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La
Calcenada no es cosa nueva, es una aventura que los de Calcena
realizaban obligatoriamente antes, con bastante frecuencia.
El
trabajo de carbonero les obligaba a desplazarse a través de los montes, a pie,
y acercarse especialmente a la provincia de Navarra, para hacer
carbón vegetal en sus bosques de grandes encinas.
A mi padre le oía contar que con nueve
años recorría desde Calcena a Estella (Navarra) la mayor parte
del recorrido andando acompañado de sus hermanos Llevaban la
familia y las herramientas para hacer el carbón cargadas a lomos
de caballerías hasta los lugares de trabajo. En él estaban
varios meses acompañados de sus mujeres e hijos, viviendo en cabañas
hechas con leña y las ramas delgadas de las encinas, hasta finalizar el trabajo. Los pequeños además de
ayudar en el trabajo,
aprendían a leer y escribir en
el monte o en alguna escuela de pueblos
cercanos y algunas mujeres
daban a luz a sus hijos en el monte
o en los pueblos cerca del lugar
de trabajo, por ello, en mi familia
algunos primos
míos nacieron
fuera de Calcena.
Los
carboneros cuando volvían a sus
casas, pasaban por Tarazona donde se compraban herramientas o
enseres nuevos, especialmente camas de metal con adornos dorados,
si pensaban casarse, o encargaban aquellos trajes de pana negra
que lucían en las fiestas del Rosario y Santa Constancia o Santa
Úrsula.
Mi
recuerdo de ir a Calcena fue hasta que cumplí los once años y más…
(en 1944/1950).
Mis
abuelos maternos vivían
en Calcena. Eran molineros en el molino que había debajo de las
fuentecillas. Disponían de una familia numerosa (seis hijos;
brazos para trabajar), buen corral con animales, algunas huertas
en "El batán" y varias viñas, todo bien administrado.
Mis
padres nacidos y
casados en Calcena iniciaron su viaje de novios con sus enseres
hasta Tarazona donde fijaron su residencia, ya que mi padre se había
retirado del trabajo de carbonero y trabajaba en una industria de
esta localidad.
Mis
Calcenadas de entonces las realizaba de distinta manera que
actualmente. Mis padres en Tarazona, la guerra, los años 40,
tiempos difíciles para sobrevivir. Eran otros tiempos en los que
no había otro camino que el de caballerías, a través del monte,
durante ocho horas
y sin avituallamientos, cuando de niño me llevaban a Calcena a la
matanza o las fiestas; en una ocasión tuve que dormir en un
corral con ovejas por culpa de una tormenta.
Mis primos
Fausto Miguel o Juan Pasamar,
(de grata memoria) que venían en verano, para trabajar |
en
la siega y
recolección, acabaron
echándose novia aquí y luego venían a cortejar a Tarazona. Al
regreso algunas veces nos acompañaban cuando, en burra o caballo,
mi abuelo Faustino o mis tíos nos llevaban con mi madre y mis
hermanos a pasar el verano en Calcena.
Cuando
recibo “El Eco”
vienen a mi memoria las fiestas que se celebraban en Calcena
tiempos pasados y que eran muy populares en la comarca. Hoy quiero
referirme a las que se celebraban alrededor de los años 40/45 a
las que acudíamos familiares y amigos de los habitantes de
entonces. Se celebraban a primeros de octubre y eran las Fiestas del Rosario.
No había vaquillas por que los tiempos no lo
permitían, pero los en los pueblos como Calcena era

diferente;
en las casas no faltaban la harina, había corrales con buenos
pollos, conejos, huevos y cabras con leche.
Nuestras
abuelas hacían un queso con leche de cabra y los guardaban en
aceite para las ocasiones. En casa se amasaba el pan. Se hacían a
mano tortas, bollos y magdalenas que en moldes de papel se llenaban
y cocían en la Tahona y que eran la delicia de las familias en
aquellos días.
Las
Fiestas se organizaban alrededor de la Iglesia, la calle y la mesa
familiar.
En la Iglesia
acudíamos al rosario por las tardes y el día de la fiesta (Domingo
del Rosario). Se comenzaba con el Rosario de la Aurora por las
calles del pueblo. Luego, por la mañana, Misa Mayor con |