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L a A n t á r t i d a E l C o n t i n e n t e B l a n c o |
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GEOGRAFÍA BIOLOGÍA HISTORIA VISIONES DE |
Tratado de la Antártida El continente más austral ha estado regulado por un tratado firmado en 1959, ratificado en 1961 y vigente por un período de treinta años, aunque prorrogable. Fue Estados Unidos el país que en 1948 inició una campaña internacional destinada a otorgar un estatuto de internacionalización a las tierras antárticas. Sin embargo, siete estados se opusieron a ello y plantearon reivindicaciones de soberanía. A fin de conseguir una mayor colaboración entre los científicos de los diferentes países que trabajan en el continente antártico, entre 1957 y 1958 se organizó el Año Geofísico Internacional, en el que participaron más de sesenta estados. Este clima de colaboración abrió el camino para que en el año 1959 se firmara el Tratado de la Antártida. Los Estados Unidos propusieron a los otros estados participantes en las actividades del Año Geofísico unirse en un acuerdo diseñado para hacer del continente un laboratorio internacional de investigación científica, así como para asegurar que éste sería utilizado sólo con fines pacíficos. Este tratado, firmado inicialmente por doce estados, fue el primero suscrito a la vez por la desaparecida Unión Soviética y Estados Unidos después del comienzo de la "guerra fría". Fue, por tanto, una manifestación del espíritu de la coexistencia pacífica y un inicio del deshielo. El tratado estipuló la desmilitarización y la no nuclearización de la Antártida. Los objetivos fundamentales eran dos: convertir la Antártida en un territorio pacífico y hacer de ella un núcleo de cooperación de todos los estados en el terreno científico, aunque los doce firmantes del tratado tuvieran un papel preeminente. Lamentablemente la cooperación no fue lo suficientemente grande en comparación con la envergadura de los programas de investigación exclusivos de algunos estados, naturalmente los más avanzados.
El tratado definía la Antártida como la región situada al sur de los 60º de latitud Sur, considerando tan sólo las tierras y las plataformas glaciares, no alta mar, lo que podía plantear considerables problemas en lo que respecta al mar territorial. Las partes consultivas del Tratado de la Antártida se ocuparon, desde la firma del mismo, de la protección del medio ambiente del continente y de la conservación de sus recursos naturales adoptando medidas para la conservación de la fauna y la flora antárticas. Así mismo desempeñaron un papel preponderante en la promulgación de dos importantes convenciones internacionales relativas a la conservación de los recursos vivos: la Convención de 1972 sobre la conservación de las focas de la Antártida y la Convención de 1980 sobre la conservación de los recursos marinos antárticos. Esta última se adoptó debido a la preocupación por el agotamiento de las reservas piscícolas de la Antártida, especialmente de los pequeños crustáceos que forman el krill, que podía tener efectos serios e imprevisibles sobre otras especies relacionadas y dependientes de él. En cambio, la Convención de Wellington de 1988 dio pie a la explotación minera, cuyas peligrosas consecuencias se intentó contrarrestar sin éxito en la Conferencia Consultiva de París de 1989, donde Francia y Australia abanderaron la propuesta de convertir el continente en reserva natural. Sin embargo, la mayor sensibilización por los problemas ecológicos permitió que 30 países firmaran el 4 de octubre de 1991 en Madrid el Protocolo para la Protección del Medio Ambiente de la Antártida, comprometiéndose a conservar inalterado este continente y a dedicarlo sólo a la investigación científica. A pesar de las iniciales reservas de Estados Unidos, que retrasaron la aprobación del Protocolo, se estableció que la prohibición de explotar los recursos minerales del continente blanco se mantendrá en vigor al menos durante medio siglo. Es verdad que transcurridos estos cincuenta años cualquiera de los países signatarios del Protocolo podría pedir su revisión. Pero para que ésta pudiera llevarse a cabo sería necesaria en la práctica la unanimidad de todos los países firmantes del Protocolo, ya que el veto de uno solo de ellos impediría su alteración. Así pues, se hace muy difícil cualquier modificación del último acuerdo internacional logrado sobre la Antártida, por lo que se puede decir que el continente blanco se encuentra indefinidamente a salvo de cualquier explotación minera. En los últimos años, la cooperación científica ha sido particularmente importante en lo que respecta al papel de la Antártida en la circulación atmosférica y oceánica global y en el clima del Planeta, especialmente a raíz de la aparición del agujero en la capa de ozono. |