Nací y crecí en un precioso valle, en lo alto de un prado verde y lleno de vida, donde los primeros años de mi infancia y mi juventud fueron una delicia.
BIOGRAFIA
Entre mis ramas tuvieron cobijo muchos de mis mejores amigos, ardillas, insectos y muchos paprillos entre los cuales recuerdo con gran cariño una pareja de cárabos que encontraron bajo mi sombra su amor.
Un buen día, cuando yo aun era joven, vinieron a vivir a una vieja casa de piedra una pareja de humanos.
Al principio, estaba un poco asustado pero en muy poco tiempo nos hicimos grandes amigos.
Cuando llegaba la primavera nos reuníamos cada tarde a ver ponerse el sol al otro lado del valle.
Yo me sentía muy bien cuando mi amigo el viento y mis ramas tocábamos dulces melodías para ellos, que a cambio nos leían bonitas historias. Éramos muy felices. Tuvieron muchos bebés a los que vi crecer y cuidé también con cariño. Cada día después de comer, me encargaba de sujetar una hamaca de cuerdas para que su mamá pudiera acurrucarles y dormirles con bellas nanas. Así pasaron los años y cuidando los unos de los otros llegamos a ser compañeros inseparables. Yo era uno mas en la familia, y pasé a su lado una vida maravillosa.
Un buen día, cuando ya andaban solos y en su vejez, ella, la mamá que me cantaba nanas, enfermó y yo empecé a marchitarme de tristeza.
Los días pasaban y el invierno era cada vez mas duro. Los alimentos empezaban a escasear y el frío calaba su huesos cada noche, y un buen día también él enfermó. Yo cada vez estaba mas triste por no poder ayudarles. No podía dejarles solos. Decidí dejarme morir y mis ramas fueron cayendo poco a poco y así, con ellas, pudieran calentarse y vivir sus últimos días felices.
Todo lo que no se da se pierde. Nunca les olvidaré.
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