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JOSÉ LAMELA BAUTISTA

LAS TIERRAS DE ARAUJO

Las tierras de Araujo se sitúan entre Lobios y Salas y, tienen un origen que se remonta a los duros tiempos de la reconquista; es un lugar donde se conjugan la fertilidad de la tierra de sus valles con los elementos naturales de defensa que ofrece la sierra del Xurés, y donde, antaño, imponía su ley un castillo que fue baluarte defensivo de esta zona en toda la edad media: el Castillo de Araujo.
La roca granítica que corona el pico del castillo, a la que se puede subir fácilmente por los escalones que lleva insculpidos, servía de aljibe; la oquedad interior de la roca se modeló a golpe de pico hasta conseguir una capacidad de 5.000 litros de agua, lo que permitía a los defensores del castillo resistir semanas de asedio.
La primera noticia escrita que nos llega del castillo, es a través de una carta de donación que le hace el Rey Fernando II al Obispo de Ourense y que habla de su reconstrucción en el añi 1.176 y, la última, se refiere a su demolición durante las guerras lusitanas hace tres siglos.
El ilustre apellido Araújo fue tomado de estas tierras en el siglo XIV.
El progenitor de todos los de este apellido, Vasco Rodríguez de Araújo, desciende del Marqués de Montevelo y, entre sus ascendientes principales se encuentra la Condesa de Alambert, de sangre real francesa, casada con Rodrigo el Velloso, bisnieto del rey Ramiro III de León. Loa Araújo portugueses descienden del hijo de Vasco, Pedro Anes, que en 1.383, en tiempos de Fernando I, se pasó a Portugal.
El dominio de esta zona por la estirpe de los caballeros de Araújo prevaleció durante muchos años; fueron señores de los castillos de Araújo, Lindoso, Leboreiro y Milmanda y de casi todas las tierras de Baixa Limia y Xurés. Por méritos propios, destacó entre todos Payo Rodríguez, embajador de Castilla por Juan I y comisionado para traer de Aragón a la reina Santa Isabel de Portugal.
Los caballeros de Araújo, en aquel entonces, poseían y ocupaban con sus enormes vacadas la totalidad de la sierra del Xurés. Con la muerte de Payo y de sus hijos Payo y Lopo, comenzaron las desavenencias territoriales entre las poblaciones fronterizas por la posesión de los pastos, lo que ocasionó la división de la sierra en dos partes; las mismas que hoy constituyen los parques internacionales del Xurés/Gerês.
Es notorio el carácter avasallador de algunos caballeros de Araújo. Dicen las crónicas que los vecinos de la aldea de Soajo presentaron denuncia al rey contra estos caballeros, porque permanecían mucho tiempo en la aldea inquientando a sus damas; el rey, entonces, les concedió un raro privilegio a los soajenses del que se sentían muy orgullosos: Ningún hidalgo podía permanecer en Soajo más tiempo de lo que tardara en enfriarse un pedazo de pan caliente ensartado en la punta de una lanza.
Curiosa forma de medir el tiempo que, dirían algunos, valdría también hoy para aplicar a ciertos políticos.

José Lamela Bautista

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