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San
Cristóbal bendito, centinela eterno de mi querido pueblo.
En
la montaña más alta y hermosa de Calcena, para cuidarnos y
protegernos allí te pusieron.
Todos
los años con amor y devoción te venimos a rezar y los que no
podemos, desde donde estamos también te rezamos para que nos
des tu bendición y en la carretera nos des tu bendición.
Consuelo
Pérez “Tirulas”.
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PROPIEDADES DEL DINERO
Hace
mucho el dinero; mucho
se le ha de amar. Hace correr al torpe, hace al discreto
hombre de respetar, hace corre al cojo, al mudo hace hablar,
el que no tiene manos bien lo quiere tomar.
Aun
al hombre necio y rudo labrador, dineros le convierten en
hidalgo doctor.
Cuanto
más rico es uno, más grande es su valor. Quien no tiene
dineros, no es de sí señor.
Yo
vi. en corte de Roma, do está la Santidad, que todos al
dinero tratan con humildad, con grandes reverencias, con gran
solemnidad. Todos a él se humillan como a la Majestad.
El
dinero quebranta las prisiones dañosas, rompe cepos, grillos
y cadenas peligrosas. Al que no da dinero le ponen las
esposas.
¡Hace
por todo el mundo cosas maravillosas!
He
visto maravillas donde mucho se usaba. Al condenado a muerte
la vida otorgaba, a otros inocentes muy luego los mataba,
muchas almas perdía, muchas almas salvaba.
Hace
perder al pobre su cabaña y su viña, sus muebles y raíces.
Todo lo desaliña, por todo el mundo anda su sarna y su tiña.
Donde el dinero juega, allí el ojo guiña.
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El
hace caballeros de necios aldeanos, condes y ricos hombres de
unos cuantos villanos. Con el dinero andan los hombres muy
lozanos. Cuantos hay en el mundo le besan las manos.
Yo
he visto a muchos monjes en sus predicaciones denostar al
dinero y a las sus tentaciones, pero, al fin, por el dinero
otorgan los perdones, absuelven los ayunos y ofrecen
oraciones.
En
resumen lo digo, entiéndelo mejor, el dinero es del mundo el
gran agitador. Hace señor al siervo y siervo al señor. Toda
la cosa del siglo se hace por su amor.
Poesía
facilitada por Maribel
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Un día, Nieves le hizo un merecido
homenaje a mi prima, Dña. María Rico Lago. Hoy, quiero hacer
yo lo mismo con Dña. Isabel Lejarraga, mi primera maestra.
Cuando llegó en caballería, pues todavía no estaba
hecha la carretera, bajó en la ermita de la Virgen y se
arregló un poco, se puso zapatos, se santiguó y dijo:
“Dios mío, que sea por poco tiempo” ¡pues se echó la
bendición!, se casó con un mozo del pueblo y estuvo toda la
vida.
Fue una señora recta y ejemplar; enseñó a todas las
niñas de Calcena que entonces éramos muchas. Nunca faltó el
domingo a misa de once. “Con
sus niñas”, como ella decía, en las procesiones siempre íbamos
en orden, en dos filas, ella detrás; nunca faltó.
Por la mañana hacíamos matemáticas, geografía,
historia, religión… lo que tocaba. Por la tarde labor; un
paño de costura y al terminar éste ya sabíamos coser de
todo.
En invierno, cuando hacía mucho frío y nevaba, se
asomaba a la ventana de la escuela, veía a las pobres mujeres
en el río y decía “esto no puede ser. Voy a dar un
donativo para que les hagan un lavadero”. Donó 1000 pesetas
(ahora nos parece poco, entonces era mucho). Con eso y algo más
que pondría el Ayuntamiento se hizo el lavadero. Espero lo
conserven, en honor a ella.
Descanse en paz con el deber bien cumplido, mi querida
y siempre recordada maestra Dña. Isabel Lejarraga Peña.
Concha
Torrubia
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