su condición de profesor el de Arte Drámatico Y Declamación.

Al igual que Azorín, JUAN MORALES ROJAS es "un pequeño filósofo" amante de lo minúsculo, sencillo y natural. El primor de las cosas pequeñas atrae poderosamente su atención, recreándonos con bellas composiciones y recuerdos de lo lejano, del tiempo pretérito y de viejos personajes populares que reviven en las páginas del Diario CORDOBA del que fue uno de sus mejores colaboradores.

JUAN MORALES ROJAS, poeta "per se " y lúcidamente apartado de todos los movimientos y corrientes vanguardistas, ha sabido huir de "ismos" para moldear una poesía entrañable, clara, lúcida e intensamente sentida. Perteneció a la Real Academia de Córdoba. Existe en Córdoba un premio de poesía que lleva su nombre. Una calle le fue dedicada con su nombre en Córdoba

 

POEMAS

LA VIEJA CASA DE LA CALLE DE LOS JUDÍOS.-

Mi amada y vieja casa de la calle de los Judíos

dormía sobre el muro que la ciudad cerraba.

Tras ella un arroyuelo murmuraba tranquilo

bajo la dulce sombra de las higueras ásperas.

Yo soñaba en el muro;

a mis pies cantaba el agua...

Yo soñaba en el muro

cuando los ruiseñores despertaban al alba.

Cuando algunas palomas blancas

zureaban...

Y miraba a la sierra desde el muro

de mi amada y vieja casa.

Y mi patio tenía

una secreta columna enjalbegada.

Bajo la cal un sueño largo de siglos

en las vetas del mármol esperaba...

Hasta que un día mi padre

a la columna le lavó la cara

y al sol brillaron, en mi patio, divinos

jaspes de la Arabia...

Canarios y jilgueros

a la sombra de Agosto dormitaban...

Yo adoraba la siesta.

Yo su silencio y soledad amaba.

Mi patio y mis higueras, el muro y el arroyo

en luminosa orgía sesteaban.

Y para cantar versos

convertía mi garganta

en un laúd templado

en las jóvenes inquietudes de mi alma.

Y escuchaba el sopor de aquellos dúos

del arroyo y las chicharras

mientras bruma y calima

los lejanos cerros de Sierra Morena desdibujaban

y un romance de prisas monocordes

hacia el río, dulcemente, el arroyo entonaba...

Después gustaba de sentir en mi rostro

el calor de la tarde en el mármol de Arabia

y mis manos caricias prematuras

ensayaban,

igual que si la piedra

hubiese sido el talle de una guitarra

o la cintura mimbreña de una novia

o la acequia que esconde la frescura del agua...

 

Han pasado los años...

Nevó en los aladares del poeta que canta

¿Dónde fueron aquellas alegrías íntimas,

aquellas alegrías plácidas

del humilde arroyuelo,

de la siesta dormida, tórrida paz lograda,

mientras besaba el muro de canela

el rojo de los tomates que mi padre sembraba...?

 

Quizá siga durmiendo, entre las piedras,

con mi alma de niño, un suspiro de Arabia;

una kasida bella,

una sangre de flora musulmana,

o la perenne flor, inmarchitable,

de una ilusión que se volvió nostalgia...

 

_____________________________

 

Mi amada y vieja casa de la calle de los Judíos.

¡Mi vieja casa siempre amada!

Esta perla que tiembla en mis pestañas...

¿Es acaso una lágrima?...

 

 

 

 

 

 

EL DUQUE POETA

Fue liberal, apuesto y aristócrata.

Fué popular, fue clásico, elegante.

En las fuentes de Homero y de Virgilio

la frescura encontró de sus romances.

El vetusto museo de Talía,

entre el mosaico de sus maquillajes,

en el arcón dorado de los tiempos

guarda la gloria de sus personajes.

Prendido entre los vuelos de su capa

un ritmo azul se trajo de Versalles.

Tenía una finura diplomática

y una arrogancia de oficial de Flandes.

Y cuentan que la gracia toreadora

de un caballero de andaluces lares.

¡Valiente Duque liberal de España!

Brazo en las Cortes del cercado de Cádiz

que aborrece al francés y al rey de España

desprecia altivamente por cobarde.

¡Quién lo viera paseando la elegancia

de su figura en las estrechas calles

de Córdoba, en el siglo diecinueve,

o recitando quedo madrigales

junto a los hierros de cualquier ventana

donde el amor bajo la luna nace!

¡Quién lo viera en los riscos de Hornachuelos

por los picachos donde anidan aves,

dando forma al Romanticismo hispano

que fértil en su noble frente arde!

¡Quién lo viera entre peñas del Bembezar

soñando su Don Alvaro gigante,

descansando a la sombra recoleta

del solemne convento de los Angeles!

¡Quién lo escuchara componiendo versos

por aquellas terribles soledades

diciéndole a las breñas solitarias

la canción fatalista de la tarde...

¡Valiente Duque liberal de España!

Clásico, popular, fino, arrogante...

Poeta desterrado de su tierra,

poeta de tragedias inmortales.

Córdoba teje hoy, por tu recuerdo,

una corona de laurel y azahares

y engarzada con versos de poetas,

entre las glorias de sus madrigales,

a ti. Duque poeta, te la ofrece

¡Y que la ciñan en tus sienes ángeles!

 

LA LIRA DEL MAESTRO RAMON MEDINA

Solloza entre las cuerdas de tu lira

El mágico bordón de tu guitarra...

Y el alma de las cosas que se fueron

envueltas en sudarios de nostalgias...

Sollozan los bordones de tu lira

Cuando al cantar , la evocación amarga

Trae, al conjuro de la copla airosa,

La estampa de la Córdoba lejana.

 

 

Ay, Maestro Ramón...! En cada nota

Tu copla cordobesa es una lágrima

Y un perfume sutil de yerbalüisa;

Perfume callejero que te aguarda

-Doncel coplero:..- tras la celosía,

Dulce y secreta, de cualquier ventana

Donde el Amor de Córdoba, impaciente,

Canta su plenilunio de esperanza.

 

 

Poeta de las coplas cordobesas,

Que en voz de lira pulsas la guitarra!

Por ti los hombres de mi tierra lloran.

Por ti los hombres de mi tierra cantan.

Por ti se mueve un pueblo en Romerías

Llevando siempre en caravana

Su Fe profunda al Cristo de San Alvaro

Y hacia Linares a la Virgen Santa...

 

 

 

 

 

 

Acuden a la cita de tus coplas

Siempre dispuestos a <<pelar la pava>>

En noche de azahar y luna llena

Los galanes de Córdoba la Llana...

Allí viene el Maestro Julio envuelto

en los airosos vuelos de su capa;

Rafael Molina, Lagartijo, el grande,

Lucena y Rücker...Suena la pavana

Y a su conjuro surge Manolete

Que por la herida de Linares sangra.

Allí vienen Pilindo y el Manano

Bebiendo, con la luz de la alborada,

el vino ardiente de las soleares

que se les vuelve llanto en la garganta.

Los piconeros de Santa Marina

Al niño Dios tus villancicos cantan...

 

Todos los que se fueron van llegando

Envueltos en sudarios de añoranzas

A despertar, Ramón, entre tus dedos,

Ruiseñores de amor en tu guitarra!...

 

La melodía de tu copla vibra,

Ramón Medina, dentro de mi alma.

La melodía de tu copla dentro

De este pueblo sencillo que te canta.

 

Y al correr de los años, cuando vivas

Ya solo en el recuerdo, tu sonata

Seguirá acompañando el abrileño

Desfile de romeros...Caravana

de fe que irá cantando a los caminos

Las coplas que hoy alumbra tu guitarra.

 

Ramón Medina, melodía al pueblo!

Trovador de mi Córdoba Sultana!

El Cristo de San Alvaro en el Cielo

Te guarda una guitarra de oro y plata!!

 

 

 

FILOSOFÍA

 

Me gustan los que pasan por la vida

Con paso lento y con mirar tranquilo;

Que nada esperan pues lo tienen todo

Porque son hombres dueños de si mismos.

Miran de frente al sol de cada día

Saben que, fatalmente, está previsto

El final de las horas que recorren;

Dónde empieza y termina su camino.

 

Me gusta el que aprendió filosofía

En el disfrute de un vivir pacífico,

Sin saltar en la frontera en que terminan

Las posibilidades de uno mismo.

Los que llevan la rubrica encendida

Del rayo de un vivir sin enemigos,

Ambiciones, las justas; las precisas

Para que en él se cumpla su Destino.

Ilusiones, las propias del que sabe

Que el tiempo del perfume siempre es mínimo.

 

La pena compensar con la alegría

Y buscar la alegría en lo sencillo;

En un amor tranquilo y hogareño

Entre la clara risa de los hijos.

Tan profundo y tan sabio será el hombre,

Que sepa ponderar con equilibrio

Un vivir que le puede dar placeres

Y a la vez exigirle sacrificios

Sin romper la armonía cotidiana;

Sin alterarle su vivir tranquilo.

La envidia debe ser un sentimiento

Por bajo y por ruin, desconocido.

No le va bien a la salud del alma

Ni sufrís puede el cuerpo su castigo.

 

 

De todos los pecados capitales

El orgullo es, sin duda, el más ridículo;

¿Quién puede señalar las calaveras

Mohosas de los pobres y los ricos?

¿Y atesorar riquezas que no puedes

Hombre de Dios, después llevar contigo?

Cuando te vayas, déjale a tus hijos

Todo lo que es riqueza de espíritu:

Ciencia, Trabajo y Fe, noble Cultura,

Tu honroso ejemplo, tu recuerdo...y libros.

 

No colecciones los amores fáciles,

Pobre coleccionista de loa vicios

¿No ves que desperdicias simiente

Entre estériles piedras del camino?

No ignores el sabor grato y humilde

Pero sabroso de ese pan y vino

Que tu desprecias porque con manjares

Constantemente adulas tu apetito.

 

Me gustan los que pasan por la Vida

Disfrutando de arpegios y de trinos,

Del cantar de la lluvia sobre el campo

Donde se mecen los dorados trigos,

Donde florecen rojas amapolas,

Donde la tierna brisa es un suspiro.

 

Me gustan los que pasan por la Vida

Con paso lento y caminar tranquilo...

 

 

TENGO HOY EN MI ALMA.

 

Tengo hoy en mi alma

como un tierno suspiro

que de nacer no acaba.

Como el hondo respirar

de la tierra,

cuando, empapada de lluvia,

nos embriaga

el alma y el olfato,

el olfato y el alma.

Tengo hoy un suspiro

que fue tuyo, mi amada;

quedó escondido, acaso,

una de aquellas noches

frías y estrelladas,

locas de juventud, en, que temblábamos

de amor...

y las caricias entre los dedos palpitaban.

Hoy en mi vida de nuevo retoña,

igual que brota

en el rosal de otoño,

tierno perfume de botón de nácar,

un tierno aroma evocador

de alguna hermosa noche,

y un perfume de tierra

recién regada...

Ya...¿para qué lo quiero?

Que lo aproveche, si puede,

alguna joven mujer enamorada.

Tengo un tierno suspiro

esta noche en mi alma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SONETO DE OTOÑO

 

Ya baja de los pinos la frescura

Que húmedo ardor refresca de la mente.

La pimienta se mece tiernamente

Y se columpia en fronda verde y pura.

 

Amarillea Septiembre en la espesura.

Vuelan abejarucos en la fuente.

El arroyo murmura en su corriente.

Otoño, apagafuegos, se apresura.

 

Y pactará, rendido, al que bravío,

Al campo con sus rayos de oro aterra

Y arrasa bosques, loco del estío;

 

Refrescará su aliento al fin la sierra.

Y el Invierno aún lejano en desafío

De nuevo lanzará sobre la sierra.

 

 

 

VIENTO...

 

Y tan sólo en un momento

se cambió el aire de nombre

y quiso llamarse viento.

Viento para las ramas

del peral

que fue arrancando

y dejando

que, doradas, mustias, yertas,

volaran sus hojas muertas...

Fue tan sólo en un momento:

El aire se volvió brisa

y la brisa se hizo viento.

¡Y a volar!..

Hojas doradas,

¿ A dónde iréis a parar?

¿Un remolino de oro,

la casa, el campo, la cal

llena de un azul de cielo,

de un azul de Inmensidad?

Brisa, viento, hojas doradas

¿está en el Cielo la mar?

¡A volar, hojas doradas!

¿A dónde iréis a parar?..

 

 

 

 

 

 

 

UN LIBRO

 

Hoy ha llegado a mis manos

(casi a fresca tinta olía)

ese libro que, algún día,

escribimos los humanos.

Ya vive con sus hermanos

tranquilo y alineado,

hermoso y encuadernado

en piel de color violeta;

huésped que en mi biblioteca

para siempre se ha instalado.

 

EXISTENCIA

 

Escalón tras escalón

voy subiendo la escalera.

Yo sé que arriba me espera

mi hogar y mi habitación,

mis libros y una lección

que me explica, con su ciencia,

el porqué de mi existencia

y al final de mi destino

que le ha marcado el divino

dedo a mi propia presencia.

 

PLUMA

 

De rojo o azul, color

que el pincel roba a la tinta;

pincel que dibuja y pinta

y hace sonetos de amor.

Adorno de ave en su albor;

camino de oro, por ser

rojo o azul su poder,

presta al papel en que escribe,

poder que el papel recibe

si el dueño lo saber hacer.

 

EL GRAN TEATRO

 

La época dorada de Chaplín, el Inmenso.

La zarzuela y la gente que al tenor Miguel Fleta

detrás del Gran Teatro, calle José Zorrilla,

escuchaban absortos, las ventanas abiertas

por donde regalaba su voz el gran cantante,

en caridad de arte, a las gentes modestas.

Alguna vez llovía. Se abrían los paraguas

y sonaba más limpia aquella voz secreta

que clavaba en el alma de las gentes humildes

de la pasión del arte la divina saeta.

(Los pobres no escucharon su voz más que de lejos:

las butacas valían entonces cien pesetas)

Pero Chaplín, el Monstruo, consoló a los humildes

y con él se rieron los parias de la tierra.

Era del duro Tom Mix, el de los puñetazos,

la tarde cruda y fría, la tarde dominguera.

Se llenaba el teatro de niños y soldados,

De humildes menestrales y de alegres domésticas.

Por la noche asistían los bien acomodados

de blanco cuello duro, traje obscuro de fiesta,

y un reloj de dos tapas guardado en el chaleco

doradamente esclavo de una hermosa cadena.

Y Borrás declamaba. Tenía la voz pastosa

y un énfasis terrible, cual rugido de fiera.

Se sentía el marido pequeño en su butaca

y a la esposa se le iba su corazón a escena...

¡Tiempos del Gran Teatro! La Córdoba noctámbula

escribía su historia en el café <<La Perla>>

y entre música y versos se hablaba de politica...

Don Agustín Fragero contaba sus anécdotas.

¡Tiempos del Gran Teatro! Ramper, Castex, la Imperio.

Marcos Redondo...y tantos que pisaron su escena

y del arte divino dejaron en sus tablas

con la voz del recuerdo las luces de sus huellas.

Si casualmente pisas, cordobés esas tablas

de su noble escenario cuajado de leyendas,

con la historia del Teatro verás cómo se agranda

la noche eterna historia: ¡La historia cordobesa!

 

 

 

DE AYER A HOY

 

I

 

Vespertino crepúsculo a los ojos

y en las puertas del alma aurora al tiempo

y otra cabalgar en una grupa

de ilusión, primavera de recuerdos.

Acostada en el lecho de mis manos

la frente que abre tumbas del pretérito;

los párpados entornan sus postigos

entre esgrima de luz y de silencio...

 

II

 

Cintura coronada por la honda

que piedras lanza en su volar certero;

guerrilla de mi barrio que a los niños

nos convirtió en audaces guerrilleros.

Guerrilla sin cuartel al barrio hermano,

guijarros en el aire al forastero.

 

III

 

Aquella escuela de los años veinte,

cadáver insepulto, cementerio

de la Pedagogía, en caserones

de sombras, de castigos y de miedos,

cuando aún el tierno párvulo llevaba

de Sor Joaquina Salvador los besos...

 

IV

 

Años republicanos bachilleres

en joven bachiller me convirtieron;

y cuando inicia Amor sus floraciones

y nacen rosas blancas en mi huerto,

mi madre al hondo pozo de mis ojos

me mira y a mi padre, sonriendo,

le dice:>>¿No has notado, Juan, que el niño

ya no es niño, que es hombre hecho y derecho?...

 

 

 

 

 

V

 

Y como es hombre ya, Marte le entrega

su afilada guadaña y su ardor bélico

y le ordena segar torsos humanos

y abandonar sus libros y sus versos.

Lucho con los demás, mas no consigo

--Ni yo tampoco conseguirlo quiero--

que odio feroz apriete convulsivo

sobre el fusil el arco de mis dedos.

La Historia aquí me trajo, casi niño;

después la Historia me volvió a mi pueblo.

 

VI

 

Salióme al paso Amor. Vine curtido

atezado de agrestes Pirineos,

y al alba de sonrisa rindió al punto

la fortaleza joven de mi cuerpo.

Era ELLA, barbecho de amorosa

ilusionada fe, que, al darme un cielo,

en él aprendí seis rúbricas de nombres

de mis seis hijos como seis luceros,

y de mi afán de poemas y trabajos

y de mi eternidad puesta en mis nietos...

 

VII

 

Sólo queda esperar...Cuarenta años

dediqué de mi vida al Magisterio.

Cada ministro se inventó un sistema.

Sólo hay un buen sistema: un buen Maestro.

Esperar...Esperar...Tener en regla

el pasaporte hacia el hogar eterno,

y procurar, mirando hacia la Altura,

que cuando un día me lleven, ya durmiendo...

alguna voz piadosa y conocida

diga al pasar su adiós...¡Fue un hombre bueno!...

 

 

 

 

SONETO A CORDOBA

 

I

 

 

Hondo el amor, el vino bien curado.

Los hombres de esta tierra son plateros

Por la gracia de Dios; filigraneros

Que en la plata su gloria han repujado.

 

Arabes y romanos han dejado

pasión y señorío en los toreros

de esta tierra que alumbran los luceros

de un firmamento puro y despejado.

 

Tierra de soleares y pintores

De coplas que entonaran ruiseñores

Perdidos en la sombra del vergel.

 

Y de todas sus galas, las mejores

¡La Virgen del Dolor de los Dolores

Y el ínclito Custodio San Rafael!

 

 

SONETO A CORDOBA

 

II

 

 

Tienes la hidalga sobriedad hispana,

Amores hondos, vinos bien curados,

La palabra y el gesto fiel, pesados

Antes de hablar...¡por algo eres romana!

 

Arabia por gentil, te ha hecho Sultana

De un Occidente que has iluminado.

Los plateros, de aquel cielo estrellado

Copiaron su mas pura filigrana.

 

San Rafael vigila en las alturas...

Hasta el Guadalquivir llegan las puras

Auras de sierra convertida en flor.

 

Y en la soledad de siglos abrumada,

Córdoba duerme y sueña, esperanzada,

Con la vuelta de algún conquistador.

 
 

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