1Levante |
La Ribera Alta |
Sábado,
17 de junio de 1995
Sábado,
17 de junio de 1995
Viernes,
14 de febrero de 1989 |
Un alcacerense
atravesó el desierto africano montado en una "bici" |
Con
bicicleta también se llega a Dakar |
Mucha gente catalogó las imágenes
del París-Dakar como "droga dura para la fantasía". Ricardo Hernández, un
joven de Alcàsser, fue una de sus víctimas...
¿Por qué el Árgel-Dakar en
bicicleta?
Sinceramente, no tenía otra cosa
mejor con qué poderlo hacer, y además, después de algunos años haciendo cicloturismo
por Europa, Marruecos y Egipto, me atraía mucho el poder llegar un poco más
lejos.
¿Por dónde pasaste, y cuantos
kilómetros hiciste?
Atravesé Argelia, Níger,
Burkina Faso, Malí y el Senegal. En total fueron 7.300 kilómetros, de los
cuales unos 480 los hice a pie y el resto sobre la bicicleta; en menos de
tres meses y medio de viaje.
¿Te patrocinó alguien?
Una amiga me regaló los medicamentos
para afrontar con un mínimo de seguridad los imprevistos con los que me pudiera
ir encontrando, y todo lo demás me lo pagué con mis ahorros.
¿Qué tiene África que muchos
de los que la han visitado han quedado como "enganchados" a ella?
África es como una mujer,
cuanto más te adentras en ella, más ropa te va quitando, y al final, cuando
te quedas desnudo, terminas amándola.
¿Por qué solo?
Porque entre otras muchas
razones "me gusta mi compañía".
Supongo que mucha gente te
diría que estabas loco, que no podrías hacerlo y que terminarías subiéndote
a cualquier camión, ¿llegaron a influirte de alguna manera?
Sí, me animaron a demostrarles
que no me conocían del todo bien.
¿Cuál fue tu mejor descubrimiento
a lo largo del viaje?
El comprobar que es posible
vivir intensamente cada uno de los sesenta segundos de cada minuto.
¿Y lo que más te gustó?
La capacidad que tiene África
para sorprender. Por increíble que parezca, ninguno de los 103 días que pasé
allí resultó vulgar.
¿Y los animalitos? ¿Qué?
Eran agradables. Me crucé
con dos leones, aunque ellos demostraron tener más miedo que yo. Algunos perros
me persiguieron queriéndome morder. Las moscas llegaban a meterse hasta por
los agujeros de la nariz. Las ratitas prácticamente dormían junto a mí y hasta
una noche tuve la visita de unas hienas que me dedicaron una serenata de aullidos.
Alguna que otra vez me distraje persiguiendo camellos, monos... los pájaros
resultaron los más simpáticos, y como anécdota decir que allí los buitres
rondaban a sus anchas por los poblados, como aquí lo hacen las palomas.
¿Llegaste a arrepentirte
en algún momento?
Arrepentirme no, aunque a
lo largo del primer mes llegué a tener mis dudas sobre cómo había planteado
la excursión.
¿Qué fue lo que más te iba
minando la moral?
Pues aunque parezca algo
extraño, la necesidad de reírme que de siempre he tenido, y que allí, y dicho
en palabras de moda, "no llegaba a cubrir los servicios mínimos"
¿Hubo alguna ocasión en que
tu vida corrió peligro?
Bastantes veces. En algunas
me salvé por los pelos y en otras por metros. De todas formas, pienso que
el peligro da sabor a la vida.
¿Qué fue lo primero que hiciste
al llegar a Dakar?
Pues fui directamente a una
agencia de viajes para conseguir un billete de avión, ya que al día siguiente
tenía que reincorporarme al trabajo. Es decir, llegué a Dakar el último día
disponible.
¿Estas escribiendo un libro
sobre el viaje? ¿Verdad?
Sí, fue algo que me propuse
hacer, en caso de que, después de terminar el viaje, éste me hubiera dado
bastante material como para que resultase muy interesante. Y en verdad superó
todas mis expectativas.
¿Cómo se portó la gente contigo?
Increíblemente bien, aunque
hubo de todo.
¿Piensas regresar?
Desde luego, sería de mala
educación no hacerlo.