Congreso sobre el Extremeño o Habla Extremeña, 1 de octubre/ comunicaciones
...Y SIGUIENDO LA ESTRELLA, LLEGAMOS UN DÍA A CALZADILLA Y EN UNA SEGUNDA JORNADA, A SAN PEDRO DE MÉRIDA.
Tú, Calzadilla, no serás ya la más pequeña de las localidades de Extremadura, porque de ti nos ha nacido un profeta, que todo lo ha venido absorbiendo con genialidad, atesorando luz que no se hizo para ocultarla en el fanal sino para culminar irradiándolo todo con su resplandor. Hoy, San Pedro de Mérida, con tan glorioso apellido, rodeada de estatuas y monumentos de gloria de una civilización que le dio fama, prestigio y Cultura, recogiendo el testigo, se une a Calzadilla de Cáceres, depositando también en nuestras manos, a través de su alcalde, don Pedro Lanzas Merino, en un gesto de generosa y fraterna hospitalidad, las llaves de su corazón. Levántate, San Pedro de Mérida, que llega tu luz.
Es siempre bueno y saludable que los pueblos tratemos de defender con uñas y dientes lo que es nuestro y propio, aquello que nos ha hecho, en alguna medida, diferentes a los demás. No debemos frustrar nunca los deseos de un Pueblo que aspira siempre a conocer los valores históricos, culturales o lingüísticos que durante siglos se les han venido ocultando porque, amigos, “hablar de tradición y de historia es hablar de alguna manera, de inmortalidad.”
De ahí la inquietud, el interés, el noble empeño de estudiar en profundidad, y a todos sus niveles, las señas de identidad del Pueblo Extremeño, que constituyen las principales raíces histórico-lingüísticas de un riquísimo Patrimonio cultural que, a través de los siglos, ha venido configurando y fortaleciendo, al mismo tiempo, su personalidad más auténtica y definida.
Ya la Constitución Española de 1978 establece “ que la riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un Patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección”.
Movido por esta noble finalidad, Pedro Cañada Castillo, elemento dinamizador del evento, roca firme y segura, palmera en el desierto contra la intolerancia, nos ha convocado de nuevo, echando las redes en un proyecto apasionante que ya imprimió hace dos años un punto y aparte a la trayectoria de la Cultura extremeña: recuperar, conservar, fomentar y difundir unos contenidos que muestran el medio de comunicación que empleaban nuestros antepasados para entenderse entre sí y que ha constituido permanentemente el referente fundamental de su rica y envidiable personalidad.
Con su eficaz equipo colaborador, inasequible al desaliento, con la nueva e inestimable aportación recibida en esta localidad de San Pedro de Mérida, Pedro Cañada Castillo ha venido aunando el esfuerzo y la voluntad investigadora de un selecto grupo de expertos y generosos catedráticos, profesores e investigadores de reconocida solvencia que vienen dando en estos menesteres lo mejor de sí mismos: el fruto de una dedicación plena al estudio de sus raíces lingüísticas, por amor a esta entrañable Tierra, poniendo de manifiesto la enorme importancia de un Dialecto, de unas Hablas que constituyen en sí mismas un excelente activo y el más claro exponente del hecho diferencial y cultural del Pueblo extremeño.
“ A LA VERDAD DE SÓCRATES, OS PODRÉIS RESISTIR PERO NO A LA VERDAD”, dijo aquel sabio filósofo griego antes de tomar la cicuta.
Todos hicimos nuestro el gozo de Calzadilla al hacer causa común y participar con fe, ilusión, entrega y decisión en aquel I CONGRESO DEL DIALECTO O HABLA EXTREMEÑA, al que dimos alma, corazón y vida, adalid que abrió un camino seguro en el estudio e investigación de la más rica herencia tal vez de nuestro Patrimonio Cultural y, sin duda, una de nuestras más auténticas señas de identidad como Pueblo: el “ehtremeñu ”.
En Andalucía hemos venido soportando durante siglos, una bien diseñada estrategia cultural que los libros de texto han mantenido, fomentado y difundido por todo el territorio nacional, falseando sin escrúpulos, “bajo el prisma del castellano”, la rica y auténtica realidad lingüística y cultural de un Pueblo que desea hablar en andaluz por los siglos de los siglos. ” No es lo mismo hablar que pronunciar”, defendía con elegante firmeza y seguridad el ya desaparecido, prestigioso académico, Fernando Lázaro Carreter.
En otras épocas de nuestra historia (siglos XVI y XVII) “ hablar en andaluz, era todo un signo de prestigio, elegancia, distinción y cultura de la sociedad sevillana” en una época en la que Sevilla era la capital del Imperio.
Hasta tal punto que Fernando de Herrera, “El Divino”, de la “Escuela Sevillana”, quiso implantar el andaluz en toda España. “Este eximio escritor se burlaba en su época de la sequedad y poca finura de los castellanos viejos”. Y, según los historiadores de la lengua, no era idea de ningún retrógrado. Hoy se dice aún en ciertas provincias del norte de España “dijon”, “hizon”, “pudon”, “tuvon”, “mozotros”, “ si vendría tu amigo”, “la di un abrazo”, “no se le vendemos”, “si parece que le tengamos aquí”, etc.
Miguel Ropero Núñez, catedrático de filología hispánica, en la actualidad, en la Universidad de Sevilla se mantiene firme en su proclamación: “FILOLÓGICAMENTE HABLANDO, ES FALSO CIENTÍFICAMENTE AFIRMAR QUE EL MODELO IDEAL PARA HABLAR EL ESPAÑOL SEA EL CASTELLANO”.
Alonso Zamora Vicente, en una valoración general, afirma: “ La aspiración de la “s”, rasgo ampliamente extendido en todo el territorio andaluz, es un fenómeno que empieza ya hace miles de años en el indoeuropeo, lo imitan más tarde la lengua latina, el eslavo antiguo e, incluso, desde el siglo XII, el idioma francés, que pasa por ser la lengua más avanzada y progresista del área románica.
Esta característica de la aspiración de la “s” implosiva del indoeuropeo en Andalucía, causó sorpresa al investigador austriaco, Hugo Schuchart, amigo, en Sevilla, de Antonio Machado Álvarez, “Demófilo”, en su visita del año 1879, al estudiar las diferencias existentes entre el andaluz y el castellano. La memoria histórica de los Pueblos es, a veces, sorprendente. No es un fenómeno de pereza como nos tilda el tópico sino motivado, sobre todo, por la debilidad del fonema en cuestión y empeñados en la búsqueda de la economía del lenguaje. Y, como afirmaba Manuel Alvar López, insigne y destacado defensor del andaluz, “la aspiración de la “s” implosiva del indoeuropeo es el mayor tesoro que tienen los investigadores de la lengua y que pueden estudiar hoy, afortunadamente, en Andalucía y en otras zonas meridionales muy importantes de España.
Tras sus largas estancias en la capital de España, Antonio Alcalá Venceslada, autor del Diccionario Andaluz y Juan Valera, diplomático, escritor y periodista, maestro de la novela, a quien se le había pegado “el laísmo” castellano, observaron la manera de hablar de la gente en Madrid y ésta fue su conclusión: “A esta gente de aquí (Madrid), les convendría ir por allá (Andalucía) para aprender a hablar, que no a pronunciar”.
El citado académico de la Lengua Española, el señor Alvar López, en su fervorosa dedicación investigadora y en su permanente defensa de las Hablas Andaluzas, catedrático, cuyas enseñanzas tanto nos han enriquecido, llevó a cabo en Andalucía un trabajo de investigación tan intenso como valioso, ayudado por un eficiente equipo colaborador de prestigiosos filólogos y éstas fueron sus palabras: “He pateado toda Andalucía, pueblo a pueblo, desde Ayamonte (Huelva) hasta Pulpí (Almería) y hemos registrado 260 hablas distintas.”
Como se ve y nos confirma la Lingüística, la lengua es una; las hablas, numerosas. De aquí, la enorme dificultad que encerraría el intento de una supuesta normalización lingüística en Andalucía que ya desechó, por “absurda”, no solamente el ilustre filólogo, Gregorio Salvador, sino la generalidad de los investigadores de la socio-lingüística andaluza.
Lógicamente, los estudiosos del tema se inclinan más por la defensa y estudio de las Hablas en Andalucía que por el tema más que discutible de un dialecto común a tan inmenso territorio.
El andaluz, según Criado del Vals, es ciertamente, una modalidad lingüística, enriquecedora del español, que sorprende al investigador por su abundante léxico, numerosos giros, vivas y chispeantes expresiones, abundantes modismos, sorprendentes hipérboles, ocurrentes comparaciones e, incluso, un copioso listado de refranes propios, estudiados por Francisco Rodríguez Marín, “El Bachiller de Osuna” y dados a conocer públicamente en la prensa diaria por el periodista y escritor, Manuel Barrios, que reclaman su origen andaluz ya que reflejan la forma de ser, la idiosincracia de un Pueblo que se ha impregnado, a través de la Historia, de la sabiduría milenaria que esparcieron por el solar andaluz las más importantes civilizaciones de la antigüedad.
Hoy contamos con un voluminoso “Diccionario Andaluz”, recopilado por Antonio Alcalá Venceslada; no tenemos, en cambio, gramática; nos servimos de la castellana, cuya morfosintaxis empleamos con la mejor propiedad.
El catedrático aragonés, Juan Antonio Frago Gracia, investigador insigne de las Hablas Andaluzas, defiende en su obra “Andaluz y español de América, historia de un parentesco lingüístico” que 30 ó 40 años después de la Conquista de Sevilla (1248) ya había en esta ciudad andaluza unas diferencias fonéticas importantes en la manera de hablar de los sevillanos, con respecto al idioma castellano que nos trajeron las huestes de los reyes cristianos.
Sevilla sería muy pronto una isla “seseante” en medio de un mar “ceceante”.
En Extremadura, a poco que se inicie un estudio serio, se puede observar la riqueza, la variedad incontrastable de hablas y dialectos, afortunadamente existentes aún hoy, gracias a los estudios llevados a cabo por eminentes investigadores extremeños, que se distancian notablemente del castellano, sobre todo en la provincia de Cáceres, mientras que en Badajoz, al haber pertenecido al Reino y Arzobispado de Sevilla durante siglos, las diferencias fonéticas y léxicas con el castellano no presentan rasgos tan radicales.
No obstante, ambos Pueblos, a través de los poderosos medios de comunicación y la persistente labor colonizadora escolar, siguen sufriendo una enorme presión a favor del castellano como lengua de prestigio y en contra de la estima social del habla autóctona de nuestras gentes, a pesar de lo legislado ya tanto en la Constitución como en los respectivos Estatutos de Autonomía.
Cuando el catedrático Vidal Lamíquiz llegó a Sevilla hacia el año de 1973, para ocupar su cátedra de filología hispánica, hizo unas declaraciones a la prensa en la que ponía de manifiesto su enorme desencanto, su visible sorpresa y preocupación al comprobar que en aquella ciudad andaluza, de tanta importancia en el tema de las Hablas de las grandes ciudades, sólo se estudiaba el habla de Madrid, utilizando el mismo libro de texto para la enseñanza del idioma que en Madrid, Albacete, Segovia, Santander, Salamanca o Valladolid.
Talante colonizador que en las escuelas andaluzas y, hoy, sobre todo, a través de la poderosa cobertura de la televisión autonómica, persiste fuertemente contra todo sentido común y contra la realidad diaria de un Pueblo que se obstina en hablar en andaluz, legitimado, además, hoy, por la Normativa constitucional y estatutaria vigentes.
Testimonios del prestigio del andaluz los tenemos en todas las épocas de la Historia.
Francisco Pacheco, famoso pintor sanluqueño, yerno de Velázquez, alabó en su día a Fray Luís de Granada cuyo nacimiento fue para engrandecer “L´Andaluzía”. Este gran orador escribió”Las Maravillas del Mundo”, obra admirada, como defienden los historiadores de la lengua, por ser toda una revelación de la calidad de la forma de expresarse en “la Lengua Andaluza”.
En otra ocasión, un alférez del Ejército español, Luís de Valdés, oyó proclamar bajo los claustros platerescos de la prestigiosa Universidad de Salamanca: “SI TIENE GRECIA A DEMÓSTENES Y TIENE ROMA A CICERÓN, LA LENGUA ESPAÑOLA TIENE POR PRÍNCIPE DE LA ELOCUENCIA AL ANDALUZ MATEO ALEMÁN”.
El escritor jerezano, Juan de Barahona y Padilla, escribió en 1557 en el prólogo de una de sus obras: “ AL HOMBRE A QUIEN DEDICO MI TRATADO, LA FORTUNA LO DISTINGUIÓ CON HACELLO ANDALUZ, CUYA LENGUA ES TAN PURA, FÁCIL, SUAVE Y BIEN SONANTE”.
Y Ambrosio de Salazar, murciano, secretario de Luís XIII, rey de Francia, dijo allá por 1735: “Aunque la lengua andaluza sea “la mesma” que la castellana, con todo “esso” yo la estimo mejor y más delicada. De “essa” manera será menester leer libros impresos en “El Andaluzía” para aprender el español antes que los que son impresos en otros “reynos.”
Siempre se siente, amigos, un sano orgullo cuando se obra con nobleza y rectitud de intención. Aquí no caben atisbos de separatismos ni hemos de mostrar jamás gestos insolidarios. Extremadura, como Andalucía, no podrán ser nunca separatistas. Somos cada vez más conscientes del protagonismo en la valiosa aportación que, durante siglos, hemos ofrecido a los capítulos más gloriosos del libro común de nuestra Historia Patria. Es “conditio sine qua non” que a los Pueblos hay que iluminarlos e ilusionarlos siempre con su historia.
Extremadura, Camino de Civilizaciones, llena de Naturaleza viva, de gente esforzada y trabajadora, de señalados acontecimientos históricos, rica y admirada en tradiciones, costumbres, canciones, fiestas y leyendas, fascina al forastero. Es, sencillamente, un Pueblo con alma. Monumentos de épocas de esplendor brotan por doquier dentro de sus límites territoriales: Cáceres, Guadalupe y Mérida, “Patrimonio de la Humanidad”, con ese imponente decorado de la Historia. Plasencia monumental, con su hermosa catedral, “Ut placeat Deo et homínibus” según el escrito que otorgó el rey leonés Alfonso VIII en 1180 para su construcción, de donde tomaría su nombre tan importante ciudad cacereña. Almendralejo, con un Círculo Cultural que ya practicó la Seguridad Social mucho antes que la implantara don Eduardo Dato. El encanto de Olivenza (“Las muchachas de Olivenza / no son como las demás / porque son hijas de España / y nietas de Portugal”); Coria episcopal; la blancura luminosa de Jerez de los Caballeros, la “Cerriana” que cita el historiador Plinio, o la “Xerixa” árabe; Medellín, la romana “Caecilia Metellina” y Trujillo, la antigua “Turgalium”, la que ensalzan sus hijos cuando cantan “Trujillo es el pueblo más bello de España / y el que lo dude que pase por él, / que venga y compruebe que a nadie se engaña/ que aquí se derrama la sal a granel”. Colonizadoras todas ellas en el Nuevo Mundo como otras muchas localidades extremeñas.
Y la entrañable y hospitalaria Calzadilla de Cáceres, pionera en esta Autonomía de la organización, con excelente acierto y brillante resultado, del I Congreso para el estudio, fomento y difusión de las raíces lingüísticas extremeñas, que cede hoy el testigo, con renovada ilusión, a esta generosa localidad hermana de San Pedro de Mérida en el II CONGRESO DEL DIALECTO O HABLA EXTREMEÑA, con el mismo espíritu científico y emocional que la motivó, movilizándola hace dos años cuando, como una sola persona, colocó la primera piedra en un proyecto común, apasionante, que involucraba a todos los extremeños en la búsqueda y valoración de su pasado lingüístico, la forma más genuina de manifestación de todos sus sentimientos y la manera de recuperar decididamente, para la posteridad, toda la valiosa gama cultural que encierra este tesoro filológico extremeño, “esta perla por pulir” como alguien llamara un día al Dialecto o Habla Extremeña.
El Pueblo Extremeño aprendió a expresar sus más puros e íntimos sentimientos, sus más nobles deseos en castúo, “el dulce castúo que pregona la cercanía de Sevilla”, en “hurdano”, en “mañegu”, “lagarteiru”, “valverdeiru”, “falas” estas últimas tan características, originales y sorprendentes del Valle de Jálama, practicadas hoy en las localidades de Eljas, San Martín de Trevejo y Valverde del Fresno, “parrando” en la forma más racial de un Pueblo que manifiesta realmente su alma en su habla, con historia que ha fraguado la arrolladora e inequívoca personalidad de los hombres y mujeres de esta tierra.
No estamos hablando de un fósil ni de restos arqueológicos, proclama el incansable, esforzado y animoso defensor de estos temas, Domingo Frades Gaspar, sino de algo vivo que ha constituido y sigue constituyendo el medio normal de comunicación de los hablantes de numerosas comarcas extremeñas. Hay formas dialectales en Extremadura igual de variadas que su sorprendente paisaje. Y esto no es una catástrofe sino toda una riqueza de posibilidades o formas múltiples de comunicación. No podemos negar, entonces, que en Extremadura se habla algo más que el castellano. “LA VERDAD ES LA VERDAD, DÍGALA AGAMENÓN O SU PORQUERO”.
Estaríamos negando el goce, el encanto expansivo y la delicia contagiosa que encierran las hablas de Guijo de Galisteo, de Tierras de Alcántara, del habla de Acehúche, de Montehermoso, de Santibáñez El Bajo, de Pinofranqueado, de Garrovillas de Alconétar, (“Ha muerto fulano, ¡ ay, el cutaíno “¡) o los versos de Gabriel y Galán, de Luís Chamizo, de Javier Feijóo... o la sabiduría añeja, enriquecida por el tiempo, en los versos y escritos, de Ramón García-Plata de Osma, José Ramírez López Uría, Rufino Delgado, Manuel Llano... y otros incontables mantenedores y difusores del dialecto o habla extremeña.
El propio Nebrija proclamó ya en su época: “El idioma es instrumento de imperio; el dialecto, afirmación de personalidad”.
Así, podemos afirmar también con Federico García Lorca, que perder el orgullo de la propia manera de hablar, de la propia lengua es perder el orgullo del propio ser. Por otra parte, no es posible seguir pensando todavía en una nación férreamente homogénea; ésa fue la España del siglo XIX, advierte Fernando García de Cortázar en su reciente obra publicada “Álbum de la Historia de España”.
Federico Onís, estudioso distinguido en estos temas, se lamentaba en una carta dirigida en 1902 a don Ramón Menéndez Pidal:” Paeci mintira que non se coñoza nosa Patria hasta o puntu que vivamus tantus españois sin tel siquiera nuticia de estis rincons, de una naturaleda tan linda do mais lindu que hay en España”.
Siempre hemos oído decir que no hay vida completa sin volver a nuestras raíces. Y que el Pueblo que olvida su historia, pierde su propia identidad y deja de ser un pueblo diferenciado. Solo los pueblos con solera salen ganando del vendaval de la barbarie, del túnel de la ignorancia, triunfantes siempre con la VERDAD. Antonio Machado nos ha hecho reflexionar mucho con estos sus versos:
¿ Tu verdad ? No, la VERDAD.
Y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.
Y el escritor latino, Epicteto, dejó también a la posteridad:
Engrandecerás a tu pueblo
No elevando las fachadas
De sus viviendas, sino el alma
De sus habitantes.
Con este ambicioso y noble proyecto, nos hemos dado cita de nuevo aquí, en San Pedro de Mérida, proclamando sin complejos que con estas iniciativas culturales seguiremos buscando nuestras raíces lingüísticas e irán desapareciendo, sin duda alguna, los negros nubarrones que durante tantas décadas han ensombrecido con su malévola oscuridad los entresijos de nuestra mente, manteniendo con su miopía endémica un complejo de inferioridad lingüístico, totalmente injustificado, en las capas más humildes del Pueblo y, en otros sectores sociales, una indiferencia casi total, un olvido inexplicable, una apatía permanente, un descuido conjurado, una claudicación deleznable y, sobre todo, una desidia oficial, generalizada, en detrimento del goce y disfrute de lo que se ha dado en llamar la realidad histórica de las Hablas Extremeñas, cuyo interés venimos recuperando seriamente, respetando, valorando y homenajeando, incluso, a cuantos extremeños, escritores, poetas e investigadores, enamorados de su Tierra, se han desvivido con trabajos anteriores, iluminando con la luz de su palabra la oscuridad de la ignorancia en esta tarea tan apasionante.
En la empresa por la Cultura, nunca se fracasa; siempre hay quien recoge.
Somos conscientes de que, aún hoy, se dejan notar desgraciadamente en la sociedad actitudes de separación social de clases, fomentada por una barrera con indudable base lingüística que hemos de eliminar sintiéndonos orgullosos de nuestra Habla, de nuestro Dialecto y así impondremos, primero, sorpresa, luego, interés y, finalmente respeto.
Marché de Calzadilla no sólo fortalecido por las mejores muestras de vuestra amistad, cariño, hospitalidad y simpatía sino también enaltecido con vuestro sorprendente y variado Patrimonio lingüístico y la rica experiencia que tan preclaros participantes nos fueron devanando con la clara exposición de sus saberes en aquel I CONGRESO DEL EXTREMEÑO, de tan grata memoria, en Octubre de 2002.
No he permanecido en silencio durante esta ausencia obligada. Una lógica y merecida respuesta, a mi vuelta a Andalucía, se puso de manifiesto dándole a los contenidos del Congreso toda la difusión que se hallaba a mi alcance, (Charla en la “Casa de Extremadura”, comentarios en radio, televisión, periódicos y revistas...etc).
Resulta meritorio y encomiable valorar el esfuerzo de cuantos se han desvivido anteriormente por mantener y revitalizar su “fala”. Por otra parte, es digno y justo citar también aquí y ahora, como auténtica avanzadilla en la batalla lingüística de tan extenso Territorio, la aparición de la Gramática Extremeña, consecuencia de las inquietudes, fruto de las investigaciones y muestra palpable del inmenso cariño que don Pablo Gonzàlvez González, ponente en el Congreso, ha sentido y siente por todo lo que sabe o huele a Cultura de su Tierra, así como El Diccionario Extremeño del catedrático de la Universidad de Extremadura, Sr. Viudas Camarasa, que también nos honró, como otros prestigiosos ponentes, con una extraordinaria exposición sobre las lenguas de Extremadura en aquel Primer Congreso de Calzadilla.
Calzadilla de Cáceres es hoy ya algo más que un punto cualquiera de la “Imago mundi”. Ha sido el faro que ha venido iluminando con claridad las dudas e inquietudes que han logrado confundir hasta el exceso, lingüísticamente, a los hijos de estas hermosas y entrañables Tierras de España, creando en ellos el consecuente pero injustificado complejo de inferioridad lingüístico.
Y es que Extremadura tiene alma propia, con un regionalismo sano y patriótico que, lejos de ser nocivo y perjudicial, es una necesidad y una obligación que se impone en la búsqueda del engrandecimiento de esa España tolerante y plural en su cultura, valores que tanto enriquecen hoy a los seres humanos.
Siempre se ha dicho que no se ama lo que no se conoce. Por eso es obligación de los Poderes Públicos contribuir y facilitar en beneficio de los ciudadanos la información de todo lo que puede proporcionarles conocimientos, seguridad, progreso, experiencia y sano orgullo de pertenecer, sin fanatismos fatuos, a un Pueblo con Historia, como es El Extremeño.
De nuevo me encuentro entre vosotros. No dudé un instante en aceptar gustoso la privilegiada invitación con la que Pedro Cañada, que sólo persigue la promoción cultural de los hijos de esta noble Tierra, de nuevo me distinguía. “Pláceme de muy buena voluntad; también lo merece San Pedro de Mérida, siguiendo los pasos de aquella localidad del norte de Cáceres, de casas grises, calles y plazas limpias y almas blancas. ”
“No he nacido para un rincón; mi Patria es todo el mundo”, proclamaba el filósofo cordobés, Séneca.
Vengo de una Tierra con idénticas inquietudes y aspiraciones que la vuestra, que también busca con ahínco las raíces que nos constituyen en sujeto activo de un cambio histórico. La tierra de Elio Antonio Martínez de Cala y Jaraba, más conocido como Antonio de Nebrija.
Extremeños y andaluces compartimos con sano orgullo y gloria común la Buena Nueva que inundó de júbilo al Mundo de la Cultura, con la aparición pública, el 18 de agosto de 1492, de aquella Primera Gramática de una lengua viva en toda Europa: la Gramática de la Lengua Castellana, acontecimiento de vital importancia que se sumaba al Descubrimiento de América y a la Conquista de Granada.
Y es que, amigos, aunque Antonio de Nebrija, gran filólogo y humanista, catedrático en Alcalá de Henares, Salamanca, Mantua, “patria chica del inmortal Virgilio” y Bolonia, ciudad de importancia fundamental en la forja del joven lebrijano, “ que puso en orden la ruda fabla del medievo español”, con fuertes controversias con Juan de Valdés, de la Escuela Toledana, era andaluz, dicho texto de la Primera Gramática Castellana, así como el Primer Diccionario de la Lengua, ambos fueron escritos en la localidad extremeña de Zalamea de la Serena (Badajoz), donde residía mi ilustre paisano, testigo excepcional de los avatares que cambiaron para siempre la historia del mundo, bajo el mecenazgo del último Maestre de Alcántara, don Juan de Zúñiga, quien supo aglutinar en dicho pueblo, que posteriormente sería inmortalizado por Calderón de la Barca, (“El alcalde de Zalamea”) a figuras tan notables como Nebrija, al astrólogo Abasurto, al músico Juan de Trejo y Solórzano y a otras eminentes personalidades de la época en lo que podría denominarse, sin presunción alguna, “La Primera Universidad Extremeña”. Y así poder proclamar consecuentemente con sano orgullo: “ hubo buen vasallo porque hubo buen señor”.
Y termino para no agotar vuestra paciencia. Hemos de colocar al extremeño en el justo pedestal que le corresponde ya que cumple a la perfección con la función comunicativa, misión primordial de las grandes lenguas, que practica la economía del lenguaje como las principales lenguas de la Humanidad, siendo, sobre todo, una valiosa reliquia a conservar del riquísimo Patrimonio cultural del Pueblo Extremeño, a través de los siglos, “lo más grandioso del intelecto humano” y una declaración de amor a sus valles, a sus pueblos, a sus paisanos, a su “fala”.
Si Menéndez y Pelayo proclamaba “que la lengua castellana no nació para decir herejías”... tampoco el dialecto extremeño y las hablas locales de nuestros Pueblos nacieron con otro cometido que no fuera el mejor medio de expresión de sus más nobles sentimientos y de sus más vivos deseos.
Extremadura es eterna como su paisaje, como las virtudes de su gente. Y no ha nacido hijo de mujer de esta tierra que sea capaz de labrar jamás el frío epitafio de su sepultura. Porque, como decía el escritor latino Lucio Apuleyo “individualmente somos mortales pero, colectivamente, somos inmortales”.
Y como defendía Camilo José Cela “No usemos la lengua para la guerra y menos para la guerra de las lenguas, sino para la paz y, sobre todo, para la paz entre las lenguas”.
Alcalá de Guadaíra – Octubre – 2004
San Pedro de Mérida-Octubre-2004
Fdo. Antonio León Román.
Profesor-investigador.