|
LOS DÍAS MÁS FELICES
DE MI VIDA
Me
llamo Daniel. Nací en Calcena y vivía en la parte alta del
pueblo, en una casa que ahora están restaurando y que se
encuentra junto a la peña de “Los Guindillas”.
Cuando
apenas había cumplido cuatro años, murió mi padre. El mismo día,
mi tío José me tomó
en sus brazos y me llevó a casa de mi abuela Rosa, casa que ahora pertenece a Abilia. Allí pasé
varios meses pues mi madre había emigrado a Zaragoza hasta que,
con gran dolor de mi abuela, vino a buscarme.
Una
vez en Zaragoza vivimos precariamente. Yo iba a los Escolapios.
Todos los días acudía a comer a casa, con una sola habitación,
en la calle San Ildefonso. Mi madre hacía la comida con un
hornillo de carbón. Los “menús del día” se sucedían unos a
otros. Mi madre hacía un huevo frito, ella mojaba el pan un par e
veces y el resto me lo comía yo. La vida era diferente a la de
ahora y como nuestra economía no era muy buena, fui al colegio de
los Hermanos de la Caridad con mi primo Teodoro Blasco que también
era huérfano de padre. Luego mi madre encontró trabajo en la fábrica
de tejidos “Santiago Lorén”. Yo, por carecer de trabajo, me
presenté voluntario a la Marina de Guerra.
Los
veranos los pasaba en Calcena, en casa de mi abuela y tíos. Un
cinco de marzo conocí a Aurelia San Vicente que ha sido la mujer
de mi vida.
En
la Marina de Guerra pase dos años. Regresé a casa y a los pocos
meses estalló la guerra y me movilizaron.
Os
voy a contar una anécdota. Yo tenía un tío párroco de la
iglesia de Calcena que se llamaba Francisco por más señas. Un día,
mi perra había tenido perritos y a unos primos y a mí nos se nos
ocurrió otra cosa que coger a los perritos y presentarnos en la
sacristía para que los bautizara mi tío. Ya podeís imaginar su
reacción. Nos echó de allí con cajas destempladas, por no decir
otra cosa, y mientras yo cogía un perrito encima se me caía
otro.
Daniel
Tormes
Daniel Tormes falleció hace algunas semanas. Nuestro recuerdo y el
agradecimiento por haber colaborado con “El Eco del Isuela”
transmitiendo a los demás algunas de sus vivencias.
|
Retablo
de la ermita de San Cristóbal
NO
LO ENTIENDO
En
unos tiempos en que tanto se valora la naturaleza, los pueblos
tranquilos y las tradiciones no entiendo porque Calcena no tira más
hacia delante. ¿Será por las carreteras?, ¿será porque está a
desmano?, ¿porque no está en un lugar de moda?, ¿porque no hay
servicios públicos?, o quizás porque no hay playa. Porque sí,
Calcena está mejor que hace unos años. Hay casas nuevas, otras
muchas arregladas y no digamos cocheras. Pero sin embargo, en el
propio pueblo no surgen muchas actividades productivas que den
riqueza. Para ello, a veces es necesaria la imaginación y cierto
riesgo. Si hablamos del turismo (que parece que es una solución
para muchos pueblos), en la situación actual, si nos visita
alguien que no sea de Calcena puede que no pueda quedarse a
dormir, ni a comer, ni a tomar una cerveza y a lo mejor no puede
ver la Iglesia. No hay un sitio seguro donde se gaste alguna
“perra”. Incluso es posible que decida no volver y desanime a
sus amigos. Para eso, más vale no promocionarnos hasta que se den
las condiciones necesarias para que ello no ocurra. Y los que
somos (más o menos) de Calcena, pero no vivimos aquí, ¿qué
podemos hacer?. Pues pocas cosas: subir al pueblo en invierno y en
verano; mantener las casas, construir alguna nueva y evitar que la
que tenemos se hunda arrastrando a otras; realizar todo el gasto
posible en el pueblo; hablar bien de él; ayudar en lo que se nos
pida; y censarse en el pueblo. Lo demás ha de surgir en Calcena.
De
todas maneras, es una suerte tener un pueblo como el nuestro para
disfrutar de todos sus encantos, que son muchos.
F.
Ruiz
|