Es
difícil aportar datos concretos acerca de la población de Benajarafe, ya
que hemos constatado la existencia de graves errores en el padrón
municipal. Sólo podemos afirmar que se ha incrementado de modo importante en
los últimos años y que hoy registra la tasa de crecimiento más elevada
de todo el municipio.
Así,
el padrón de 1991 da la cifra de 1.781 habitantes, lo que prácticamente
iguala la cifra de 1960.
Más
preciso y actual es el censo utilizado en las últimas convocatorias
electorales, que arroja las siguientes cifras:
1.051
votantes (1991), 1.184 (1995), 1,421 (1999) y 1.409 (2000)
Si
añadimos a esas cifras los menores de edad y, sobre todo, los residentes
no censados, por estar inscritos en otra localidad o por ser extranjeros,
la cifra no debe andar en ningún caso por debajo de los 3.000/3.500
residentes fijos, a los que debemos añadir la gran cantidad de población
que tiene aquí su segunda vivienda o los turistas, que frecuentan nuestro
pueblo tanto en verano como en invierno.
Lo
dicho se apoya en algunos datos derivados del censo de 1991, que daba para
Benajarafe un 79% de población no nativa, entre la que cabe destacar un
18% de extranjeros. No nos cabe duda de que estas cifras han crecido
significativamente en los últimos nueve años.
La
población de Benajarafe vivía hace veinte años de la agricultura y de
la pesca, actividades que se han reducido mucho.
El
desarrollo turístico ha impulsado el empleo en la construcción y, sobre
todo, en los servicios, constituyendo hoy la base económica de la
localidad.
Un
símbolo de esta situación lo constituye el varadero de las barcas de
pesca, del que ofrecemos sobre estas líneas una vista parcial.
Aunque
se mantiene, se ha reducido mucho el número de embarcaciones que lo
utilizan y es invadido durante el verano por decenas de bañistas, lo que
ocasiona no pocos inconvenientes a la hora de sacar o de varar las
embarcaciones.

La
actividad pesquera se ha reducido debido a la sobreexplotación, como en
tantos otros lugares, aunque aún se siguen obteniendo capturas de
boquerón, jurel, sardina, o el hoy ilegal chanquete, pescaíto delicioso
y diminuto cuya pesca acarrea inevitablemente la de los alevines de otras
especies que se desarrollan cerca de la orilla.
Se
pesca artesanalmente, como se aprecia en la fotografía superior, e
incluso utilizando barcas más pequeñas para tender una red que luego se
arrastra desde la orilla (copo).
También
abundan los pescadores de caña (en la orilla) y los de chambel (en alta
mar).
El
descenso en la producción agrícola tiene relación, como en otros
lugares, con las bajas rentas que produce, que no pueden competir con los
salarios que pueden obtenerse en los servicios.

Y
es el turismo quien está cambiando el aspecto de Benajarafe,
transformando el paisaje rural de las lomas de Benajarafe
Alto, que describimos en otro lugar, por el exótico bosque
artificial en el que brotan chalés, como se aprecia en esta vista de la
zona oriental de la Urbanización Río Adelfas.

La
construcción de chalés se ve acompañada. cada vez con mayor
frecuencia, por grupos de adosados de precio más asequible pero que, al
no superar en ningún caso las tres alturas, mantienen de momento a
nuestro pueblo al margen de las grandes aglomeraciones en que se han
convertido otras localidades de la costa cercanas a la nuestra.
En
la fotografía, panorámica de la zona occidental de la misma
urbanización.