Quo vadis, Riocaldo?
El manantial termal de Riocaldo,
a vista de pájaro se encuadra en el núcleo central del
Parque Natural del Xurés y, desde una perspectiva espacial
y matemática, se sitúa justo en el centro de gravedad
del Parque Nacional Peneda-Gerês luso. Por eso, Riocaldo constituye
el corazón de una de las áreas naturales más
interesantes de Europa. Un corazón que, además, late
al misterioso ritmo cardíaco de las mareas oceánicas.
De estas mareas que se detectan en sus charcas, hablaron personas
ilustres de antes: Murguia, Risco, Alonso y otros. La versión
de Benito Fernandez Alonso, hace cien años, decía que
“con el flujo y reflujo de sus hirvientes aguas fluyen a los
empujes del alta y baja marea; eso es tan de admirar cuando se considere
la distancia a que se hallan del gran océano, sin explicarse
la razón de fenómeno tan patente como extraordinario”
Las termas de Riocaldo fueron glorificadas, como no, por los romanos
que aprovecharon públicamente sus salutíferas aguas,
a las que nombraban como Aquas Origines en el siglo II y Aquas Ocerensis
en el siglo IV.
A la esencia mágica de esta agua, derivada de su condición
medicinal, hay que añadirle un papel relevante en la conservación
de la cultura tradicional local, mediante su explotación económica
que reportó una importante contribución a la gestión
de las leyes comunitarias que rigieron la población de Riocaldo
desde tiempos inmemoriales, y, desde diversos frentes: la conservación
de la Ermita del Xurés, el arreglo de caminos parroquiales,
la construcción de cabañas pastoriles, puentes y dixurros.
Aun se recuerda como fue adquirida en Lisboa la campana pequeña
del Xurés a principios de siglo con fondos comunitarios de
los baños.
Pero, un episodio descorazonador pone en peligro la supervivencia
de Riocaldo. Justo encima del manantial aludido, se está construyendo
un macro hotel gestionado por capital privado, y que va ahogar a los
ojos de los vecinos y en beneficio propio, el manantial termal para
siempre. Por si fuera poco, se va a encauzar el Rio Caldo 200 metros
aguas arriba, arruinando definitivamente el marco de extraordinario
potencial biológico sobre el que se halla asentado el balneario.
Al amparo de no sé que normas, de curiosas generosidades, de
vaporosas promesas, de trámites supuestamente legales, y sobretodo,
con una preocupante falta de información a los vecinos afectados,
surge palmo a palmo la construcción de la mole granítica
que aplastará el corazón del Xurés. Habrá
probablemente leyes que autoricen esta obra, pero, el espíritu
de esas mismas leyes quedará seriamente quebrantado.
De nada servirá entonces que inquietos investigadores trabajen
en la línea de ver si de Rivus Calidum (nombre dado a Riocaldo
hasta el siglo XIII) procede el étimo Cal- de la tribu Calecia,
pobladora del Xurés y víctima de las tropas de Decio
Junio Bruto, que dio el nombre a Galicia, e incluso, (si no falla
la opinión de mi ilustre amigo, el profesor universitario de
Lisboa, Manuel Antúnez) el nombre a Portugal (Portus Calem).
Como dice un vecino de Riocaldo “Os nosos descendentes terán
todo o dereito a reclamarlle a esta xeración a fraqueza e a
covardía de deixar que veñan de fora e nos quiten hasta
a propia seña de identidade: os baños (¡Se meu
avó levantara a cabeza!)”.
José Lamela Bautista