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De profesión mis labores
Harta de andar por casa
de dictadora cruel de los
niños,
de milagrera oficial de tus
trapos y tus
camisas,
de lavandera de tus
calzoncillos,
de aprendiza de la cocina
de tu madre,
he decidido colgar los
hábitos,
apuntarme al curso de
soldadura,
y hacerme lesbiana en mis
ratos libres.
O eso o el dolor de cabeza,
tú decides.
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Dani Aldaya o el
futuro de la poesía
No hablo del futuro de la poesía navarra, ni
siquiera de la española o la del siglo XXI, porque no me van los
localismos. Harto estoy de sambenitos de poetas locales y otras zarandajas.
Hablo del futuro en la poesía, a secas y nada más y nada menos, que es lo
máximo. Uno, que no se gana la vida de adivino y es poco partidario de
predicciones, en literatura no teme arriesgarse. Concedo el valor a esta
sección de apostar por nombres que todavía, recalco lo de todavía, no son
los más conocidos del panorama literario; pero de ahí su valor. Apostar
sobre seguro y cuando se ha cortado la cinta de llegada (si es que alguna
vez se llega), poco mérito tiene. Esta en concreto, la de Dani Aldaya
(Pamplona, 1976), es una clara apuesta de futuro. Y si no, léanle para
rebatirme. Autor de “Inventario de panes y peces” (Pamplona: Fecit, 2003),
pocos casos conozco de autor joven con primer libro tan rotundo. Porque en
ese primer libro muchos autores, aparte de tentativas y palos de ciego,
tratan de ir sobre seguro. Pues este por fortuna no es el caso.
Bregado también en unas
cuantas revistas y premios (obligado calvario, esto segundo sobre todo, de
cuantos poetas hemos sido), he aquí una muestra de su buen hacer. De mi
apuesta sobre seguro.
Alfonso
Pascal Ros
Barañáin, 10 de agosto de 2004
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