Canal Alfonso Pascal Ros

 

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Canal Alfonso Pascal

 

El 24 de noviembre de 2005 se presentó en Pamplona el poemario “Blanca Mar Entre Silencios”,

ópera prima de Mario Zunzarren Angós. Mario Zunzarren Angós (Pamplona, 1957)  fue ganador en

2004 del Primer Premio de Redacción otorgado por la Fundación Camilo José Cela. Miembro del Aula

de Literatura de la Casa de la Juventud de Pamplona, es asiduo colaborador de su revista literaria

“Una vez en Pamplona”. A continuación se ofrece el prólogo del libro firmado por Alfonso Pascal

Ros y una buena muestra de los poemas que componen este “Blanca Mar Entre Silencios”.

 

Dos horas con Mario

 

            La primera vez que Mario me llamó para hablar de poesía, para confesarme, mejor dicho, que quería conocer este mundillo, sobre todo aprender y que le diera caña sin reparos, pensé, como siempre que me pasan estas cosas (gato escaldado que del agua caliente huye), que mejor se olvidara de todo y no me martirizase presentándose como otro que hace versos y queriéndome convencer de que en la Literatura Universal hay un antes y un después de sus ripios. Que se fuera con su  mal de altura por donde había venido. Como si ser poeta, no hay más que verme, fuera lo más recomendable del mundo mundial. Desventajas de llevar años en el asunto sabiendo lo que se cuece y a quien cuecen en el panorama poético que, visto desde fuera, puede sonar a amapolas y amaneceres, nubecillas y fontanas, pero que por dentro es igual de miserable y chanchullero que cualquier otro. El caso es

que no recuerdo si se lo iba a decir así de claro o no, pero sí tengo presente que Mario me dejó desarmado con su humildad y apasionamiento. Porque más allá de sus aciertos y titubeos, de sus hallazgos e irregularidades, las ganas, sobre todo las ganas, supe que no iban a faltarle. Y en esas estamos; con todo gusto abriendo su primer libro, Blanca Mar Entre Silencios, dando de corazón la bienvenida, la alternativa, a otro letraherido entre tanto letraherido.

 

          Nada mejor para un poeta que empieza que empezar andando, valga la

metáfora. Buscar. Y Mario busca. El punto más corto entre dos puntos es una

metáfora. Hace las maletas y a golpe de verso, desde tierra adentro, en viaje

iniciático busca poesía y busca el mar. Con todas sus connotaciones. Es el camino lo que importa. Tiene ganas de hacer. Es la búsqueda lo que importa.

Metapoéticamente incluso. Y así tropieza y cae y vuelve a levantarse y sigue

andando y tropieza de nuevo para volver a levantarse. Para cantar lo que ve y lo que quiere ver. Para poblarse de lugares que le serán reconocibles y comunes. Para acopiarse de ellos y empezar a construir un mundo de ilusión al margen del mundo: Pamplona y Sevilla, Madrid y Granada, el Arga y el Mediterráneo… Para rendir sus primeros homenajes a quienes ya considera como parte de ese nuevo mundo: Lorca y Rosalía, Sabina y Chavela Vargas, Curro Romero y Camarón, Alberti… Para cantar al amor, a la muerte, a quienes nos faltan y a lo que nos falta; a lo primero que empieza por cantar un poeta. Para jugar con las palabras y emocionarse desde el mismo título, donde empiezan (amor paterno y amor marítimo, permitan la expresión) a resumirse y repartirse sus afectos. Y como ganas de seguir horizontes ya he dicho que no le faltan, me tomo una parada obligatoria para retener algunos de sus versos: Desolación en tiempos de rebaja, / eres piel a granel al fin y al cabo,

 / poco más que el farol de la baraja.

 

            Como de hipocresías yo las justas, y así que prefiero no saludar a quien me cae gordo que saludarle para que nos vean, menos aún puedo tenerlas con los amigos y por eso digo que valoro de Mario, y eso le ennoblece, lo buen encajador que es. Quizá porque está empezando, pero alguno sé yo que sin empezar ni eso. Y digo buen encajador porque agradece que le subrayes sus defectos literarios, metas el lápiz en el verso que cojea o no hay de entrada quien lo coja, en una imagen que otros han repetido mil veces y nada aporta la mil una, en cómo contar bien un verso o en cómo descontarlo.

Y él, como una esponja, que sonríe y te lo agradece y se pone a la tarea sin disculpas de mal pagador. Con más dedicación si cabe. Ya llegará el momento de atinar a la primera.

 

            Hoy, como siempre, igual en tiempos de laya que de chip, en estos que en otros pagos de quebrantos, hoy como siempre, pero sobre todo hoy, me sigue sorprendiendo para bien que personas como Mario se sientan atraídas por la palabra poética. Y digo como Mario porque él ya no es un adolescente que pretenda conquistar con una cuarteta a la doncella de primer curso sino un hombre hecho y derecho el que se siente llamado, perdón ahora por la cursilería, para este sacerdocio. Porque es la poesía en sí misma, a pesar del primer párrafo de este funesto prologuista, lo que salva en buena parte este mundillo de nuestros disparates. Cuando edificamos versos algo nos hace dignos. Cuando hacemos poesía estamos haciendo lo más serio del mundo; mejores a los demás, incluso. Renunciando a demasiadas cosas. Para hobbies, los hobbies. Un poeta se parece a un hombre práctico como un político de tantos a un benefactor de la humanidad: en nada. Es un momento mágico el del poeta que pone sus primeras palabras sobre el papel. Por eso sé lo que habrá sentido Mario:

Préstale el arado a este secano, / para que vea la luz, para quebrar la tierra…

 

            Y como nada mejor que seguir andando, le veo andando mucho tiempo, cada vez más seguro, hasta que logre desprenderse de la mayor parte de sus maletas, de su ropaje, para encontrar la poesía tal y como es: desnuda frente al mar. Se habrá desprendido entonces el poema de todo lo que no es poema para que sólo el verso quede. La propia cabeza te sumará las sílabas de un verso sin contarlas. Vendrán entonces nuevas estrofas y otro libro donde, en símil taurino, como algunos de tus versos, Mario, adormecerás las manos (distinción de buen torero) y dejarás que el verso pase, se haga y fluya hecho ya poesía al otro lado de la muleta. Te sobrará también, entonces, la muleta.

 

Alfonso Pascal Ros

Pamplona y octubre de 2005

 

Granada

 

Empinado Sacromonte,

la cueva de los Amaya,

por naturales, la luna,

por derechazos, la Alhambra,

y envolviéndolo todo,                   

tú, mi gitana del alma.

 

Granada, cristiana y mora, 

suenan cascos de caballos

por Albaicín a la aurora.

 

Y cuando despunta el día,

la fragancia de tus ojos

recorre mi Andalucía.

 

Ayer soñé que me amabas,

engalanada y ardiente,

pero hoy me despierto solo,

            con soledad insolente.

 

 

 

 

 

 

Poemas de Mario Zunzarren Angós pertenecientes al libro “Blanca Mar Entre Silencios”y presentados en nuestra Web

Añoranzas—Sé que morirás al pairo

—Ciudad de San José—

Amor en el retiro—Otoñeando

Granada—Entre besos y alcohol

Tarde de amor en sueño

Arremángate—Desesperación

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