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Material.
Seis birlas de madera de olmo, roble o carrasca, de aproximadamente 68
cm. de altura, y 7 u 8 en su base, adornadas en su parte superior:
una de ellas, con tres cabezas; dos, con 2 cabezas y tres, con 1
cabeza.
Una birla (la abuela) de igual madera, de 82cm. de altura, adornada con
cinco cabezas.
Una tiradera, de 33 cm. de larga y 7 u 8 de diametro.
Campo de juego.
Se amasa un pequeño montón de barro, colocándose las birlas en dos
filas de tres, sin importar el orden. Tras ellas, centrada y
separada por una longitud igual a la de una birla, con un poco de
barro, se pondrá la abuela, La linea de tiro, se marcará a 10 o 12
pasos de las birlas.
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Desarrollo del juego.
El juego se puede desarrollar individualmente, por
parejas o por equipos de hasta ocho componentes cada uno,
consistiendo éste en
intentar
conseguir la rnáxima puntuación prefijada con anterioridad, 25,
30 o 50 puntos. La puntuación de cada una de las birlas
dependerá del número de cabezas o coronas que tenga, es decir, una
cabeza, un punto; dos cabezas, dos puntos; tres cabezas, tres
puntos, y la abuela, 5 puntos. Los lanzamientos se realizarán
alternativamente no existiendo posibilidad de rebatir (volver a
tirar). El equipo que llega en primer lugar a la puntuación
prefijada, gana, de ahí la importancia de lanzar primero. Pero esta
ventaja desaparece al variar el orden de participación en sucesivas
partidas.
Al
contrario que ocurre en otros juegos, las apuestas no están
contempladas, aunque de forma
esporádica se suelen dar, pero no deja de ser una mera anécdota. |
Usos
y costumbres.
Es un juego que tuvo un pasado importante dentro de
la vida festiva de las mujeres de Calcena. Bernardo
Royo, además de ser quién fabrica las birlas, nos comenta: ‘las
mujeres han jugado aqui toda la vida hasta mediados los años
cincuenta, los hombres también jugábamos pero solamente durante
Semana Santa, pues el bar estaba cerrado. Entonces las mujeres se
dedicaban a jugar con la baraja a la zorra., que consiste en poner
en el centro de la mesa una perrica cada una, se reparte las cartas
por orden y a la que le toca ‘la zorra
(as de oros) se queda con las apuestas. Así partida tras
partida.
Como en muchos de nestros pueblos, 1os rigores del
invierno limitaban la época del juego de las birlas y tenían mayor
aceptación otros juegos que se realizaban en el interior de las
casas o en las cantinas.
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