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Inés
-das Laxas- (Entrimo)
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ACEREDO: EL TITANIC QUE EMERGE
En términos ambientales, cuando un embalse nace, mucho es lo
que muere. Pero, también es cierto que, tras la devastación
que origina, las leyes de la naturaleza hacen el milagro que la vida
vuelva a renacer otra vez en cuanto se realizan las transformaciones
biológicas necesarias que permitan sustituir el antiguo ecosistema
por otro diferente, aunque para ello tengan que transcurrir muchos años.
En el caso de que la víctima del embalse sea un pueblo, la muerte
violenta ocasionada por la pérdida de su sitio de asentamiento
y la dispersión del grupo humano, tiende a resultar definitiva.
Solamente consigue sobrevivir a la hecatombe aquella comunidad humana
que esté provista de antigüedad suficiente, intensa vida
en común e historia propia, como en el caso de Aceredo que, tras
el efecto de desorientación momentáneo de sus individuos,
renace como pueblo.
Sumergido hace pocos años en el embalse de Lindoso, Aceredo,
aparece otra vez a los lados de la nueva carretera como un grupo de
casas de excelente construcción, en las que interviene el granito
junto a otros materiales de gran calidad, unos metros encima de la cota
máxima del embalse, o sea, a unas decenas de metros de la antigua
población.
De Aceredo sabemos que su nombre proviene de la existencia de un bosque
de Aceres, y que, es solar del ilustre apellido Aceredo, emparentado
con el de Araujo, y muy extendido por España y Portugal. Con
este, la cuenca orensana del río Limia ha sido cuna de tres apellidos
solariegos famosos, basados en topónimos de sus riberas, de los
que se sienten orgullosos quienes los llevan: Lima, Aceredo y Araujo.
Los Aceredos fueron señores del Castillo de Aceredo del que solo
tenemos referencias por fuentes documentales. La ubicación probable
del castillo parece ser el espolón donde, desde el siglo XVIII,
campaba la Iglesia parroquial que vino del lugar de Manín, y
que, para salvarla del embalse, se trasladó a un nuevo emplazamiento,
esta vez en el lugar de Compostela, por lo que merece el curioso calificativo
de Iglesia trashumante. Es admisible que la desaparición del
castillo, así como la marcha de sus moradores a Portugal, esté
relacionada con las revueltas irmandiñas del siglo XV.
Disponemos de una amplia información sobre la genealogía
de los Aceredos, facilitada por sus propios descendientes residentes
en Portugal. En sus orígenes está Juan Tirant, de sangre
real francesa, que vino para España al servicio de Alfonso VI
de León. Juan Rodríguez de Aceredo, hombre honrado, nieto
de Vasco Rodríguez de Araujo, es quien da inicio a la generación
de los del apellido Aceredo. El Rey de Castilla armó caballero
a un ambicioso mancebo de esta familia, por su valentía en la
toma de la villa de Olmedo; de él dicen las crónicas que,
junto con otros ocho compañeros, consiguió colocar una
bandera encima de la muralla, propiciando el asalto y posterior victoria
sobre los moros, resultando gravemente herido.
El año 1991, con la noticia de que el embalse de Lindoso le dejaría
sepultado bajo las aguas, se reunieron en Aceredo decenas de personas
de este apellido procedentes de España y Portugal para mantener
un sentido encuentro de despedida del pueblo “que ha sido origen
del nombre que usamos, antes de que quede sumergido para siempre”.
Hoy, que su resurgimiento parece consolidado, sería un grato
testimonio de la evidencia de tal prodigio, que los mismos Aceredos
que asistieron a sus ¨”exequias”, volvieran a organizar
otro encuentro de carácter festivo para invocar su perpetuación.
José Lamela Bautista
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