EL CALVARIO

Cuando al Calvario con Cristo llegaron
era la hora llegada de sexta,
luego la gente cruel deshonesta
las vestiduras allí le quitaron.
Alrededor del pelo muy fuerte tiraron
tal que las carnes de Cristo, sagradas,
salieron con las vestiduras pegadas
las cuáles recientes allí se mostraron.
Quedaba su cuerpo real degollado;
por todas partes la sangre corría,
y no se hartaba la gran perrería
de Variza y Koruza y Cobañado.
Venía el camino muy triste poblado
con el sentido del pueblo contrario,
incluso todo el lugar del Calvario,
laderas y cuestas y más de un collado.
Era el Calvario muy triste lugar,
donde degollaban a los malhechores
y crucificaban a los pecadores,
que merecían tal muerte pasar.
Y, según decían, querían degollar
el Santo Abraham a su hijo querido,
cuyo lugar del cordero escogido
quiso por Dios inmolar y quemar.
Un número grande de caballeros
con los peones allí se acercaron,
y antes de un poco, de allí se apartaron
los enemigos, mostrando su fuero.
Tomaron a Cristo llagado y en cueros
sobre la cruz en el suelo tendida
espaldas pusieron al Rey de la vida
manos enfrente de los agujeros.
Clava los clavos en la cruz de un sayón
por la santísima mano sagrada,
sonaba los golpes y las martilladas,
cosa muy signa de lamentación.
Vida mortal es la triste pasión,
hirieron al hijo de Dios verdadero
de la bendita que aquella se oía
clavos su hijo en la mano tenía.
Ella por medio de su corazón
fue de tal forma cruel enclavada:
fue la derecha primero clavada,
fue la siniestra con sogas tirada
tanto, que todo quedó desmembrado.
Venía el artífice muy mal señalado,
los agujeros que estaban distantes,
hasta el tercero muy mal desviado.
Quedaban los miembros de Cristo Sagrado
descoyuntados de una manera,
como de trato de cuerda sufriera,
los brazos en alto, los pies pegados.
Los huesos quedaron allí arrebatados,
fueron contados con alto secreto;
cúmplase toda la voz del profeta:
contaron sus huesos y descoyuntaron.
Estaba la Madre del Omnipotente
fuera mirando con mucho cuidado
cuando le habían de haber levantado
por encima los hombros de toda la gente
-Aparta- dijeron muy súbitamente
-Fuera- decía la caballería;
sonaban las armas y la vocería,
y el son de la trompa muy más eminente.
Levantan al Hijo del Dios verdadero
cuyos verdugos usando sus artes,
por entre las lanzas y los estandartes
crucificando en la cruz de madera.
Con la madre libido en frontera
suspenso en el árbol de la vera cruz,
cada vez perdiendo de vista la luz
como quien muere en el punto postrero.
Ninguno ya crea que Nuestra Señora
hizo los llantos que son reprobados
quedando sus huesos cruz devorados
como rabiosa mujer pecadora.
La providencia de Dios a la hora
que puso armas a la fortaleza,
contra la brava pasión y grandeza
de los dolores quedó vencedora.
Salía la Madre de Dios verdadera,
según su hijo lo había revelado,
que convenía a los profetizados
con las profecías que ya se cumplieron;
así quedaremos por una manera
los llantos son estos a muertos y a vivos
según la doctrina de contemplativos.
Abra la madre los ojos dolientes
y miran el suelo que estaba caído
el serenísimo Rey de la vida
como le puede por darle a la gente.
Los brazos abiertos, las llagas recientes,
manaba la sangre de aquellas heridas
como las aguas que son detenidas
cuando las abren los caños potentes.
Decía la madre con mucha paciencia:
-¡Oh, dulce nombre de mi corazón¡
¿cómo padeces tan cruda pasión
siendo tu cuerpo de grande inocencia?
¡Oh¡ muy eterna divina potencia,
tú hijo eterno las cosas ordenas,
y como padeces tú, Hijo, las penas
siendo de otro la triste dolencia.
Estaba en la cruz el Señor dolorido,
el cuerpo suspenso, clavadas las manos,
clavadas las piernas, los miembros no sanos,
todo su rostro mortal denegrido,
los ojos hundidos, el brillo perdido
negros los labios, la lengua hinchada,
llena la boca de sangre cuajada,
ronca la voz y turbado el sentido.
Por los grandes dolores que Cristo ha sufrido
era imposible tenerlos en cuenta
porque doblaba su grande tormento
lo que la Madre presente decía
lágrimas y espantos y mil trasudores
al Padre rogaba por los malhechores
puesto en aquella mortal agonía.
Crucificaban a dos robadores
de bienes ajenos: ladrones probados
a los costados de Cristo sagrado
puesto en el medio de los malhechores
vida mortal es la triste pasión
hicieron al Hijo de Dios consagrado
fue de los suyos allí reputado
con los inicuos y muy pecadores.
Encima la cruz una tabla pusieron
escritas con latinas y griegas
y con hebraicas más claras que ciegas,
de forma que todos allí las leyeron
lo que las letras diversas dijeron
nuestro común castellano tomado
Jesús Nazareno les fue titulado.
Los sacerdotes sin rienda dijeron:
comienzan a Poncio a contradecir
y dice no dejes lo tal de escribir.
Pilatos responde con mucho sereno
- Rey de Judea sea titulado,
pues por sus milagros sea dado en veces
ser juzgado de todos los vicios -.
AMEN JESÚS

VOLVER