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| CARLOS
GARDEL |
Adivinaste el parpadeo, y volviendo,
el caminito, tomaste,
¡sin nostalgia!
La cumparsita bajó Corrientes.
Tu gomina brilló más
ante el viejo bandoneón
que sonaba
del pampero
que apoyaba
el pie sobre el escabel.
Desencordaste tus cuerdas
y sonó como el nirvana
hecho para rezar.
¡Sonó... EL TANGO!.
Tu dedos en la guitarra
lloraron.
Y Caminito volteó la sangre
entre retumbantes cacerolas
buscando incesante el tango... |
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