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NOSTALGIA DE
UNA CALCENARIA
Dedicado a mis padres: Santiago Hernando Petra Marco
************************************************************* HISTORIAS
DE TODOS LOS DÍAS Un
día en la vida de Calcena a través de los recuerdos de Vicente
Lapuente
Me doy la vuelta en la cama. Veo por San José que ya va aclarando el día.
Me levanto, miro por la ventana y la Tarihuela está totalmente
despejada de nubes. Creo que hoy hará calor. Lo primero que se me
ocurre es cambiar de planes y en lugar de ir a Valdeplata, marcharé a
la Cerrada a enramar judías.
Salgo al hogar, atizo las brasas que todavía quedan vivas de la
noche anterior y pongo el puchero de café a calentar. Mientras tanto,
avío las cabras, las ordeño y después las subo por la Cuesta al
corral donde está la cabrada. Lugo bajo por el horno a por un pan que
me durará tres o cuatro días.
- No vayas tan lejos que hoy va a calentar - dijo el hornero-.
- De momento me saldré a la bodega y allí pensaré que hago. El puchero de café ya estaba caliente. Con un poco
de leche me hago un buen cuenco de remojones. Antes de salir a la bodega
a por la ración diaria de vino preparo otro puchero con unas patatas,
unas puntas de costillas y media hoja de acelga para almorzar, y de paso
le echo de comer al burro.
- Chica, ya te darás cuenta del puchero, que lo dejo en el fuego
- le dije a mi mujer, que estaba haciendo la cama-.
- Bien -respondió-. Paso por la plaza y no se ve un alma, pero se oyen
algunas mujeres hablando por la parte de la paletilla. Más adelante me
encuentro con Sergio. - Ya vendrás de algún negocio -le dije-.
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