Manu Bisbal Bustamante (no sé por qué no se me ocurre otro nombre para el protagonista) estaba obsesionado con una sola idea desde que en 1998 leyó en “El País” una encuesta del Instituto Nacional de Estadística sobre el mundo de los famosos en España. A la pregunta de ¿conoce usted a Ana Obregón?, 38.905.455 españoles sobre un total de 38.905.456 respondieron afirmativamente. Manu, representante de artistas y gran hombre de negocios, intuyó la operación de su vida. Encontraría al exótico ciudadano que no conocía a Ana Obregón y lo explotaría comercialmente.ANA OBREGON Y ESPAÑA
Entonces vendrían las entrevistas en los programas rosas, los montajes fotográficos, las novias pechugonas, las “exclusivas”, Javier Sardá montando un número de circo en su programa…
- ¿Atención señoras y señores, tenemos esta noche con nosotros en Crónicas Marcianas al único español que no sabe quien es Ana Obregón?. Adelante “señor X”.
Imaginaba a su representado entrando en el plató triunfante entre aplausos y vítores. Sentándose entre los tertulianos mientras Sardá alzaba los brazos al cielo como dando las gracias al Señor por tener con él a semejante individuo, al hombre de moda.
- “Señor X”, ¿es cierto que usted no conoce a Ana Obregón?.
En el plató se hace un gran silencio y los miembros del corrillo dirigen sus miradas al desconcertado personaje. Éste, tímidamente inclina la cabeza a la vez que mira al maestro de ceremonias y, asustado por ser el centro de atención sin comprender del todo por qué, susurra:
- Si…es cierto.
El público estalla en un “¡Oh!” cerrado y aplaude enardecido por los regidores del programa.
-¡Un éxito completo! - piensa Manu.
Desde entonces habían pasado cuatro años de lucha buscando a su “señor X” sin tener en cuenta la opinión de amigos incrédulos que le aconsejaban que desistiese y no dedicase mas esfuerzos a esa causa perdida, las burlas de sus enemigos y el parecer de su madre que le repetía:
- Pero hijo mío, como va ha haber alguien en España que no sepa quien es Ana Obregón.
Pero su fe en el Instituto Nacional de Estadística era inquebrantable.
Su búsqueda se había convertido en algo parecido a la del Lago Ness, todo el mundo ha visto al monstruo pero nadie sabe donde está.
Tan pronto como fue pública su investigación, empezó a recibir cartas y mensajes de correo electrónico de gente que decía conocer al extraño espécimen. Incluso ofreció una recompensa de miles de Euros (miles de pesetas para los poco familiarizados con la nueva moneda) a quien facilitara datos para su identificación. Incluso una señora le llegó a jurar por su difunto marido que su vecino del 1º D no sabía quien era Ana Obregón.
El señor Remigio, que así se llamaba el vecino, podría haber sido perfectamente el misterioso “señor X”. Era un anciano que vivía solo y que no salía a la calle desde hacía 15 años. No tenía televisión ni amigos, estaba medio sordo y las cataratas de sus ojos no le dejaban ver bultos más pequeños que una persona. Era el candidato perfecto. Pero tan pronto como le enseñó una fotografía de Ana Obregón se inclinó hacia delante y se le iluminó la cara con una picara sonrisa de un solo diente que parecía que se iba a clavar en el muslo de la imagen que tenía ante sí, diciendo con voz áspera:
- Pero si es la moza de las revistas, la que sale en bañador todos los veranos. ¡Menudas tetas!.
Un buen tipo el vejete. Por cierto, murió a los pocos días en un misterioso accidente. Su silla de ruedas cayó por la escalera del edificio.
Como siempre ocurre con estas cosas, y de ahí el refrán “Dios aprieta pero no ahoga”, cuando todo parece perdido, cuando la moral está más baja que nunca, cuando el caminante desfallece agotado por el esfuerzo, una luz ilumina el camino (por seguir en plan erudito) y, como tantas veces en la vida, los problemas se resuelven por si solos.
Una mañana de 2002 (da igual el día) recibió una llamada del Instituto Nacional de Estadística. Por fin habían contestado a su solicitud de que le revelasen el nombre del encuestador que había hecho la entrevista al “señor X”.
El encuestador se llamaba Naim (¿casualidad?) y recordaba perfectamente la dirección de la persona que le había contestado negativamente a la pregunta por lo excepcional del caso, pero como los datos personales son confidenciales para el Instituto Nacional de Estadística y el sujeto era “muy profesional”, sólo consiguió sacarle el número de teléfono. (Valga la contradicción).
Manu, nervioso, marcó los nueve dígitos que le había facilitado Naim.
- Ring, Ring, …- impaciente se concentraba en el sonido del teléfono.
- Ring, Ring…- parecía que no contestaban.
- Ring …Clac - por fin descuelgan el teléfono, pensó.
- Hola. Estas llamando al 914567XXX, el teléfono de Ana Obregón, en este momento no estoy en casa…
Naim comprendió y colgó el teléfono más resignado que decepcionado.
- Mi madre tenía razón. ¡¡¡TODO EL MUNDO SABE QUIEN ES ANA OBREGÓN!!!Moraleja: Todo el mundo sabe quien es Ana Obregón.
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