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MALVINAS 20 AÑOS DESPUES: HISTORIAS DE LOS QUE PELEARON LA GUERRA SOLDADOS ARCE, LOPEZ Y VIEGAS
El orgullo de ser excombatiente, la bronca del abandono y el olvido

En sus voces se oyen las de muchos otros. Hablan de desamparo, discriminación y falta de oportunidades. Dicen que el veterano es lo único de la guerra que nunca se pudo esconder.

Clarin, Domingo 7 de abril de 2002


Todo lo que tienen, lo único que les queda después de veinte años y setenta y cuatro días, lo guardan celosamente en una trinchera: la del orgullo.

En ese pozo profundo, tan similar al que ocuparon desde el 2 de abril al 14 de junio de 1982, conviven también algo de resentimiento, la desazón enorme de saberse ignorados, la indignación por saberse discriminados, la ira sorda cuando escuchan hablar de "los chicos de la guerra" o cuando un legislador (lo escucharon de boca de tres) les dice que son "hijos de la dictadura".

También conviven en esa trinchera sin guerra, la decisión inquebrantable de permanecer unidos, pese a divisiones profundas, y de ayudarse unos a otros, a como dé lugar; la de ayudar a escuelas carenciadas o a gente necesitada de alimentos; la de honrar a quienes vieron morir a su lado y con quienes habían compartido el desayuno horas antes: son un clan, un equipo, una banda, una tribu. Son, también, una familia.

Son los veteranos de Malvinas. Ex soldados. Unidos por la guerra, dispersos por el desbande de la posguerra, reunidos por la necesidad de protegerse de lo que llaman de distintos modos: desmalvinización, olvido, silencio, abandono, desamparo, indiferencia, desagradecimiento, ingratitud, y que duele más que una herida de guerra porque no está provocada por el enemigo, sino por quienes los vieron nacer, los forjaron, festejaron su ida a la guerra y tapiaron después de la derrota en Malvinas las puertas de la memoria.

—Para mí, ser veterano de guerra es un orgullo. Es haber demostrado a la sociedad y a mí mismo que soy capaz de dar mi vida por algún valor abstracto: la patria, la familia, lo que uno siente de chiquito. Yo lo relaciono mucho con la identidad.

Carlos Viegas mide casi dos metros y pesa más de ciento diez kilos. De allí su apodo: "Chiquito". Puso minas en Malvinas como parte de la Compañía de Ingenieros de Combate 601.

—Siempre digo que los que llevamos la peor parte fuimos los veteranos. Pero fuimos lo único que no se pudo esconder. Todo lo demás, hasta el hecho de que hubo una guerra, se escondió. Nosotros siempre estuvimos, siempre exigimos. Por eso digo que, pese a la carga negativa que tiene haber llevado la peor parte, es a la vez un orgullo. Nosotros decimos: "Me derrotaron una vez. Pero no más." ¿Me entendés?

El titular del Centro de Ex Combatientes de Tigre, José Luis López, sintetiza el padecimiento de los veteranos en los primeros años de la posguerra. Combatió en Malvinas junto al Regimiento 3 de Infantería que entonces se alzaba en Tablada.

—Entre el 83 y el 90 estuvimos desprotegidos, desamparados: se nos expulsaba de todos lados. A los veteranos de guerra todos nos cuesta dos veces: todo. Tuvimos que negar nuestra condición para conseguir trabajo. Tuvimos que mentir el año de nacimiento. Y eso nos ha dañado mucho. Nunca quisimos convertirnos en resentidos sociales, pero nos ha herido mucho. Porque, a pesar de los palos, nosotros siempre miramos en positivo,y queremos a este país. Ser veterano, si bien es un orgullo, también es una carga.

Andrés Arce, también un ex soldado del 3 de Infantería asegura que aún hoy pervive la discriminación contra los veteranos.

—Yo siempre ando de verde, o con la medalla. Me pasó muchas veces que, sentado como cualquier ciudadano, en cualquier bar, tomando una gaseosa o una cerveza, se te arriman y te provocan. Te dicen: "Lástima que ustedes eran todos pendejos y los mandaron sin experiencia..." O también te dicen "fascista de mierda" porque estás con la camiseta camuflada. Y nosotros somos comos los escoceses ¿Viste que cada color representa a un clan de ellos diferente? Bueno, a nosotros la pilcha verde también nos identifica. Nosotros también somos un clan.

—Mirá —dice Viegas— La sensación previa al combate era tremenda. Nos empezamos a despedir: "Bueno, mirá, si me muero..." Venía todo el ejército inglés. No había otra: era enfrentarlos o correr. La determinación nuestra era enfrentarlos. Porque uno podría haber corrido. Es más, muchos oficiales corrieron. Pero uno era tan boludo que tenía la impresión de que había que enfrentarlos. Que mi sacrificio, retardando el avance, era una misión. La frase famosa en ese momento era: "Que vengan de una vez y que se termine todo. Pero que vengan." Vos no decías: "Loco, que me saquen de aquí." Sabés que no es una película, que te bajan y te podés levantar e ir a tu casa. Y los enfrentamos. Por eso cuando escuchás que alguien te dice que éramos todos pendejos...

¿Cómo llenar entonces ese espacio vacío que sienten los veteranos? Para López la respuesta es simple.

—Con respeto. Que nos reconozcan como veteranos. Que sepan qué hicimos allá. Porque si yo me creo que todo aquello fue al pedo, que todo ese sacrificio de un montón de chicos que murieron fue al pedo, que todo lo que pasamos estos veinte años fue inútil, me derrumbo, nuestra personalidad se derrumba. Porque nosotros construimos todo a partir de Malvinas. Malvinas fue una bisagra. Y a partir de esa bisagra tenés que construir todo de nuevo.

—Yo, por una cuestión de salud mental —afirma Viegas— y esta es una respuesta personal, creo que la sociedad argentina nos dio un cachetazo. Como una madre. Vinimos de Malvinas y dijimos "Disculpá, mamá: perdimos." Y nuestra madre nos dijo: "Boludo, perdiste." Pero no podemos renegar de nuestra madre. Por eso nos ensañamos con el padre, que es el Estado. El peor miedo nuestro es que los compañeros que murieron lo hayan hecho inútilmente. Y que nuestro sacrificio, el de sobrevivir, haya sido inútil. Porque uno sueña con volver. Para cerrar la historia. Yo soy coordinador del programa de salud de la provincia. Y escucho a muchos veteranos que te dicen al oído, con el sentimiento más profundo, "Loco, yo quiero volver para ver cómo está mi posición; quiero saber adónde cayó fulano..."


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Diario Accion, General Rodriguez, Buenos Aires, Argentina