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daba
buenos pastos en otoño con sus hojas, y con la repoblación
forestal en la montaña, la ganadería va perdiendo mucha
importancia antigua en la economía regional.
LOS BOSQUES,
SU VEGETACION:
La vegetación que encontraron los cristianos y que continuó con pocas
variaciones hasta el primer tercio del siglo XIX, era como sigue:
Había una primera faja de bosque en el Moncayo que comprendía la
Dehesa del Moncayo y se prolongaba por Añón hasta pasar a
Castilla por la Sierra del Tablado en Beratón. Estaba constituida
por un extenso hayedal cuyo límite superior era alrededor de 1700
m. a la altura del Santuario de la Virgen del Moncayo y el límite
inferior oscilaba alrededor de 1200 m. donde comenzaba la segunda
faja, el bosque de robles. Este robledal, cuyo límite superior
avanzaba más o menos según fuese «umbría»
o «solana» metiéndose
en cuña entre los hayedos, bajaba en el Moncayo hasta los 900 ó
1000 m. mezclado en muchas ocasiones con la faja siguiente de
encinares. Hacia el sur, este robledal se prolongaba por Añón,
Talamantes, parte norte de Calcena y Purujosa y se introducía
como la faja anterior en Castilla por Beratón. El roble en las
sierras del Sur del Moncayo ocupaba la «umbría» mientras que en la «solana»
los encinares se mezclaban con el robledal y hasta, avanzaban
a alturas superiores a los robles de la «umbría»
en las altas tierras de Talamantes (Tonda), Calcena, Purujosa,
etc., donde llegaban hasta los 1400 m. de altura. La faja más
extensa del bosque la ocupaban estos encinares. Cubrían todas las
faldas del Moncayo desde los 900 o 1000 m.
como límite
superior en
la «umbría»
y se
extendían por
las estribaciones
del Sur del Moncayo por Añón, Talamantes, Purujosa, Calcena, Trasobares,
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Tabuenca. La última faja del bosque, el pino carrasco, aparecía ya en
el Isuela. Grandes pinares se extendían por Trasobares, parte de
Calcena y avanzaban al valle del Jalón hacia Tierga donde todavía
quedan algunos ejemplares aislados, si las quemas que hay en la
actualidad no los destruyen.
Como complemento a esta vegetación había un sotobosque de boj,
sabinas, lentiscos, brezos, enebros, acebos, coscoja, etc., entre
los hayedales, robledales y encinares. El robledal estaba
convertido en muchas partes a principios del siglo XIX en un
rebollar que se explotaba activamente.
Hay varias citas del siglo XVIII que dan una visión de los bosques de
estos montes casi en la víspera de comenzar las talas que los
despoblaron. Asso, a finales del siglo XVIII nos habla de la
vegetación del Moncayo y de las tierras del Sur:
«El
Moncayo es el monte más elevado de Aragón después de los
Pirineos, compuesto de puro cuarzo, raso y pelado en su copete,
pero vestido en la falda de Gayuba, Brezo, Espinos, Hayas,
Colutea, Sorbus doméstica, Espartium purgans, Chordones, o Rubus
Idaeus, y otros arbustos entre los cuales se ven también muchas
hierbas medicinales, Orchis, Inulas, Poxtentilas, Solidago,
Doronico, Qnopordum acaule, Chrysanthemum corymbiferum, Anthericum
liliastrum y otras. La Anthyllis erinácea, se cría en abundancia
en estas tierras y en la de Calcena. Los montes inmediatos al
Moncayo... y entre estos se distingue por la frondosidad de sus
selvas, el de la Mata y el de los Colladillos puestos al Norte, en
donde se camina siempre entre robles, acebos, avellanos, crataegus
terminalis, manzanos y cerezos silvestres... Los montes de Calcena
tanto en sus faldas como en las quebradas que dejan sus riscos y
escarpadas peñas, ofrecen mucha variedad de maderas en los corpulentos
árboles que se crían ,cuales son
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los
robles, Quexidos, rebollos, acebos, avellanos y Prunus Mahaleb. La
abundancia de corteza que suministran estas especies de encinas,
convida naturalmente para el abastecimiento de una fábrica de
Curtidos en Calcena. »
(Asso: Historia de la Economía Política de Aragón, páginas 51-52).
LA PERDIDA DE LOS BOSQUES:
El cuidado de los bosques permitió su subsistencia hasta mediados del
siglo XIX. Los carboneros fueron la causa principal de casi su
desaparición, pues lo eran muchos vecinos de los pueblos del
Somontano. Los más intensamente carboneros fueron los pueblos de
San Martín, Anón, Talamantes y los de la cabecera del Isuela,
Pomer, Purujosa, Calcena y Trasobares. Cuando a finales
del siglo pasado las talas de los bosques los dejaron sin trabajo,
estos carboneros emigraron a los bosques de Soria y a los del
Pirineo.
Un carbón muy codiciado por los herreros era el de brezo, por su gran
poder calorífico. Aparece siempre citada esta clase de carbón y
limitada su producción. Esta actividad de carboneros y leñadores
convirtió ya de muy antiguo los robledales en rebollares. Según
la clase del bosque eran objeto de mayor cuidado. En Trasobares
las encinas estaban celosamente protegidas, prohibiéndose su
tala; sólo se permitía «ramorear»
en ellas. Sus bosques de encinas y robles se convirtieron en
dehesas que mantenían ganado de cerda con sus bellotas. Mientras
tanto quedaban como montes comunes sus bosques de pinares de
ninguna importancia ganadera y eran objeto de una tala prematura
que hizo desaparecer del término sus magníficos ejemplares hace
mucho tiempo.
El pino maderable desapareció hace
más de
150 años
y los
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