LA MOSCA
Estaba muy cansado .Llevaba horas conduciendo desde Bilbao hasta su casa en las afueras de Madrid, tras un agotador fin de semana de diversión salvaje con unos amigos de su época de universitario, que hacía meses que no visitaba.
Celebraron el reencuentro recorriendo la zona de bares de Bilbao hasta altas horas de la madrugada haciendo acopio de los puntos de moda del lugar.
Ahora solamente pensaba en dormir.
Era consciente del peligro que corría en semejante estado de fatiga a los mandos de su vehículo y viajaba con las máximas precauciones.
¡Al fin su casa!
Después de aparcar el coche, subió a su habitación, tras desnudarse no se sintió con fuerzas de ponerse el pijama y se metió entre las sábanas con unos calzoncillos como único atuendo.
Apagó la luz dispuesto a disfrutar de las horas de sueño que le debía a su cuerpo. Segundos antes de abandonarse al letargo, miró su reloj, eran las 2:15 de la noche.
Algo le molestaba en la cara .Un cosquilleo insistente que pasaba de la nariz a la boca, de la boca a la oreja y de la oreja se paseaba por el interior de sus labios.¡ UNA MOSCAAAAAAAA¡. Se levantó sobresaltado y fue al retrete donde inclinó su cabeza para escupir. Le repugnaban las moscas. No podía soportar su presencia, siempre revoloteando a su alrededor, posándose aquí y allá, soltando su terrible lastre de bacterias allí donde descansaban y sirviendo de vía de propagación al asqueroso polen de los basureros y excrementos de su hábitat habitual.
Las odiaba y una de ellas le impedía dormir con su incordio.
Recordó su importante cita de negocios a las 8:30 de la mañana y se exasperó aun más. Eran las 2:30 - dormiría seis horas si el maldito insecto se lo permitía. Cogió un zapato, lo levantó ante su enemigo que ajeno al peligro que le acechaba permanecía inmóvil en la cama. Lo fue bajando lentamente para asegurar el golpe mortal, pero cuando faltaban décimas de segundo para asestarlo, la mosca levantó el vuelo, adelantándose a las intenciones de Aníbal. Tras un corto vuelo, se posó en el marco de la ventana. Ahora sería más prudente para no alertar al hexápodo de su presencia.
Aníbal soltó el mazazo sobre el frágil animal que por segunda vez logró escapar. ¡ GRRRRRRR ! Una gota de sudor caía por la frente del cazador, sus párpados dejaban ver menos los ojos y la ira iba enrojeciendo sus mejillas. Siguió con la vista el vuelo del insecto, hasta que lo perdió. Golpeó todos los rincones. Quizás hubiera abandonado la habitación y por fin podría dormir tranquilo. Pero no. Notaba su presencia como el cazador nota la cercanía de su presa. El malvado "alien" esperaba a que se relajase para lanzar de nuevo su ataque.
Allí, allí, descansando en un lateral de la cama. Esta vez extremó el cuidado, pero volvió a fallar.
Aquello se convertía en algo desesperante!, ya eran las 2:50. Volvió a intentarlo, cuando estaba posada sobre su mesilla de noche, pero falló! aquella miserable mosca pensaba! ¡era inteligente!
Estaba claro, conocía las leyes de la Física. Pensó en abrir la ventana y dejarla escapar, pero aquello hubiera sido tanto como admitir su incapacidad, su inferioridad estratégica ante el ser vivo que más odiaba. Volvió a intentarlo y falló, y volvió de nuevo y falló, lo intentó otra vez y falló.
!Condenada mosca, acabaré contigo aunque no duerma en toda la noche y mañana no pueda asistir a mi cita !.
- Está bien- pensó. Fue a por un matamoscas de mano, y regresó con la decisión de acabar con aquello de una vez por todas. Pero volvió a fallar por dos veces. Las venas de su cuello se hincharon y los ojos echaban lágrimas de puro odio. En esto se puso a dar golpes al aire por donde intuía el vuelo de la mosca, hasta que en uno de esos golpes se desequilibró y cayó sobre la estantería de la pared, arrastrándola consigo y esparciendo los libros por todo el suelo. La desesperación podía con él, y decidió dejarla escapar, admitiendo así su derrota y su vergüenza. Mientras abría la ventana, el hexápodo se abalanzó sobre su cabeza con más furia que nunca, como queriendo regocijarse de su victoria, en un movimiento casi instintivo de Anibal, golpeó a su adversario con el matamoscas y
este cayó sobre la cama. Al ver aquella oportunidad, se giró velozmente, gritando:
-!HIJA DE PUTAAAA!- a la vez que descargaba su furia sobre el indefenso insecto, que quedó aplastado dejando una mancha de sangre sobre la colcha.
Al fin pudo dormir satisfecho. Era el reconocimiento de la superioridad del ser humano sobre las criaturas de inteligencia inferior, la victoria del rey de la creación, la mente puesta al servicio del arte.
Se sentía orgulloso, ¡ HABÍA VENCIDO!.
A la mañana siguiente, no llegó a tiempo a su cita de negocios.![]()
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