|
Desde mi infancia la figura de Edgar Allan
Poe me arrastró a ese mundo extraño de sus obras. La tragedia que emana
de sus poemas y cuentos, buscando siempre la esperanza en el dolor de los
humanos, acentuada por la
soledad y forma de vida, están
siempre en sus contextos.
Comentó él en muchas ocasiones “los sueños
me han afectado como realidades y solo como realidades”, de ahí su trágica
vida de sueños y realidad, quizá su propia vida pudo ser un cuento de
los que él hubiera escrito y, él, el personaje que lo interpreta.
Llegó al mundo en Boston el 19 de Enero de 1.809, de origen
irlandés, hijo de una joven pareja de actores tuberculosos, quienes lo
dejarían huérfano a los dos años junto a su hermanos William Henry y
Rosalie.
Al morir su madre su padre le dio algunos recuerdos entre
ellos un pequeño retrato de su madre muerta, - nunca se desprendió de él
– esto unido a su oscuro origen le hizo tener ese carácter, taciturno e
inquieto
Lo
recogió un matrimonio sin hijos formado por el comerciante escocés John
Allan y su esposa Frances, parecía que esta vez la esquiva fortuna
comenzaba a sonreírle, pero Edgar nunca se sintió amado por su
padrastro, quién, a pesar de enviarlo a los mejores colegios jamás lo
adoptó legalmente ni le permitió olvidar el hecho de que dependía de su
generosidad. Como contraste a esto se gano el cariño incondicional de
Frances. Viajó a Europa con sus padres dónde permaneció por cinco años
estudiando en distintos internados entre ellos en la escuela de Stoke
Newington, dirigida por el doctor
Bransby a quién dedicó su cuento "Guillermo Wilson, dónde
compara esta etapa nuevamente como un sueño.
En su regreso a América ingresó en la
Academia de Richmond dónde a través de su compañero, conoció a la
mujer de sus sueños, y no era nada más que la madre de este, Helena
Stannard, y es la muerte de Helena, la que llevó a Poe a una enajenación
mental de su primer amor, noche tras noche visitó su tumba y de ahí
arrancó el misterio de encontrar en el silencio de la vida y la muerte,
el dolor que sintió le hizo componer versos llenos de misterio.
Ya en la universidad de Virginia, conoce a
dos amigos inseparables a lo largo de su vida, - alcohol y juego – pues
en los claustros reinaba un clima de libertinaje y anarquía , “Los
estudiantes”, - cuenta
Cortazar – Hijos de familias con dinero, jugaban por dinero y se batían
a duelo, seguros de que sus padres pagarían sus deudas”.
Grandes deudas se sumaban en su vida de
estudiante, su padre cansado de cubrirlo una y otra vez ante los
acreedores le pone un hasta aquí, que obliga al joven Poe a
abandonar la Universidad. Sin dinero ni respaldo de su padrastro se
enrola en el ejército y utilizando todavía sus influencias, logra un
lugar en la academia de West Point, pero a los cuatro meses le escribe
diciendo que: “la obligación de estudiar es incesante y la disciplina
extremadamente rígida”. Allan termina pos hastiarse influido tal vez
por la opinión de su segunda esposa, quien nunca quiso saber nada de “
ese hijo de actores”.
Desesperado Poe se hace expulsar de West
Point, decidido a ganarse la vida escribiendo, de esa época, a los 18 años,
escribió “Tamerlán” le sigue, “Composiciones fugitivas”, y
“Visita de los muertos” y cierra con “El Lago”, obras llenas de
angustia, y dónde parece estar embrujado por Lord Byron, y por todo el
amor que profesaba por todo lo “helénico, quizá Grecia lo hubiera
hecho suyo cuando escribió “Al Aaraaf” con bastantes referencias a
Grecia.
La miseria le acompañó y las letras no eran
un medio para ganarse la vida, más aún cuando se padrastro muere sin
siquiera mencionarlo en su testamento, ni contestar la carta que contenía
un ruego desesperado: ”En nombre de Dios, ten piedad de mí y sálvame
de la destrucción”.
Continuó
su pasión y publicó “Poemas”, fruto de largas vigilias, y no fue
aceptado del todo por el público, decidió hacer incursiones en la prosa
y obtuvo premios pero la desesperación y el hambre y sobre todo su
apariencia personal le impidieron acercarse a las elites de los que
triunfaban, una de sus amigas dijo: “tiene una expresión interrogativa
propia de los niños, con un matiz de ansiedad, de pavor y tristeza en sus
grandes ojos claros”.
Su familia lo aceptó en su casa y conoció a
la otra mujer de su vida, una jovencísima
prima, Virginia, la cual pronto entraría en sus sueños pero el sino de
Poe iba marcado por la desgracia y la tuberculosis de nuevo se hizo
presente, una terrible agonía en Virginia, trance que Poe sufrió con
ella hasta que la tierra de Fordham recogió el cuerpo de la dulce
Virginia...
Tiempo fecundo para la creación de Poe fue este de su matrimonio,
poema tras poema, cuento tras cuento: “Cuentos de lo grotesco y
arabesco”, “El escarabajo de oro”, “Cuentos” y sobre todos “El
cuervo”, y en concreto su estribillo de “Nunca más”,
rara mezcla de lo tétrico con la belleza.
También dejó “La filosofía de la composición” y “El
principio poético”, que es un estudio profundo y sublime en su instinto
inmortal del hombre.
La muerte empezó a llamarlo, sin fortuna, sin amor, en la más
grande de las soledades y prisionero del invisible espíritu del alcohol aún
cuando a su vida llegó Annie Richmond, el último de sus grandes amores y
a quién dijo en una de sus cartas las terribles palabras: “Oh mi
pura... Annie, es imposible que vengas sólo para una corta semana... Adiós,
ahora y siempre...
El 27 de Septiembre de 1.849 Poe partió en
un barco con destino a Baltimore desde entonces no se vuelve a saber de él,
hasta que se lo encuentran, sucio y enfermo tendido
en un callejón, muriendo cuatro días después el 7 de Octubre de
1.849 – por el “delirium tremens” –
en un terrible desenlace de agitaciones, y una conciencia ofuscada
donde los temblores acudieron a sus miembros, y la sudación apareció en
medio de una ansiedad profunda en las terribles persecuciones de seres,
insectos y reptiles extraños, imaginados ante la supresión brusca del tóxico; todos estos síntomas, dignos
representantes de un cuento de él, el más real; impresionar hasta el
delirio, la belleza encontrada en el terror y desvaríos desequilibrados
mezclados en un exquisito estilo y una narración perfecta con un ritmo
que martillea obsesivo en sus
alucinadas fantasías como en su
“Corazón
revelador”, un final
misterioso para un “inventor de pesadillas” como lo llamó Borges en
el soneto que le dedicó y que concluye así:
...”Quizá,
del otro lado de la muerte, /siga erigiendo solitario y fuerte/ espléndidas
y atroces maravillas...”
Todavía en el viejo cementerio de
Westminster, y en su aniversario suelen depositar tres rosas y media
botella de coñac...
P.D.
Una vez cerrado el articulo es de obligado cumplimiento agradecer al gran
escritor americano su referencia a nuestra tierra, concretamente a
nuestros caldos, en esa pequeña joya maestra que es “ El barril de
amontillado” ¡Hermosa forma de morir y pervivir!. ¡In
pace requiescat¡.
|