
El que esta sierra sube, hasta tu ermita,
con un sincero fervor, animado
por sus vivencias, de presente y pasado
que sabe que aclama y que le grita.
¡Oh Dios Padre! tu siervo te medita
se postra ante Tí bien entusiasmado
para pedir tu perdón confiado
y Tú se lo concedas sin cuita.
Ya en el umbral de la noble mansión
he dejado toda la amargura
que almacenaba en otra ocasión.
Al admirar tu cara y hermosura
he dicho la fervorosa oración
para que me bendigas con ternura.
Jacinto García