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El
24 de noviembre de 2005 se presentó en Pamplona el poemario “Blanca Mar
Entre Silencios”, ópera prima de Mario Zunzarren Angós. Mario Zunzarren
Angós (Pamplona, 1957) fue ganador en
2004 del Primer Premio de Redacción otorgado por |
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Dos horas con Mario La primera vez que Mario me llamó para hablar de poesía, para
confesarme, mejor dicho, que quería conocer este mundillo, sobre todo
aprender y que le diera caña sin reparos, pensé, como siempre que me pasan
estas cosas (gato escaldado que del agua caliente huye), que mejor se
olvidara de todo y no me martirizase presentándose como otro que hace versos
y queriéndome convencer de que en que no recuerdo si se lo iba a decir así
de claro o no, pero sí tengo presente que Mario me dejó desarmado con su
humildad y apasionamiento. Porque más allá de sus aciertos y titubeos, de sus
hallazgos e irregularidades, las ganas, sobre todo las ganas, supe que no
iban a faltarle. Y en esas estamos; con todo gusto abriendo su primer libro, Blanca Mar Entre Silencios, dando de
corazón la bienvenida, la alternativa, a otro letraherido entre tanto
letraherido.
Nada mejor para un poeta que empieza que empezar andando, valga la metáfora. Buscar. Y Mario busca. El punto
más corto entre dos puntos es una metáfora. Hace las maletas y a golpe de
verso, desde tierra adentro, en viaje iniciático busca poesía y busca el mar.
Con todas sus connotaciones. Es el camino lo que importa. Tiene ganas de
hacer. Es la búsqueda lo que importa. Metapoéticamente incluso. Y así tropieza y
cae y vuelve a levantarse y sigue andando y tropieza de nuevo para volver a
levantarse. Para cantar lo que ve y lo que quiere ver. Para poblarse de
lugares que le serán reconocibles y comunes. Para acopiarse de ellos y
empezar a construir un mundo de ilusión al margen del mundo: Pamplona y
Sevilla, Madrid y Granada, el Arga y el Mediterráneo… Para rendir sus
primeros homenajes a quienes ya considera como parte de ese nuevo mundo:
Lorca y Rosalía, Sabina y Chavela Vargas, Curro Romero y Camarón,
Alberti… Para cantar al amor, a la muerte, a quienes nos faltan y a lo
que nos falta; a lo primero que empieza por cantar un poeta. Para jugar con
las palabras y emocionarse desde el mismo título, donde empiezan (amor
paterno y amor marítimo, permitan la expresión) a resumirse y repartirse sus
afectos. Y como ganas de seguir horizontes ya he dicho que no le faltan, me
tomo una parada obligatoria para retener algunos de sus versos: Desolación en tiempos de rebaja, / eres
piel a granel al fin y al cabo, / poco más que el farol
de la baraja. Como
de hipocresías yo las justas, y así que prefiero no saludar a quien me cae
gordo que saludarle para que nos vean, menos aún puedo tenerlas con los
amigos y por eso digo que valoro de Mario, y eso le ennoblece, lo buen
encajador que es. Quizá porque está empezando, pero alguno sé yo que sin
empezar ni eso. Y digo buen encajador porque agradece que le subrayes sus
defectos literarios, metas el lápiz en el verso que cojea o no hay de entrada
quien lo coja, en una imagen que otros han repetido mil veces y nada aporta
la mil una, en cómo contar bien un verso o en cómo descontarlo. Y él, como una esponja, que sonríe y te lo
agradece y se pone a la tarea sin disculpas de mal pagador. Con más
dedicación si cabe. Ya llegará el momento de atinar a la primera. Hoy,
como siempre, igual en tiempos de laya que de chip, en estos que en otros
pagos de quebrantos, hoy como siempre, pero sobre todo hoy, me sigue
sorprendiendo para bien que personas como Mario se sientan atraídas por la
palabra poética. Y digo como Mario porque él ya no es un adolescente que
pretenda conquistar con una cuarteta a la doncella de primer curso sino un
hombre hecho y derecho el que se siente llamado, perdón ahora por la
cursilería, para este sacerdocio. Porque es la poesía en sí misma, a pesar
del primer párrafo de este funesto prologuista, lo que salva en buena parte
este mundillo de nuestros disparates. Cuando edificamos versos algo nos hace
dignos. Cuando hacemos poesía estamos haciendo lo más serio del mundo;
mejores a los demás, incluso. Renunciando a demasiadas cosas. Para hobbies,
los hobbies. Un poeta se parece a un hombre práctico como un político de
tantos a un benefactor de la humanidad: en nada. Es un momento mágico el del
poeta que pone sus primeras palabras sobre el papel. Por eso sé lo que habrá
sentido Mario: Préstale el arado a este secano, / para que vea la luz, para
quebrar la tierra… Y
como nada mejor que seguir andando, le veo andando mucho tiempo, cada vez más
seguro, hasta que logre desprenderse de la mayor parte de sus maletas, de su
ropaje, para encontrar la poesía tal y como es: desnuda frente al mar. Se
habrá desprendido entonces el poema de todo lo que no es poema para que sólo
el verso quede. La propia cabeza te sumará las sílabas de un verso sin
contarlas. Vendrán entonces nuevas estrofas y otro libro donde, en símil
taurino, como algunos de tus versos, Mario, adormecerás las manos (distinción
de buen torero) y dejarás que el verso pase, se haga y fluya hecho ya poesía
al otro lado de la muleta. Te sobrará también, entonces, la muleta.
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Granada Empinado Sacromonte, la cueva de los Amaya, por naturales, la luna, por derechazos, y envolviéndolo todo, tú, mi gitana del alma. Granada, cristiana y mora, suenan cascos de caballos por Albaicín a la aurora. Y cuando despunta el día, la fragancia de tus ojos recorre mi Andalucía. Ayer soñé que me amabas, engalanada y ardiente, pero hoy me despierto solo, con soledad
insolente.
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