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Desde un vasto dominio
¿O no acusa el ademán
de tu cintura
el pálido avance
de mis manos
consentido apenas
por la breve caricia
de tu pelo?
Desalentaste al ansia
en tu mejilla
y un tropel de abrojos y de ágape
en tus campos esperaron mi desidia.
Arribé
tras tu cerco en la espesura,
vaciaron las presas su donaire
y el antojo débil de las sierpes.
Prodigué
los prados del desaire
de un amor confundido
y al calor amado de tu cuerpo
consentí en tu mirada
y en tu boca dulce.
Mi zozobra, contenida apenas,
se trocó en humo dulce
y en la flor de un pacto.
Y volví.
Y enmarqué mis días
en un vasto dominio de cordura.
(VI-1998)
De “Desde un vasto dominio”
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Rafael
García Aguilar (1965-2001)
In
memoriam
La mañana del 26 de setiembre amaneció
sobresaltada en los diarios. Rafael García Aguilar apareció muerto en una
carretera de Pamplona, una vía rápida como su vida de la ciudad que le vio
nacer. “Muerto por un coche sin hombre”, destacaba del accidente
la prensa. Pero él sí que lo tenía, Rafa para sus amigos, que los tenía a
puñados. Autor de los poemarios Tiempos de presentimiento (1980-1997), Desde
un vasto dominio (1998), editados en un mismo volumen (Pamplona, 1999), y
Como una lluvia púrpura (Pamplona, 2000), con ilustraciones del propio poeta,
fue colaborador habitual de la emisora Net 21 y trabajador en la biblioteca
de la
Universidad Pública de Navarra. Libros para quien vivía
para ellos. Sin haberle tratado mucho, siempre me pareció un gran tipo,
demasiado artista quizá.
Alfonso
PASCAL ROS
Barañáin, 17 de octubre de 2001
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