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Cuadernos del matemático
Como el derribo de los puertos
yo te miro y te contemplo
una vez más antes del alba.
Para la proclama de la fiesta
que acontece cada año
antes de la muerte y la vendimia.
Quedarse quieto en el hueco
de un estanque y sumergirse
en la palabra de estaciones
que nos nombran. Pulcritud
del instante único del beso.
Y por mucho que nos digan
que hicimos hueco
en la migraña, en el instante
en que te tengo, en el
instante en que me tienes,
donde nada se detiene, ante
la bala que pones en mi mano.
(Cuadernos del Matemático,
27; Getafe)
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Adolfo
marchena (Vitoria,
1967)
No tiene mérito creer en un poeta como Adolfo
cuando la calidad la tiene a manos llenas. Y yo siempre he creído en él;
antes, ahora y cuando su obra supere la parcialidad del tiempo. Poeta édito
(“Proteo: el yo posible” o “Poemas” dentro de
“Cartapacios de Lucerna”, libro compartido con Mariano Iñigo y mi
amigo José Luis Pasarín Aristi), alma de “Odaliana”, publicación
tan humilde como de exquisita altura literaria que sale a la luz desde
Miranda de Ebro donde él mismo, sus propios personajes y otros amigos nos
encontramos, compañero del propio José Luis Pasarín en la prestigiosa
“Amilamia” vitoriana, inquieto, con voz en radio y muy personal
voz, le conocí hace ya un puñado de años en Vitoria y nuestra amistad ha ido
creciendo y consolidándose en el tiempo a base de correspondencia e
intercambio de escritos. Y los suyos siempre han sido un soplo de aire fresco
en mi buzón y en “Río Arga”, revista en la que nos honra siempre
con su voz propia. Porque es obligado que un poeta tenga voz propia, se es
con ella poeta o no se es sin ella y la de Adolfo es inconfundible. He
defendido siempre su obra y ojalá lo siga haciendo porque escribe lo que me
gusta leer y porque sus versos suenan frescos, espontáneos, sin ataduras
cursis ni rigores enciclopédicos.
Alfonso
PASCAL ROS
Barañáin, 26.2.2002
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