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A
las ocho, otra vez
a
Pilatos volvísteis,
y
propuesto a Barrabás
Jesús
entonces os vísteis.
A
las nueve, seis verdugos
os
azotan inhumanos
y
para ello a una columna
os
atan de pies y manos.
A
las diez, duras espinas
coronan
vuestra cabeza,
espinas
que con vuestras sienes
clavan
con toda la fuerza.
Cuando
a las once os cargan
una
cruz de enorme peso,
entonces
veo, mi Dios
cuanto
pesan mis excesos.
A
las doce, entre ladrones
Jesús
os veo clavado
y
se alienta mi esperanza
viendo
a uno perdonado.
Es
la una y encomiendas
a
Juan tu querida Madre
y
luego pides perdón
por
nosotros a tu Padre.
A
las dos, otra vez hablas
sediento
como Israel
y
al punto te mortifican
con el vinagre y la hiel. |
A
las tres, gritas y dices:
ya
está todo concluído,
mueres
y llora tu muerte
todo
el mundo entristecido.
A
las cuatro, una lanzada
penetra
en vuestro costado
donde
corre sangre y agua
para
lavar mi pecado.
A
las cinco, de la cruz
os
bajan hombres piadosos
y
en brazos de vuestra Madre
os
adoran fervorosos.
A
las seis, con gran piedad
presente
también María
entierran
vuestro cadáver
y
ella queda en agonía.
Vos
soís hijo, tierra Madre
yo
sin Padre, Madre amada,
en
vos mi esperanza fundo
pues
quedaís por mí abogada.
El
reloj ha concluído
sólo
resta, pecador
que
despiertes a sus golpes
y adores al redentor. |