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DOMINGO DE CAMISAS
BLANCAS EN LA HABANA |
(La Habana, Domingo de Septiembre de 1.996)
Hay demasiada humedad en mi cuerpo seco.
Lo presiento cuando veo
un puñado de hombres sentados
en medio del fuego triste de la calma adversa.
Camino por bares,
por agrietadas calles de un barrio
por dónde van las mujeres más hermosas
que trocan sus cuerpos
por recuerdos de inmorales.
Barrio negro de sonrisa blanca y camisas de domingo.
Los domingos de la Habana
con los ómnibus cargados de silencio...
Una humilde piñata cuelga de una palmera,
anuncia los quince años, de una mulata niña.
Creo que no son los cigarros
los que irritan mi garganta,
ni es el humo lo que hace notar
mis ojos de húmedos silencios...
¿Quién tiene la respuesta?
Yo imaginaba tiendas de lujo adornadas
por sonidos de maracas y de claves
y solo las sentía en mi interior agitado.
¿Pero hoy es fiesta en La Habana?
Un chubasco muerto camina en la plaza
mojando las trenzas de las mujeres soñadas.
Y a mí el agua se me clava como cuchillo.
¡Creo que la línea de la suerte
no está en las manos cubanas!.
Canciones sobrecogedoras,
alguien mueve las palabras que envuelven
los sentimientos del ayer...
el purgatorio cotidiano.
Camisas blancas de domingo
algunas levemente floreadas
aguardan el largo verano triste
para que alguien cambie las palabras.
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