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El Eco del Isuela nº 13 página 13 |
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RAÍCES
Así como un árbol para sobrevivir necesita conservar su
tronco, ramas, follaje y sobre todo sus raíces, este mismo
circunloquio puede aplicarse a la supervivencia de un pueblo.
Así pues, el "tronco" sería el sitio, el lugar,
el núcleo físico del pueblo; las "ramas" seríamos todos
nosotros, los que vivimos, descienden o están ligados a él, de una
forma u otra; el "follaje" sería la demostración de la
vitalidad del pueblo, es decir, su salud o enfermedad; y, por último,
las "raíces". Las "raíces" son la parte más
importante de y para la vida de un pueblo. Es por donde se alimenta,
dándole savia nueva para que regenere todo lo demás.
Nuestra villa de Calcena ha pasado por una esplendorosa
vitalidad -sobre todo en la Edad Media- donde creó y desarrolló un
"tronco" robusto -su núcleo urbano-, muchas y magníficas
ramas -sus numerosos habitantes-, un follaje exuberante -sus minas,
sus manufacturas de papel y paños, tejedores, artesanos en cerámica
y vidrios, ganadería y agricultura, su magnífica Iglesia y
ermitas, etc.- de donde se derivaron las fiestas religiosas y
populares, algunos de cuyos usos y costumbres todavía perduran. Y
para terminar esta circunlocución, las "raíces". Las
"raíces" son lo más fundamental para la pervivencia de
un pueblo. Si se miman y se cuidan, aunque todo lo demás enferme,
volverá a brotar y a resurgir. En aquella época habían muchas
personas que se encargaron con ahínco de mimar y cuidar las
"raíces" de nuestro pueblo. Si repasamos la historia de
Calcena veremos que hubo muchos personajes ilustres y no tan
ilustres que cuidaban de que no faltara la savia, para que hubiera
un "follaje" importante. Tanto, que llegó a ser una de
las más importantes Villas del Reino de Aragón, tanto en el
terreno cultural, como en el industrial y eclesiástico. Esas
personas, habitaran o no en Calcena, no olvidaban sus "raíces"
y aportaban cuanto sabían y podían para que su pueblo fuera
floreciente.
Posteriormente, nuestro pueblo fue enfermando -expulsión de
los moriscos, las peste negra por la que en poco más de un año
murieron cerca de 400 personas, y el aislamiento por vías de
comunicación- conllevando la caída de su minería e industria y,
como consecuencia de todo esto, una constante emigración, acentuada
a mediados de este siglo, hasta el punto de temer su desaparición o
muerte, si no intentamos entre todos inyectar savia nueva a nuestras
"raíces".
Es cierto que desde hace 20 años hasta ahora, se está
notando una revitalización de nuestras "raíces" y, como
consecuencia de ello, un brote de resurgimiento en nuestro
"tronco":. Agua, alcantarillado, alumbrado público,
creación de parquecitos y merenderos, zonas recreativas y de
deportes, biblioteca, restauración y construcción de viviendas,
constitución de las comisiones Cultural y de Fiestas, etc.. Es todo
eso lo que me hace concebir un atisbo de esperanza, al comprobar que
sigue habiendo muchas personas que no olvidan sus "raíces"
y otros que, sin tenerlas, están ligados a ellas de una u otra
forma, colaborando a
que este "tronco" que es Calcena no muera. ¿Se conseguirá?.
Si aportamos cada uno nuestro granito de arena, tal vez a largo
plazo se consiga. Y algunos ya lo están haciendo. A poco que hayáis
prestado atención, Calcena ha sido el pueblo que en estos últimos
años más veces se ha prodigado en los medios de comunicación de
Aragón. ¿Quién mueve estos hilos?. Por supuesto, alguien que se
preocupa por nuestro pueblo. Unas veces han sido los ecologistas por
los buitres, otras por los problemas de escolarización de los niños
de Calcena, los relacionados con las minas de plata o el Albergue e
incluso ha habido noticias relacionadas con el turismo rural en la
TV Aragón. Todo esto contribuye a que el nombre de Calcena y
"la cara oculta del Moncayo" vaya sonando y sea conocida
en Aragón. Permitidme pues que, en mi nombre y en el de la mayoría de los hijos de Calcena, os agradezca vuestra colaboración y que sigáis moviendo esos hilos.
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