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Mis Calcenadas (2)
Por José María Tejero Ubau |
Visitando las Paginas
Web de El Eco del Isuela en su nº 14 Pág. 6,7 y 8. He encontrado
un relato relacionado con los Molineros y anécdotas de Calcena, y
me llama la atención que el Sr. Doroteo, no recuerde los molineros
que había en aquellos años.
He de decir que durante las décadas 30/40/50 estuvieron
funcionando tres molinos de harinas, en Calcena y en ellos se
criaron los 6 hijos de mis abuelos Faustino y Gloria.
Mi abuelo Faustino
(Morrete) molía primeramente en el “molino de en medio”, después
en el de “abajo”, y finalmente en el del “pueblo”.
Al cambiarse mi abuelo la 1ª vez de molino, mi tío
Francisco Ubau que se había casado, se puso de molinero en el
“molino de en medio”, que además de moler cereales durante el día,
al anochecer hasta las nueve de la noche producía todos los días
la energía eléctrica para el alumbrado de Calcena y Talamantes,
en días alternos, y cuando no había alumbrado eléctrico en las
casas se utilizaban candiles de aceite y lámparas de carburo con
gas.
Más tarde, cuando sus
hijos marcharon al servicio militar y eligieron otra forma de
vida, mi abuelo cambio otra vez de molino, esta vez más cerca del
pueblo en el “molino de la Sra. Celsa” que estaba más abajo del
horno de la tahona.
Recuerdo que venían al molino, vecinos de Talamates y Oseja con
caballerías a moler el trigo y también los Delegados a revisar los
libros de las talegas que se molían y era difícil encontrar
anomalías porque los únicos que venían en coche eran ellos y se
divisaban con facilidad desde el monte y cuando llegaban todo era
de consumo legal.
La tahona era un horno
que no tenía nada que ver con el molino que era de otra propiedad.
Yo conocía todas las
huertas y parajes desde San Roque, al Batan, incluido el pozo del
Sr. Herminio donde tantas veces se bañaban los mozos del pueblo, y
lo mismo en Pozos Altos en el Batan, con su puente romano.
El trabajo del molinero
consistía en saber moler los cereales. Para ello había que tener
mucha práctica de oficio y tacto, para saber tocar la harina a la
salida de las piedras, tanteando su temperatura y fineza, también
la calidad de los trigos era importante y cuando estas cualidades
no eran buenas, el molinero se veía obligado revisar el estado de
la superficie de las piedras.
Para ello había que
desmontar la tolva del molino y con un útil que el molino llevaba
adosado se procedía a elevar la piedra móvil, (volandera) la cual
iba provista de dos agujeros en el diámetro exterior en los cuales
se introducían unos ejes que servían para elevarla y a la vez
girarla verticalmente para ver el estado de las estrías, en las
dos piedras. |