La Montaña Palentina

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VIARCE

LOS CHOZOS DE LAS HORMAZUELAS
Por Miguel Vicente Basterra Adán
2003

 

 

 

 

 

 

En la montaña palentina, en el término municipal de La Pernía, en la serranía del Valle de Redondo, en la vertiente occidental del pico de Valdecebollas y junto a Covarrés, en un pago denominado ‘las Hormazuelas’, sobre un canchal y junto a éste, existen cerca de una veintena de círculos incompletos de pared de mampostería de unos dos a cuatro metros de diámetro, y de una altura máxima de un metro.

Por su forma se asemejan a restos de los tradicionales chozos de pared de piedra y techo cónico de paja que aún se observan junto a las majadas, construidos y utilizados hasta tiempos recientes por los pastores en plena sierra. Sin embargo, su mayor tamaño, su número y su ubicación cuestionan este uso y dan pie a su estudio, con la sospecha de que posean algún valor histórico significativo.

I. EL OBJETIVO Y LOS LÍMITES DEL ESTUDIO

La finalidad de este estudio consiste en dar una serie de propuestas interpretativas de la naturaleza y finalidad, y datar la construcción de las paredes de las Hormazuelas. Ahora bien, en espera de investigaciones arqueológicas, este estudio se basa en meras observaciones visuales sobre el terreno por una persona no muy experta en cuestiones históricas.

Así mismo, las explicaciones que se sugieren se ponen en relación sólo con reseñas relevantes de la historia de aquella región recogidas en los anales. Como es obvio, este estudio no considera los datos históricos desconocidos y que, llegado el caso, hubiesen sido las verdaderas razones de la construcción de las paredes de las Hormazuelas.

II. LOS DATOS PARA EL ESTUDIO

Para la determinación de la naturaleza de estas paredes se deben considerar los siguientes datos:

1. Los chozos

Se reconoce que, con la denominación de ‘chozos’, se da una interpretación de la naturaleza de las  paredes de mampostería de estructura circular y de escasa altura, con enorme similitud con los chozos pastoriles tradicionales. Sin embargo, ciertos datos hacen que se cuestione esta finalidad: Primeramente, su número, cerca de la veintena observables con mayor o menor facilidad sobre el terreno; así mismo, su tamaño, la mayor parte de ellas más de un diámetro superior a los chozos de pastores que aún se conservan por aquellas serranías. A esto se ha de añadir la ausencia junto a estas construcciones de rediles para el ganado.

2. El lugar

El estudio del lugar en que se asientan nos da una serie de datos de interés sobre la finalidad y, por tanto, sobre la naturaleza de estas construcciones. Se ha de tener en consideración que, por su número y tamaño, dichos chozos albergaban un número de personas significativamente alto. Habría, pues, que considerar una o varias actividades que les diesen empleo y sustento. Una vez descartado su uso ganadero, hemos de desechar tanto su finalidad agrícola, por lo agreste del lugar, como su uso cinegético, por ser una zona de escasa presencia de animales salvajes. Se debe de descartar, por tanto, que la razón de estas construcciones sea una determinada actividad productiva.

Así mismo, llama poderosamente la atención que estos chozos se sitúen, por una lado, en la ladera más sombría de una pequeña cordillera; y, por otro lado, sobre un canchal y junto a éste. Este hecho induce a pensar que dichas construcciones fueron hechas con premura, buscando la inmediatez de materia prima, la piedra, evitando con ello cualquier esfuerzo y demora en su transporte. Así mismo, considerando su emplazamiento en una ladera sombría, se puede deducir que la construcción de estos chozos fue realizada con una utilidad transitoria. De lo dicho hasta ahora, se puede concluir que los chozos fueron edificados de una forma apremiante para albergar temporalmente un número significativo de personas.

3. Los topónimos

Los nombres de los lugares de aquella zona nos ofrecen una serie de datos significativos:

a)    Hormazuelas: De este nombre del lugar se extraen datos sobre la antigüedad de las piedras: un término compuesto morfológicamente de la raíz ‘hormaza’ (=pared) y de un sufijo diminutivo: ‘-ela’; ambos antiguos y sin apenas uso en la actualidad. El lugar recibió antaño su nombre por las paredes (chozos) previamente construidas. La antigüedad de las paredes es, pues, mayor que el término, de por sí antiguo, al que dan nombre.

b)    Valdecebollas: Los chozos se sitúan junto a la ladera occidental de este promontorio, del que se domina visualmente una región muy amplia de terreno: los picos de Europa y casi toda la montaña palentina. Puede ser significativo que dicho promontorio, a deferencia de lo que puede inducir su nombre, no es valle ni es terreno idóneo para el cultivo de cebollas. Habría, pues, que pensar en otra explicación de dicha nomenclatura. Cabe entonces que sea derivación de un término compuesto de origen latino: por un lado, Vallum/us (empalizada, resguardo); y, por otro lado, ciporum (de estacas), decidum/us (arrasado) o decedum/us (lejano).

Más aún, sobre la cima de Valdecebollas existe un hito de mampostería en forma de cono escalonado truncado, de unos dos metros y medio de diámetro y cuatro metros de altura, que se denomina en la actualidad ‘el torreón’. Esto induce a pensar que ese hito sea el simple apilamiento de las piedras que conformaban una torre. Finalmente, el trayecto más corto para desplazarse desde las actuales localidades del valle de Redondo hasta la cima de Valdecebollas se denomina ‘Viarce’, que puede tener su origen etimológico en via (camino) y arcis (del baluarte).

Todos estos indicios llevan a considerar la existencia de un baluarte militar en la cubre de Valdecebollas, esto es, en una zona estratégica por la panorámica que se domina desde ella. Esta construcción militar quizá fuese edificada inicialmente en madera y reedificada posteriormente en piedra. Atendiendo a la etimología del nombre, se puede datar su origen en una época en la que el latín era aún lengua de uso habitual.

c)    Covarrés: Su origen etimológico está claramente evidenciado en la Carta-puebla de Brañosera, donde aparece nombrado como ‘Cobas Regis’ (las cuevas del rey).
 
4. Los textos antiguos

La Carta-puebla de Brañosera (año 824) que, al establecer los límites del término del pueblo, cita nombre de lugares de esa zona:

Ego Monnio Nunniz et uxor mea Argilo, […] damus vobis terminos, id est, ad locum qui dicitur Cotopetroso, et per illum villare, et per illos planos, et per illam civitatem antiquam, et per illum pradum Porquerum et per illas Cobas Regis et per illa Penna robra, et per illa foce via qua discurrent Asturianos et Corneconos, et per illum fixum Petrizum, qui est in valle Verezoso, et per illum cotum medianum.

5. La tradición oral

Existe una explicación etiológica del nombre de ‘Covarrés’ recogida en la tradición oral que aún perdura en aquellos pueblos, que afirma que dichas cuevas fueron el lugar de refugio de un ‘rey cántabro’ y sus huestes tras una derrota militar. La fidelidad a los hechos de esta explicación trasmitida verbalmente por las generaciones de lugareños es de difícil valoración.

6. Conclusión

El estudio de los datos anteriormente mencionados señala la importancia geoestratégica y evoca episodios militares en aquella zona durante la baja Edad Media.

·    El carácter castrense está determinado, por un lado, porque en la cumbre de Valdecebollas, como ya se ha dicho, probablemente existió un baluarte con amplio dominio de la zona; y, por otro lado, porque ‘Covarrés’ (Cobas Regis) y la tradición oral sugieren la presencia y estancia en ese recóndito lugar de un rey y, como es de suponer, de su ejército.

·    Su datación en la Baja Edad Media se basa en la antigüedad de los topónimos de la zona, determinada etimológicamente así como por la citación de ‘Covarrés (Cobas Regis) en la Carta-puebla de Brañosera, en el año 824. Este último dato establece el término ad quem de referencia en la datación. El término a quo no habrá de distanciarse mucho de este año puesto que los avatares de historia y el suceder de pueblos (cántabros, romanos, visigodos y árabes) provocarían la pérdida de costumbres y tradiciones.

Una vez que se ha descartado que la razón de la construcción de los chozos fuese una actividad productiva (agricultura, ganadería y caza); a la vez que se ha evidenciado su construcción apremiante y provisional; cabe considerar que su edificación en esta zona durante la antigüedad estuviese impelida por razones bélicas: como refugio de gentes o lugar de defensa y ataque.

III. LA HISTORIA

Durante
la época que consideramos, en torno al siglo VIII, aquella región vivió los avatares de la conquista árabe y posterior reconquista cristiana; siendo los principales episodios de estas contiendas las sucesivas ocupaciones árabe y cristina de peña Cildá, monte Bernolio y, sobre todo, peña Amaya. Se ha de tener en consideración que estas ciudades fortalezas se sitúan en la otra vertiente de Valdecebollas respecto de las Hormazuelas, aunque a cierta distancia. Desde este promontorio son visibles a lo lejos algunas de estos castros.

1. La conquista musulmana

Refiere la historia que durante la conquista árabe, ante el imparable avance de las huestes del caudillo Tarik, gran número de personas, especialmente los nobles visigóticos y potentados, huyeron hacia el norte de la península. Uno de los principales lugares de asilo fue la peña Amaya, capital del ducado visigótico de Cantabria. Hasta que en el año 712, ante la inminencia de la llegada de los árabes, el duque Don Pedro hubo de huir a las montañas con sus huestes, su gente y la venida del sur de la península.

No es, pues, de extrañar que esos chozos hayan sido uno de los refugios de esa gente, ya que:

a)    Las Hormazuelas se sitúa en la falda opuesta de Valdecebollas; siendo este pico un lugar idóneo para ocultar y resguardar un número significativo de personas, así como para atisbar la llegada de gente hostil.

b)    Se da veracidad a la tradición oral que afirma que Covarrés fue lugar de refugio de un ‘rey cántabro’ y sus huestes tras una derrota militar. Sin embargo, esta interpretación se opone a la literalidad de la Carta-puebla, que menciona: Cobas Regis (las cuevas del rey); Don Pedro sólo era Dux (duque). Este noble visigodo nunca poseyó título real; aunque con el tiempo llegó a ser consuegro de un rey, Don Pelayo, y padre de otro rey, Alfonso I.

2. La reconquista cristiana

Por las razones anteriormente expuestas la vertiente occidental del pico Valdecebollas, es un lugar idóneo para albergar un cuerpo de ejército durante el primer estadio de la reconquista que controlase la frontera del reino cristiano y como base para eventuales incursiones en terreno hostil. Las Hormazuelas y las cuevas de Covarrés (Cobas Regis) serían, pues, lugar de estancia de un rey asturiano del siglo VIII con un contingente militar. De entre estos reyes, cabe reseñar a Alfonso I (739-757), que reconquistó peña Amaya y que, por ello, estuvo por aquella región.

IV. CONCLUSIÓN

De lo expuesto hasta ahora se puede deducir que las paredes circulares de mampostería de las Hormazuelas han podido ser chozos construidos con premura durante el siglo VIII, para dar cobijo temporalmente a un número significativo de gente.

Dependiendo del peso que se confiera a la tradición oral o al dato escrito, se pueden establecer dos fechas de construcción con finalidad diversa:

—    Si se da mayor peso al dato de la tradición oral, se puede pensar que estos chozos albergaron a los huidos de peña Amaya en el año 712 ante la amenaza de los árabes acaudillados por Tarik. Fueron, pues, construcciones que dieron cobijo al derrotado duque (‘rey cántabro’) Don Pedro, sus huestes, su gente y los refugiados provenientes del sur de la península.

—    Si se pone un acento mayor a la reseña de la Carta-puebla de Brañosera (año 824), estos chozos y las cuevas contiguas (Cobas Regis) fueron acuartelamiento de un contingente militar, comandado por un rey asturiano del siglo VIII (¿Alfonso I?), para el control de la frontera del reino cristiano y como base para eventuales incursiones y ataques en zona árabe.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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