LAS TIERRAS DE ARAUJO
Las tierras de Araujo se sitúan
entre Lobios y Salas y, tienen un origen que se remonta a los duros
tiempos de la reconquista; es un lugar donde se conjugan la fertilidad
de la tierra de sus valles con los elementos naturales de defensa
que ofrece la sierra del Xurés, y donde, antaño, imponía
su ley un castillo que fue baluarte defensivo de esta zona en toda
la edad media: el Castillo de Araujo.
La roca granítica que corona el pico del castillo, a la que
se puede subir fácilmente por los escalones que lleva insculpidos,
servía de aljibe; la oquedad interior de la roca se modeló
a golpe de pico hasta conseguir una capacidad de 5.000 litros de agua,
lo que permitía a los defensores del castillo resistir semanas
de asedio.
La primera noticia escrita que nos llega del castillo, es a través
de una carta de donación que le hace el Rey Fernando II al
Obispo de Ourense y que habla de su reconstrucción en el añi
1.176 y, la última, se refiere a su demolición durante
las guerras lusitanas hace tres siglos.
El ilustre apellido Araújo fue tomado de estas tierras en el
siglo XIV.
El progenitor de todos los de este apellido, Vasco Rodríguez
de Araújo, desciende del Marqués de Montevelo y, entre
sus ascendientes principales se encuentra la Condesa de Alambert,
de sangre real francesa, casada con Rodrigo el Velloso, bisnieto del
rey Ramiro III de León. Loa Araújo portugueses descienden
del hijo de Vasco, Pedro Anes, que en 1.383, en tiempos de Fernando
I, se pasó a Portugal.
El dominio de esta zona por la estirpe de los caballeros de Araújo
prevaleció durante muchos años; fueron señores
de los castillos de Araújo, Lindoso, Leboreiro y Milmanda y
de casi todas las tierras de Baixa Limia y Xurés. Por méritos
propios, destacó entre todos Payo Rodríguez, embajador
de Castilla por Juan I y comisionado para traer de Aragón a
la reina Santa Isabel de Portugal.
Los caballeros de Araújo, en aquel entonces, poseían
y ocupaban con sus enormes vacadas la totalidad de la sierra del Xurés.
Con la muerte de Payo y de sus hijos Payo y Lopo, comenzaron las desavenencias
territoriales entre las poblaciones fronterizas por la posesión
de los pastos, lo que ocasionó la división de la sierra
en dos partes; las mismas que hoy constituyen los parques internacionales
del Xurés/Gerês.
Es notorio el carácter avasallador de algunos caballeros de
Araújo. Dicen las crónicas que los vecinos de la aldea
de Soajo presentaron denuncia al rey contra estos caballeros, porque
permanecían mucho tiempo en la aldea inquientando a sus damas;
el rey, entonces, les concedió un raro privilegio a los soajenses
del que se sentían muy orgullosos: Ningún hidalgo podía
permanecer en Soajo más tiempo de lo que tardara en enfriarse
un pedazo de pan caliente ensartado en la punta de una lanza.
Curiosa forma de medir el tiempo que, dirían algunos, valdría
también hoy para aplicar a ciertos políticos.
José Lamela Bautista