Gastronomía Zamorana

Debido a que Zamora ha sido y es una tierra en esencia agrícola y ganadera, su gastronomía se basa en productos autóctonos de gran calidad, aunque no muy diversos y a los que casi todos tenían acceso.

Un ejemplo de productos foráneos podrían ser el bacalao y el pulpo, que debido a la proximidad de Galicia eran, y son, muy consumidos en Zamora. Famoso es el Bacalao "al ajo arriero" y el pulpo a la sanabresa.

En la vecina comarca de Aliste podremos encontrar una de las mejores carnes que se pueden degustar: la de la ternera de Aliste, que  podremos degustar en el pueblo de San Vitero.

Si nos circunscribimos al ámbito del pueblo, la dieta se basaba en dos pilares: los huertos y la matanza. En los primeros se cultivaban productos que durasen largo tiempo antes de estropearse, como patatas, garbanzos, habas y judías. También la berza era apreciada, sola o con patatas, a las que solía acompañar un trozo de tocino y/o de chorizo.

Los productos de la matanza del cerdo eran otro de los fundamentos de la alimentación en los pueblos. De este animal se aprovechaba casi todo; no en vano dice el refrán que "del cerdo hasta los andares".

De él se sacaban morcillas, chorizos y la tripa en la que se embutían, jamones, lomo para ser adobado, panceta, tocino, manteca, asaduras, etc.

A continuación describiremos la elaboración de un desayuno o postre: los torrejones.

Los torrejones son un subproducto de la extracción de la manteca del cerdo. La manteca se encuentra en la zona de la panza del cerdo, una vez extraída se cortaba en pequeños trozos y se echaba a un caldero donde se calentaba hasta licuarla, quedaba entonces separada de su parte sólida. La manteca líquida se vertía entonces en un recipiente donde se solidificaba, adquiriendo la consistencia de la mantequilla y un color blanco lechoso.

En el caldero quedaba entonces un poco de manteca y la parte sólida de la misma, que había sido cortada al principio. Estos residuos sólidos se denominaban chicharrones.

Sin dejar que el caldero se enfriara, se echaba dentro la miga de un pan y se mezclaba todo hasta que el pan absorbía la manteca y quedaba algo tostado, entonces se añadía azúcar y quedaban listos los torrejones.