10º Aniversario de un "DESASTRE"
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REFLEXIONES
MP EN ACEREDO
ADIOS TIERRA TAN QUERIDA
MOTIVO DE NUESTRA HUELGA
ADIOS PUEBLOS DE AQUEL VALLE
QUE POR TI HICIMOS FUERZA
 
ADIOS VALLE TAN BONITO
OLVIDO DE TODA ESPAÑA
NO TE OLVIDAREMOS NUNCA
TE LLEVAMOS EN EL ALMA
 
ADIOS TIERRA DE AQUEL VALLE
TRONCO DE TODAS LAS FLORES
ADIOS TIERRAS DE MI INFANCIA
DONDE QUEDAN MIS AMORES
 
NUESTROS PUEBLOS SE NOS QUEDAN
ANEGADOS POR EL AGUA
LO MISMO QUE NUESTRAS CASAS
QUE LLEVAMOS EN EL ALMA
Estos versos escritos durante la huelga de hambre desarrollada en Lobios, nos trasladan el sentimiento de todos los que vivieron y amaron estas tierras. En esas letras se recoge el amor de un pueblo agonizante y empeñado en no perder nunca la memoria, aferrándose a la vida a través de ese cordón umbilical que establece el tiempo, la comunidad, la tradición, la pasión que nos envuelve a todos cuando salimos a defender ese lugar que nos vió nacer.

CON ESTE REPORTAJE PRETENDO REMEMORAR AQUELLOS DÍAS TAN DESGRACIADOS PARA LAS GENTES QUE HABITABAN ESTOS PUEBLOS, SIN QUERER AHONDAR EN LA HERIDA NI MUCHO MENOS EN LOS SENTIMIENTOS DE TODOS LOS QUE SUFRIERON ESTE DESASTRE, INTENTANDO DEJAR CONSTANCIA DE LO SUCEDIDO Y QUE NO ABANDONE NUESTRA MEMORIA. ¡OJALÁ QUE NUNCA MÁS SUCEDA ALGO SIMILAR !

IGLESIA EN ACEREDO

Cualquier momento sería bueno para recordar los felices instantes que viví en tan preciado valle, pero comenzaré este reportaje en el verano de 1991, aunque habrá referencias a otras fechas que a lo largo de los años han marcado el destino de esta gente y sus pueblos.

El verano de 1991 es diferente en la Baixa Limia, y mucho más en Aceredo, Buscalque, O Bao y A Reloeira. Se trata del último verano en estos pueblos (resulta tan sencillo decir el último, pero para los vecinos de estos pueblos y para los que vivimos en los colindantes esto no deja de ser más que una tragedia).

Una de las fechas más significativas sin duda es el 25 de Julio (Santiago Apóstol): fiesta en el pueblo de Aceredo. Los que vivimos esa última fiesta palpamos y observamos el ambiente que se respiraba en un día tan señalado para todos, nos dimos cuenta que aquella celebración tenía un valor añadido, pues ya nunca más nos juntaríamos en un sitio tan hermoso como el lugar de celebración de los festejos, en el que sus árboles centenarios y sus caminos de tierra empapaban el ambiente musical y conseguían que los bailes fueran distintos a los de otros lugares; en otro lugar no sonaría ni se expresaría la gente de igual forma. ¿Qué podemos decir de las comidas familiares, donde todas las casas se llenan para celebrar el Santo Patrón, donde las familias van y vienen de una casa a otra para saludar a los vecinos, amigos o simplemente tomar una copa de cofraternidad junto a esos seres queridos que cada año se reencontraban allí?.

PROCESIÓN ENTRANDO EN EL ATRIO DE LA IGLESIA EN ACEREDO

Pero el 25 de Julio de 1991 es distinto, se respira tensión reflejando una desesperación difícil de contener, las miradas buscan cada esquina, cada flor, cada piedra, el fin del pueblo está próximo y nadie entiende nada, todos nos preguntamos: ¿por qué?. Nunca olvidaremos aquella última misa con su procesión hasta el Cruceiro situado al lado del comercio do Parranda, tampoco dejaremos de acordarnos de aquellos bailes fríos y distantes amenizados por la Banda de Lobios, en los que la gente buscaba un atisbo de alegría, una salida, el volar imaginándose que siempre estarían allí cada 25 de Julio; quizás en lo más profundo del sentimiento de cada cual estaba la necesidad de asumir lo que se les avecinaba y de una u otra forma escapar de todo lo que les rodea, tal vez recordar a aquellos que ya no están y tanto amaron estos lugares y sus gentes, a lo mejor la desesperación producida por un hecho de esta magnitud anima a dejar atrás esos malos pensamientos para buscar en cada nota musical un colchón en el que descansar su desánimo, esbozando una sonrisa sin pasión, tenue, marchita, con los ojos perdidos, sin brillo, sin vida.

Todo resultaba distinto, extraño, tirante, la tarde nos aplastaba mientras todos se abrazaban a la vez que percibíamos la tensión. Todos querían estar allí, nadie pretendía irse a tomar un café a otro lugar, era manifiesta la necesidad de seguir, de permanecer observando todo y a todos.

Caída la noche y de nuevo sentados a la mesa la cena dejaba hueco a las palabras. La comida se convertía en una carga resultando de alguna manera insípida, indigesta, para muchos intragable; las palabras y los sentimientos lo llenaban todo.

CAMPO DE LA FIESTA EN ACEREDO "CASA DE LOS PRETAS"

Una vez más la gente se encamina al campo de la fiesta, los fuegos explotan la tensión y el río -padre de estas tierras- discurre junto a la madre tierra para esbozar su música y hacer acto de presencia en esta despedida anunciada pero nunca esperada, víctima y verdugo, amado y denostado, el río de aquel 25 de Julio permanece tranquilo.

La noche se vislumbra apacible, calurosa, una típica noche de Julio en Aceredo. La verbena resulta desangelada, y de una u otra manera se tiene la necesidad de que termine pronto pero de que no acabe nunca, de que llege el momento de retirarse a casa, apesadumbrados y angustiados por no poder volver a repetir estos actos tan respetados y queridos por todos, desesperados por no poder retroceder esa máquina del tiempo que se vuelve impasible.

Cada persona podría escribir un libro con todo lo que esa larga noche le abordó el pensamiento, quizá la noche más larga, noche de la que difícilmente desearían despertar. Al despertar, la triste realidad volvía a protagonizar las vidas de estos vecinos que lucharon por lo suyo con la sabiduría y la valentía implícita en sus genes, genes heredados de los primeros pobladores de estos valles (aquellos Calacoi).

A todos los que han vivido y luchado por estas tierras. SUSO.

 

Fotografía del Valle de Aceredo en el primer plano, al fondo vemos tambien Quintela y Buscalque.

Sobran las palabras para describir este magnífico valle con estupendas tierras de cultivo.

Fotografía cedida por: Emilio Paz Araujo

VALLE ACEREDO

CONTINÚA EN LA 2ª PÁGINA

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Mis agradecimientos a Miguel A. Díaz Rodríguez por sus fotos, a Mª P. Paz Garrido por sus fotos y el apoyo incondicional a este reportaje, a Jesús M. Álvarez Plaza por las fotos enviadas y por supuesto a Emilio Paz Araujo por dejarme fotografiar el cuadro que ocupa un sitio principal en el salón de su casa "El Valle".
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