Siete años de experiencia
en comunicación
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Entre mafias, ministros corruptos y gestión de empresas
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Estas líneas tan sólo pretenden ser el esbozo, siempre incompleto, de una
carrera profesional que no ha hecho mas que
comenzar. Están escritas en primera persona desde la óptica de un gestor,
que tras pasar por distintos terrenos como elaborador de contenidos
pretende ahora demostrar su valía en un ámbito tan complejo y específico
como es la dirección de empresas de comunicación
Mis
comienzos en el periodismo se remontan a hace siete años, cuando tenía 20.
Acababa de entrar en la Facultad de Comunicación de la Universidad de
Navarra cuando fui a caer en el Diario de Noticias, un rotativo local,
que necesitaba un colaborador para la sección de deportes que supiera de
atletismo. Cuando llegué no sabía ni encender el ordenador. De aquellos
años recuerdo el olor de bocadillos de txistorra en la redacción, y el
barro que se introducía hasta los sitios más insospechados cuando cubría
carreras pedestres. O cómo me temblaba la grabadora al entrevistar a
Fermín Cacho y Martín Fiz de paso por Navarra.
Pero el 10 de mayo de 1998 comprendí que la
noticia es como una liebre, que salta cuando y por donde uno menos se lo
espera. Se celebraba la décima edición de la media maratón ciudad de
Pamplona, que disputaban unos 800 atletas locales junto a algunos fondistas
africanos de segunda fila. El caso es que aquella carrera la ganó un
keniano muy simpático que decía llamarse John Kinyuru. Pero en realidad ese era un seudónimo. Una
especie de “Juan Nadie” a lo keniata. Nos dimos cuenta de ello
viendo las fotografías de aquel año, y comparándolas con las que teníamos
en el archivo del periódico. El verdadero nombre de este campeón era Godfrey Muriuki, y había ganado
también el año anterior.
Ese
era el hecho, que más tarde no tuvieron más remedio que reconocer los
organizadores de la carrera. Pero, ¿por qué se había inscrito con una
identidad diferente?
Las
respuestas las di en la serie “Muriuki
ante el espejo” y “Jornaleros
del asfalto” donde contaba los últimos pasos de este atleta, que
se alejaban mucho de la altura de los podios y el lustre de los trofeos.
Como otros compatriotas suyos, había llegado a España captado por “mafias” que le
adelantaron el importe del viaje y le proporcionaron alojamiento, a cambio
de más de la mitad de la cantidad en metálico que obtenía en las carreras.
Durante el día vivía hacinado junto otros treinta atletas africanos en la
clandestinidad de un chalet de la sierra madrileña. Al atardecer salían a
entrenar casi a escondidas.
Azuzado
por las ganas de llegar más lejos, para conocer lo que está detrás de las
noticias, convencí a mi redactor Jefe, Félix Monreal, para que el periódico
me financiara un viaje a principios
de 1999 a
Irak, para conocer las condiciones en las que 20 millones de seres
humanos afrontaban los bombardeos anglo-norteamericanos y, sobre todo, unas
durísimas sanciones económicas impuestas por buena parte de la comunidad
internacional. Durante dos semanas, escribí desde allí varias crónicas “La guerra silenciosa”,
“Viaje a las mil y una tragedias”, “Petróleo por
alimentos”, “Bombas de papel”... El nexo común era
cómo el hambre y la enfermedad diezmaban a un pueblo que, tras alcanzar
altas cotas de desarrollo y bienestar, era obligado a volver a la edad
media. Gracias a esta serie, Lorenzo Milá me entregó justo un año después
el premio de prácticas en periodismo de la Universidad de
Navarra.
En junio
de 2000 me licencié en Periodismo
por la Universidad
de Navarra. Ya nada me ataba a Pamplona. Podía viajar en busca de
nuevas noticias. Me presenté a una selección que realizaba La Prensa Gráfica, uno de los principales periódicos
de Centroamérica con una tirada diaria de 120.000 ejemplares.
Una vez
instalado en El Salvador, me
destinaron por un año en Enfoques,
suplemento de investigación, donde pude rastrear las noticias que para mí
son más interesantes, las que los lectores tiene derecho a saber y los
gobernantes y otros poderosos pretenden ocultar.
Era un
país en proceso de democratización, donde algunas personas influyentes no
están aún acostumbradas a que se les cuestione. Tras conocer todo tipo de
presiones, varias denuncias ante la Fiscalía General
de la República
(que se fallaron a mi favor, por poseer siempre la carga de la prueba) y
tres terremotos (13 de enero, 13 de febrero y 17
de marzo de 2001), me decanté por otros terrenos donde continuar buscando la verdad. Motivo por el cual me enrolé en
septiembre de 2001 en el Máster de Gestión de Empresas de Comunicación
(MGEC) impartido por el IESE y la Facultad de Comunicación de la Universidad de
Navarra.
Durante
estos meses he adquirido conocimientos en áreas como dirección, liderazgo e innovación, estrategia
y entornos empresariales, marketing, marco legal, gestión de contenidos,
dirección comercial, gestión de recursos humanos... enfocados a un
entorno tan específico como son las empresas de comunicación.
Asimismo,
he tenido oportunidad de llevar al terreno de la realidad estas destrezas.
Desde principios de abril he recalado en Madrid, en Telecinco, el canal de televisión más
rentable de Europa. He estado asignado en la Agencia de Televisión Latinoamericana y
Servicios (ATLAS) que intenta recuperar con la venta a terceros parte
de la inversión realizada en contenidos informativos. En esta empresa he
podido realizar propuestas conducentes a la comercialización de nuevos
productos a empresas, así como desarrollar análisis internos, estrategias y
formatos destinados a la televisión local, un sector incipiente en la
industria audiovisual europea.
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