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II CALCENADA
Este año éramos más,
ya nos lo empezamos a creer, llegamos a ser 215 inscritos, otros
participaron poniendo
su coche disponible, sirviendo mesas, haciendo las inscripciones,
coordinando avituallamientos,
incluso hubo quién apoyó la “II Calcenada” aportando los 20
euros sin participar en la prueba.
Este
año cambiamos el trazado. Es mucho más bonito; vamos que no
tiene nada que ver con lo del año anterior y le damos la vuelta
al Moncayo: 104 Km., agosto, 45 grados, y entre 22 horas y 25 horas,
como quieras andando, en bici o a caballo.
Ya están llegando personas incluso de fuera,
pero que de muy allá: hubo un alemán, una francesa, un
marroquí, un venezolano… Muchos repetían que era su segunda
Calcenada. Algunos incluso cambiaron de modalidad y si el año
pasado la hicieron en bici, éste andando, o a la inversa.
No
eran las 22:00 horas del 1 de agosto del 2003, cuando nuestro
amigo Miguel Mena
después de unas palabras dió la salida
a la II Calcenada. Yo creo que si no hubiera tenido que
tiene que irse a Tenerife, la hace en bici. Incluso a su vuelta de
vacaciones nos dio algún consejo que pensamos poner en practica.
Primero salieron los jinetes. Trece en total, dos sobre un
carro, llevados de la mano de José Ángel, uno de los
organizadores, encargado de los caballos y propietario del
picadero de Santa Cruz de Moncayo. Todo un profesional que se
enfrentaba a los 104
Km.
Miguel
Mena nos dedicaba su libro, Maldita Calamidad, cuando se daba la
salida a los pateadores. Los últimos salían sobre las 22:30
horas.
Calcena-Purujosa,
casi no hacia falta la linterna. Caminábamos sobre
asfalto, la noche era algo calurosa, pero curiosamente corrían
unas corrientes de vez en cuando de un aire muy fresco, nada, ráfagas
intermitentes. Al ver Purujosa alguno decía, “pero si parece un
Belén, tenemos que venir de propio y con más tiempo
es precioso. Y eso…., ¡pero si es un semáforo!”. El
alcalde Santiago, muy
acertadamente debido a que es empinada,
estrecha y muy larga la entrada al pueblo, decidió
ponerlo. Hasta aquí llegaron de Calcena para animarnos.
Purujosa-Borobia,
un infierno. Dijeron que a dónde íbamos, que si habíamos quedado
con Dios. ¡Que pedazo de puerto! desniveles de más del 23%;
estamos en la sierra del Tablado. Por algo está allí el parque Eólico.
En el pabellón nos esperaban los voluntarios del café Tito,
Pedro Tormes, Ángel Tormes, Yolanda González, Conchita Navarro,
Noemí Miguel, con pastas, zumos. Hasta alguna bronca ya que se
perdieron al llegar al pueblo y como eran de Borobia y estaban sus
madres ¡menudo rapapolvo!. Estaba Blas Jiménez alcalde de
Borobia y una de las personas que trabajan el observatorio
astronómico de Borobia (no perdaís la |
oportunidad.
Es visitable previa petición de hora. El teléfono lo tenéis en
la Web de Calcena. 976 646 339)
Borobia-La
Cueva de Agreda, Salimos del pueblo y como atacaba el sueño
el personal perdía el norte y así nos fue. En el primer giro, en
la ermita de la Virgen el gusano que formaban las luces en la
oscuridad de la noche dejó de ser uno y empezaron a formarse
varios y en diferentes direcciones. El personal se perdía.
Comenzamos a dar silbidos y gritos, pero algunos hicieron algún
Km. de más. (Pablo Civera, si todo el mundo toma café porqué
tomas zumo, y frio, “canalla” . ¡Que cuerpo le quedó al
mozo!, realmente lo paso mal). Llegamos al abrevadero de la Cueva.
Comenzaba a amanecer y estaba refrescando. Algunos casi nos bañamos.
Parecíamos como levantados de un mal sueño. Se decía
que podíamos ir a la casa rural ”preciosa, visitarla”
y dormir. Otros tomamos unos huevos fritos; a mi me hicieron daño
pues soy ¡pero que muy tripero!. Buenos tragos de agua, fruta,
frutos secos, galletas y adelante.
La Cueva-Agramonte,
aun no salimos del pueblo y comenzamos a subir. Suena el móvil;
es José Luis Royo, otro que no duerme. Quiere confirmar los
puntos donde hemos dejado agua a enfriar. De día la cosa cambia y
más cuando ves delante de ti
una cuesta que sube y sube, ¡que pasada el alto del Águila!.
Miro a Antonio Trillo. El hombre, con un color no muy normal, mete
la mano en su mochila, saca un aerosol y se
mete dos chutes. Comemos unos plátanos, bebemos botellines
de agua y dice, ¡que continuamos!. Todo nuestro esfuerzo se
centra en querer saber si los que van por delante han llegado a
Agramonte y la cadena esta abierta, ya que si no es así los vehículos
deben de dar la vuelta y menudo follón. No establecemos contacto;
los móviles tan apenas tienen cobertura en los 104 Km., pero el
Forestal Pedro Vidal, cumpliendo con su palabra ha abierto la
cadena y la deja abierta, pudiendo pasar los vehículos. (Gracias
Pedro)
Aquí
alcanzamos a un grupo donde unos, aun diciéndoles que son 14 Km.
de cuesta abajo, abandonan. Hay un Venezolano, que no tenia, ni
pies, (eran una ampolla) ni calcetines, le invitamos a abandonar
pero nos convence de que le dejemos unos calcetines y que
continua. No llegó a Agramante.
Agramante-San
Martín del Moncayo, Por ahí la crítica a la organización
comenzaba a subir de tono. Algunos sabían que de allí a Litago
pasando por el Parque eran algo más de 4 Km. y no los casi 14 que
íbamos ha hacer. (Habíamos quedado de palabra con el Sr.
Director del Parque del Moncayo, Enrique Arrechea que no pisábamos
el Parque, y así lo hicimos. Está escrito que las pruebas
deportivas aunque no sean competitivas no pueden acceder al Parque
del Moncayo. Comentamos el trazado de la prueba con Enrique y nos
orientó en el trazado de alguna
etapa). En San Martín estaban Alejandro, José Antonio y
José Antonio, con un avituallamiento, pero ¡que coincidencia! 10
metros antes de llegar la puerta del bar San Martín ¿Dónde te |