Paisaje
Cobalto
Rojo Venencia
Verde botella
Y una pizca de blanco
En bermellón fundida.
Paisaje cotidiano
Amarillo trigal
Y al fondo un negro perla
Entre violetas que en grises
Va tiñendo de azules el paisaje.
El ganado regresa a los
corrales.
Sonido de cencerros.
Son las diez de la noche,
El día está vencido.
Mi corazón es un grillo
invisible
O un croar en la charca.
Allí a lo lejos
Mis párpados se cierran.
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Juan
López de Ael: el artista en estado puro
En Juan López de Ael (Quintanilla San García,
Burgos, 1951) si fue antes el Poeta o el pintor poco me importa. Fue
anterior sin duda, por encima de ambas disc¡plinas, la talla de persona.
Indudablemente, pintor y galerista, su
nombre está unido a los pinceles desde la cuna y
a muchos que le conozcan les sorprenderá esta faceta suya de poeta
discursivo. Porque como poeta visual su obra, amplia y de calidad
contrastada, no voy a descubrirla ahora. Tantos años
hace que conozco a Juan, con menos trato por mi
parte que el que quisiera porque uno no es muy dado a las relaciones
sociales entre artistas (huyo de cenáculos y camarillas como de la mala
lluvia), me permiten y me obligan a
decir que es una de las personas más
entrañables, sensibles, artistas y auténticas que conozco. A quienes tengan
la oportunidad les invito a disfrutar
del número 12 de la revista “Texturas” (Vitoria,
2003), dirigida por la siempre diestra mano de Ángela Serna, donde multitud
de amigos le rinden homenaje
fiel, aunque todo lo que hablen y hable yo sea menos merecido que
sus méritos. Amigo de sus amigos, enamorado de tanto (Oteiza, Lisboa...),
cuántos artistas que se inician le deben
mucho. Más de uno alguna vez debería recordarlo
aunque a él le avergüence.
Los poemas de Juan que les traigo a estas
páginas pertenecen a su libro “Sentado
en el borde de un vaso”, que ha visto la luz por el acierto de Arte
Activo Ediciones en Vitoria, ciudad donde
reside, este mismo año de 2003.
Alfonso
Pascal Ros
Barañáin, 2 de
diciembre de 2003
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