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Hilvanando
recuerdos, repasando cartas y anotaciones, Don Ernesto recorre, con mirada
paterna y tonalidad militante, la infancia de su hijo en Alta Gracia,
Cordoba, rastreando alli los primeros indicios de esa inquietud por lo
social que acelero su pulso hasta el dia de su muerte.
"Los
amigos de Ernesto eran casi todos hijos de mineros, de peones de campo
(...). Algunos de sus compañeros vivian ocho en una misma pieza
y se abrigaban con diarios y trapos viejos. El siempre notaba esas cosas,
lo enojaban. En todas sus conversaciones y juegos habia algun signo que
revelaba el problema de las clases sociales en pugna", reza el libro.
Otro habitue de sus juegos eran las trincheras, las hondas y el enemigo.
"En
los años 30 yo apoyaba el movimiento republicano español
en Argentina y nuestras charlas sobre la guerra civil eran diarias. Ernesto
recortaba las noticias y pinchaba banderitas de uno y otro bando en un
mapa de España. Jugaba a la guerra contra otras barras y era siempre
el jefe de la pandilla". El mismo interes desperto en el adolescente
la posicion de su padre respecto al avance del nazismo en Europa. Durante
la Segunda Guerra, el Che se sumo a la Accion Argentina, donde se dedico
a denunciar infiltraciones nazis en America Latina.
"Cuando
era chico Ernesto no toleraba que le impusieran algo que considerase injusto
o lo retasen sin razon. Lloraba y se ponia furioso y no habia modo de
tranquilizarlo. Desde muy pequeño tuvo vocacion por el peligro.
Lo buscaba se entretenia venciendolo. El manejo de su asma lo habia entrenado
en el dominio de sus nervios y podia pilotear situaciones dificiles sin
vacilar. Alli donde habia un puente de veinte metros de altura, Ernesto
hacia equilibrio sobre el pretil", repasa
Cuenta
su padre que el Che, en su adolescencia, no dejo hobby por explorar. Practico
varios deportes, estudio dibujo, grafologia y ajedrez y fue un lector
voraz y apasionado. Tambien recuerda que, durante su juventud, no permitio
que su padre aportara un centavo para financiar su carrera de medicina.
Trabajo de cualquier cosa y, siempre que pudo, aprovecho el tiempo libre
para recorrer los rincones del pais. Asi y todo, el 11 de abril de 1953,
llamo a su padre desde la facultad: "Habla el doctor -remarco- Guevara
de la Serna". Era medico. Pero el brindis debia ser corto: se iba
a Bolivia.
Celia
de la Serna -mama del Che- y Ernesto Guevara Lynch jamas tuvieron paz
son su primogenito. Desde los dos años, cuando el medico le diagnostico
un asma agudo, el Che acostumbro a sus padres a sobresaltos de todo tipo.
"Queridos viejos -escribio desde Cuba, a fines del 56, a pocos dias
del desembarco del buque Granma en la isla-. Estoy perfectamente, solo
gaste dos vidas y me quedan cinco". Al pie, el abrazo de siempre
y un par de letras: TT, el apodo con que sus padres lo mimaron desde que
nacio. |
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"Vuelvo
con la conviccion de que el guerrillero muerto no es mi hermano"
habia declarado por entonces Roberto Guevara, al regresar al pais «luego
de su viaje a Bolivia en mision personal de identificacion del cadaver
del guerrillero caido. Su arribo se produjo a las 15,10, al Aero CLub
Argentino de San Justo, acompañado de tres periodistas, en el Piper
Azteca LV-GTR piloteado por Juan Crosa. El abogado de 36 años,
"visiblemente emocionado" se refirio extensamente a los pormenores
y conclusiones de su viaje, señalando, ademas, la "gran descortesia"
y las trabas padecidas por la delegacion de la Policia Federal encargada
de las pruebas dactiloscopicas. "Regreso con la conviccion de que
el guerrillero muerto por las tropas bolivianas y a quien presuntamente
se identifico como a Ernesto «Che» Guevara, no es mi hermano" |
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