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Las cálizas del Somontano Sur son estériles para el
cultivo. Antiguamente fueron bosques de encinares y robledales que
alimentaron una ganadería porcina y ovina. En la actualidad es el
dominio del arbusto y de unos pastos pobres. Las areniscas triásicas
de los montes de Tabuenca dan, por descomposición, tierras buenas
para la vid. La vida de los pueblos se centra en las pequeñas
cosechas de los cultivos hortícolas.
La actividad de los hombres hace el elemento
fundamental en la transformación del paisaje. Esto hace que haga
un poco de historia de como se ocupó esta zona y como el ser humano
se asentó y construyó así sus poblados. Aunque no existen datos
suficientes para saber los orígenes de aquellos primeros hombres
que ocuparon esta zona y sabiendo que «Calcena posee en su término
dos yacimientos prehistóricos: una cueva sepulcral, la Cueva
Honda (publicada por Vallespí en 1957-1958), y una cueva de
habitación, la Cueva Hermosa. La primera contenía materiales de
época neolítica (una cerámica con asa de túnel y fondo cónico)
y eneolítica (restos humanos acompañados de cerámica
campaniforme). La Cueva Hermosa, cercana a la Cueva Honda, entregó
en una prospección inicial un triángulo de retoque en doble
bisel asociado a cerámicas lisas. No han aparecido por el momento
restos humanos, y puede adscribirse a la época neolítica. »
(Gran Enciclopedia Aragonesa, Tomo III, Pág. 583).
Calcena pudo también tener sus orígenes romanos,
pues algunas teorías indican que el nombre de Calcena viene del
antropónimo latino CALCIUS, más el sufijo prerromano -ENA, que
significa «lugar perteneciente a».
Y como he indicado antes, a falta de datos concretos,
partiré desde la ocupación de los cristianos durante la
Reconquista; aunque ya los romanos habían ocupado toda la
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región de Borja (Borsao) y Tarazona (Turiaso). Por estas ciudades
pasaban dos vías romanas de penetración a la meseta soriana que
partían de Gallur y otra de Tudela hasta encontrarse en Tarazona
y penetrar en la meseta soriana.
En el Somontano están las ruinas de la ciudad celtibérica de Oruña,
junto a Vera de Moncayo, con las señales de su destrucción
durante los años de las guerras celtibéricas y su posterior
reedificación por los romanos. Sobre la organización ibérico-romana
se sobrepone la
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estratégicos importantes, los espacios vacíos de los secanos y la
montaña. La población rural, tanto los hombres libres como los
siervos, permaneció casi integramente.
La riqueza principal era la renta de las tierras y,
si echaban a los moros, era muy difícil llenar sus huecos rápidamente
por los cristianos, que eran pocos y además carecían de
experiencia en el cultivo de regadío. En los pueblos de Purujosa,
Calcena, Trasobares, Talamantes y Tabuenca no había musulmanes prácticamente
(aunque en Calcena está la llamada Peña de los Moros, en la que
existe la teoría de que vivió una comunidad musulmana) y fueron
de colonización exclusiva cristiana.
Algunos de los pueblos pertenecieron desde el primer
momento a Ordenes Religiosas y Militares importantes con grandes
privilegios. El Monasterio cistercense de Veruela fue fundado por
monjes del otro lado del Pirineo en 1141 y favorecido por los
reyes que estaban entonces apoyando la reforma del rito e
introduciendo clérigos francos. Hasta tal punto era protegido por
los reyes que en 1260 recibió el cuerpo del infante Don Alfonso,
primogénito de Jaime II. Tenía numerosos privilegios reales y el
señorío de los pueblos de Litago, Vera, Alcalá, Bulbuente, Ainzón
y Pozuelo.
Los primeros datos de la historia de Trasobares se
remontan al siglo XI, cuando estaba formada por unas cabañas u
hogares. Y fue entonces en el año 1092 cuando el Rey de Aragón
Don Sancho Ramírez, para evitar los controles y las avanzadillas
de los árabes, quiso atravesar «a hurto y con recato» estas
tierras para pasar a Castilla. Perdido en la noche oscura, entre
malezas y bosques de pinos y encinas, divisó al filo de la
medianoche una luz rutilante, entre la que destaca una imagen de
la Madre de Dios, cerca precisamente de una sen-
Continua
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