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En la montaña palentina,
en el término municipal de La
Pernía, en la serranía del Valle de Redondo, en la
vertiente occidental del pico de Valdecebollas y junto a Covarrés, en un
pago denominado ‘las Hormazuelas’, sobre un canchal y junto a
éste, existen cerca de una veintena de círculos incompletos de pared de
mampostería de unos dos a cuatro metros de diámetro, y de una altura
máxima de un metro.
Por su forma se asemejan a restos de los tradicionales chozos de pared de
piedra y techo cónico de paja que aún se observan junto a las majadas,
construidos y utilizados hasta tiempos recientes por los pastores en
plena sierra. Sin embargo, su mayor tamaño, su número y su ubicación cuestionan
este uso y dan pie a su estudio, con la sospecha de que posean algún
valor histórico significativo.
I. EL OBJETIVO Y LOS LÍMITES DEL ESTUDIO
La finalidad de este estudio consiste en dar una serie de propuestas
interpretativas de la naturaleza y finalidad, y datar la construcción de
las paredes de las Hormazuelas. Ahora bien, en espera de investigaciones
arqueológicas, este estudio se basa en meras observaciones visuales sobre
el terreno por una persona no muy experta en cuestiones históricas.
Así mismo, las explicaciones que se sugieren se ponen en relación sólo
con reseñas relevantes de la historia de aquella región recogidas en los
anales. Como es obvio, este estudio no considera los datos históricos
desconocidos y que, llegado el caso, hubiesen sido las verdaderas razones
de la construcción de las paredes de las Hormazuelas.
II. LOS DATOS PARA EL ESTUDIO
Para la determinación de la naturaleza de estas paredes se deben
considerar los siguientes datos:
1. Los chozos
Se reconoce que, con la denominación de ‘chozos’, se da una
interpretación de la naturaleza de las paredes de mampostería de
estructura circular y de escasa altura, con enorme similitud con los
chozos pastoriles tradicionales. Sin embargo, ciertos datos hacen que se
cuestione esta finalidad: Primeramente, su número, cerca de la veintena
observables con mayor o menor facilidad sobre el terreno; así mismo, su
tamaño, la mayor parte de ellas más de un diámetro superior a los chozos
de pastores que aún se conservan por aquellas serranías. A esto se ha de
añadir la ausencia junto a estas construcciones de rediles para el
ganado.
2. El lugar
El estudio del lugar en que se asientan nos da una serie de datos de
interés sobre la finalidad y, por tanto, sobre la naturaleza de estas
construcciones. Se ha de tener en consideración que, por su número y
tamaño, dichos chozos albergaban un número de personas significativamente
alto. Habría, pues, que considerar una o varias actividades que les
diesen empleo y sustento. Una vez descartado su uso ganadero, hemos de
desechar tanto su finalidad agrícola, por lo agreste del lugar, como su
uso cinegético, por ser una zona de escasa presencia de animales
salvajes. Se debe de descartar, por tanto, que la razón de estas
construcciones sea una determinada actividad productiva.
Así mismo, llama poderosamente la atención que estos chozos se sitúen,
por una lado, en la ladera más sombría de una pequeña cordillera; y, por
otro lado, sobre un canchal y junto a éste. Este hecho induce a pensar
que dichas construcciones fueron hechas con premura, buscando la
inmediatez de materia prima, la piedra, evitando con ello cualquier
esfuerzo y demora en su transporte. Así mismo, considerando su
emplazamiento en una ladera sombría, se puede deducir que la construcción
de estos chozos fue realizada con una utilidad transitoria. De lo dicho
hasta ahora, se puede concluir que los chozos fueron edificados de una
forma apremiante para albergar temporalmente un número significativo de
personas.
3. Los topónimos
Los nombres de los lugares de aquella zona nos ofrecen una serie de datos
significativos:
a) Hormazuelas: De este nombre del lugar se extraen
datos sobre la antigüedad de las piedras: un término compuesto
morfológicamente de la raíz ‘hormaza’ (=pared) y de un sufijo
diminutivo: ‘-ela’; ambos antiguos y sin apenas uso en la
actualidad. El lugar recibió antaño su nombre por las paredes (chozos)
previamente construidas. La antigüedad de las paredes es, pues, mayor que
el término, de por sí antiguo, al que dan nombre.
b) Valdecebollas: Los chozos se sitúan junto a la
ladera occidental de este promontorio, del que se domina visualmente una
región muy amplia de terreno: los picos de Europa y casi toda la montaña
palentina. Puede ser significativo que dicho promontorio, a deferencia de
lo que puede inducir su nombre, no es valle ni es terreno idóneo para el
cultivo de cebollas. Habría, pues, que pensar en otra explicación de
dicha nomenclatura. Cabe entonces que sea derivación de un término
compuesto de origen latino: por un lado, Vallum/us (empalizada,
resguardo); y, por otro lado, ciporum (de estacas), decidum/us (arrasado)
o decedum/us (lejano).
Más aún, sobre la cima de Valdecebollas existe un hito de mampostería en
forma de cono escalonado truncado, de unos dos metros y medio de diámetro
y cuatro metros de altura, que se denomina en la actualidad ‘el
torreón’. Esto induce a pensar que ese hito sea el simple
apilamiento de las piedras que conformaban una torre. Finalmente, el
trayecto más corto para desplazarse desde las actuales localidades del
valle de Redondo hasta la cima de Valdecebollas se denomina
‘Viarce’, que puede tener su origen etimológico en via
(camino) y arcis (del baluarte).
Todos estos indicios llevan a considerar la existencia de un baluarte
militar en la cubre de Valdecebollas, esto es, en una zona estratégica
por la panorámica que se domina desde ella. Esta construcción militar
quizá fuese edificada inicialmente en madera y reedificada posteriormente
en piedra. Atendiendo a la etimología del nombre, se puede datar su
origen en una época en la que el latín era aún lengua de uso habitual.
c) Covarrés: Su origen etimológico está claramente
evidenciado en la
Carta-puebla de Brañosera, donde aparece nombrado como
‘Cobas Regis’ (las cuevas del rey).
4. Los textos antiguos
La Carta-puebla
de Brañosera (año 824) que, al establecer los límites del término del
pueblo, cita nombre de lugares de esa zona:
Ego Monnio Nunniz et uxor mea Argilo, […] damus vobis terminos, id
est, ad locum qui dicitur Cotopetroso, et per illum villare, et per illos
planos, et per illam civitatem antiquam, et per illum pradum Porquerum et
per illas Cobas Regis et per illa Penna robra, et per illa foce via qua
discurrent Asturianos et Corneconos, et per illum fixum Petrizum, qui est
in valle Verezoso, et per illum cotum medianum.
5. La tradición oral
Existe una explicación etiológica del nombre de ‘Covarrés’
recogida en la tradición oral que aún perdura en aquellos pueblos, que
afirma que dichas cuevas fueron el lugar de refugio de un ‘rey
cántabro’ y sus huestes tras una derrota militar. La fidelidad a
los hechos de esta explicación trasmitida verbalmente por las
generaciones de lugareños es de difícil valoración.
6. Conclusión
El estudio de los datos anteriormente mencionados señala la importancia
geoestratégica y evoca episodios militares en aquella zona durante la
baja Edad Media.
· El carácter castrense está determinado, por un lado,
porque en la cumbre de Valdecebollas, como ya se ha dicho, probablemente
existió un baluarte con amplio dominio de la zona; y, por otro lado,
porque ‘Covarrés’ (Cobas Regis) y la tradición oral sugieren
la presencia y estancia en ese recóndito lugar de un rey y, como es de
suponer, de su ejército.
· Su datación en la Baja Edad Media se
basa en la antigüedad de los topónimos de la zona, determinada
etimológicamente así como por la citación de ‘Covarrés (Cobas
Regis) en la
Carta-puebla de Brañosera, en el año 824. Este último
dato establece el término ad quem de referencia en la datación. El
término a quo no habrá de distanciarse mucho de este año puesto que los
avatares de historia y el suceder de pueblos (cántabros, romanos,
visigodos y árabes) provocarían la pérdida de costumbres y tradiciones.
Una vez que se ha descartado que la razón de la construcción de los
chozos fuese una actividad productiva (agricultura, ganadería y caza); a
la vez que se ha evidenciado su construcción apremiante y provisional;
cabe considerar que su edificación en esta zona durante la antigüedad
estuviese impelida por razones bélicas: como refugio de gentes o lugar de
defensa y ataque.
III. LA HISTORIA
Durante la época que consideramos, en torno al siglo
VIII, aquella región vivió los avatares de la conquista árabe y posterior
reconquista cristiana; siendo los principales episodios de estas
contiendas las sucesivas ocupaciones árabe y cristina de peña Cildá,
monte Bernolio y, sobre todo, peña Amaya. Se ha de tener en consideración
que estas ciudades fortalezas se sitúan en la otra vertiente de
Valdecebollas respecto de las Hormazuelas, aunque a cierta distancia.
Desde este promontorio son visibles a lo lejos algunas de estos castros.
1. La conquista musulmana
Refiere la historia que durante la conquista árabe, ante el imparable
avance de las huestes del caudillo Tarik, gran número de personas,
especialmente los nobles visigóticos y potentados, huyeron hacia el norte
de la península. Uno de los principales lugares de asilo fue la peña
Amaya, capital del ducado visigótico de Cantabria. Hasta que en el año
712, ante la inminencia de la llegada de los árabes, el duque Don Pedro
hubo de huir a las montañas con sus huestes, su gente y la venida del sur
de la península.
No es, pues, de extrañar que esos chozos hayan sido uno de los refugios
de esa gente, ya que:
a) Las Hormazuelas se sitúa en la falda opuesta de
Valdecebollas; siendo este pico un lugar idóneo para ocultar y resguardar
un número significativo de personas, así como para atisbar la llegada de
gente hostil.
b) Se da veracidad a la tradición oral que afirma que
Covarrés fue lugar de refugio de un ‘rey cántabro’ y sus
huestes tras una derrota militar. Sin embargo, esta interpretación se
opone a la literalidad de la Carta-puebla, que menciona: Cobas Regis
(las cuevas del rey); Don Pedro sólo era Dux (duque). Este noble visigodo
nunca poseyó título real; aunque con el tiempo llegó a ser consuegro de
un rey, Don Pelayo, y padre de otro rey, Alfonso I.
2. La reconquista cristiana
Por las razones anteriormente expuestas la vertiente occidental del pico
Valdecebollas, es un lugar idóneo para albergar un cuerpo de ejército
durante el primer estadio de la reconquista que controlase la frontera
del reino cristiano y como base para eventuales incursiones en terreno
hostil. Las Hormazuelas y las cuevas de Covarrés (Cobas Regis) serían,
pues, lugar de estancia de un rey asturiano del siglo VIII con un
contingente militar. De entre estos reyes, cabe reseñar a Alfonso I
(739-757), que reconquistó peña Amaya y que, por ello, estuvo por aquella
región.
IV. CONCLUSIÓN
De lo expuesto hasta ahora se puede deducir que las paredes circulares de
mampostería de las Hormazuelas han podido ser chozos construidos con
premura durante el siglo VIII, para dar cobijo temporalmente a un número
significativo de gente.
Dependiendo del peso que se confiera a la tradición oral o al dato
escrito, se pueden establecer dos fechas de construcción con finalidad
diversa:
— Si se da mayor peso al dato de la tradición oral, se
puede pensar que estos chozos albergaron a los huidos de peña Amaya en el
año 712 ante la amenaza de los árabes acaudillados por Tarik. Fueron,
pues, construcciones que dieron cobijo al derrotado duque (‘rey
cántabro’) Don Pedro, sus huestes, su gente y los refugiados
provenientes del sur de la península.
— Si se pone un acento mayor a la reseña de la Carta-puebla de
Brañosera (año 824), estos chozos y las cuevas contiguas (Cobas Regis)
fueron acuartelamiento de un contingente militar, comandado por un rey
asturiano del siglo VIII (¿Alfonso I?), para el control de la frontera
del reino cristiano y como base para eventuales incursiones y ataques en
zona árabe.
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