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El Somontano Sur del Moncayo está comprendido por
los pueblos de Talamantes, Purujosa, Calcena, Trasobares y
Tabuenca.
Constituyen
una zona humana al Oeste de la provincia de Zaragoza, limita al
Norte con el llamado también Somontano Norte del Moncayo (cuyos
pueblos son: Añón, Alcalá, Litago, Trasmoz, Vera, Lituénigo y
San Martín), al Oeste con la provincia de Soria, al Este con la
denominada Comarca de Borja, tocando ya con la ribera del Huecha y
Llanos de Plasencia, y con el Sur con los pueblos de Aranda de
Moncayo, Oseja y Tierga.
Es una zona muy pequeña y casi sin importancia
dentro de la provincia de Zaragoza, por eso es por lo que quiero
hablar de ella, ya que solamente, en muy raras ocasiones, se ha
escrito algo, y porque también soy nacido en esta comarca,
concretamente en el maravilloso pueblo de Calcena. Quiero darla a
conocer, ya que ahora en la actualidad es poco conocida, si no es
por los que nacimos allí y nuestros descendientes y algunos pocos
más, pues sus pueblos, como muchos otros de la geografía de España,
se quedaron vacíos al tener que emigrar sus gentes a las
ciudades. Pero un día tuvieron su época de esplendor dentro de
la Historia y su importancia en el Reino de Aragón.
Está pues enclavada en líneas generales, entre el
Moncayo que se eleva como un «dios» y el río Ebro, unido tantas
veces a la Historia de nuestra tierra.
La cruza su principal río que es Isuela, que
naciendo en las laderas del Moncayo, pasa por Purujosa, Calcena y
Trasobares, para ir a unirse con Jalón en Chodes y juntos buscar
al gran padre Ebro. Sus relieves más destacados son las cuestas
de las Peñas de Herrera (1515 m.) el anticlinal de la Tonda (1494
m.) el Raso de Purujosa (1367 m.) la Peña de los Moros (1300m.)
la cresta de la Peña de las Almas (1154 m.) y el relieve aplanado del Bollón (1043 m.).
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En medio de este relieve plegado y fallado, de cresterías importantes,
divisoria de las aguas de los afluentes del Huecha, del Ebro y del
Jalón, se ha conservado una superficie de erosión a poco más de
900 m. entre los picos de la Tonda y la Peña de las Almas.
Divisoria también de las cuencas del Isuela y del Huecha, esta
superficie de erosión permitía comunicarse antes de la llegada
de las carreteras a los pueblos del Huecha, sobre todo Borja y
Ambel, con las aisladas poblaciones de Calcena y Trasobares en el
valle del Isuela, sin atravesar ninguna sierra ni río, salvo
algunos barrancos juveniles. Es posiblemente fruto de la nivelación
finipotiense que ha permanecido sin elevarse, sólo con débiles
basculamientos, mientras se rejuvenecían a ambos lados la Tonda y la Peña de las Almas. Una mancha miocena la recubre
en parte, junto a la balsa de Valdeserrano. Las señales de
fractura observadas en los bordes de la superficie de erosión y
la inclinación de los conglomerados de la balsa de Valdeserrano
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indicios de acomodaciones postmiocenas.
Alrededor de Tabuenca, situada en una depresión sinclinal, es donde se
da la mayor variedad de formas y de rocas. Una nota común a todas
estas sierras ibéricas es la aridez, la esterilidad, con su
consecuencia natural de repulsión del habitat humano. Pero no
siempre fueron los desolados pedregales que vemos actualmente. Ha
sido la mano del hombre quien lo ha provocado, después de talar
los bosques que recubrían sus rápidas pendientes. Los glacis de
pendiente, desmesuradamente amplios, están dedicados a viña, ya
que ésta busca el suelo suelto que le proporcionan estas tierras
de gran porcentaje de caliza pero mezcladas con una pequeña capa
de cantos.
La sequedad del clima no permite extenderse el olivar
en las tierras no regadas, exceptuando los pequeños fondos de
vaguadas de los barrancos. Pero donde el glacis lateral se acerca
al curso del río y es ya posible un riego eventual, la vocación
de las tierras se amplía y el olivar entra en competencia con la
vid.
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