Agradecimientos y
saludos
Queridos amigos:
Una
alta preeminencia de luz y felicidad guiaron mi viaje a Perú, viaje
realizado con motivo de la obtención del Premio a la Excelencia
Educativa 2004 y el Doctorado Honoris Causa, otorgados por el Consejo
Iberoamericano de Educación.
La
Ceremonia de Premiación, que prácticamente ocupó todo el día 16 y que
se prolongara por espacio de casi 12 horas, me permitió conocer a una
gama amplísima de educadores y pensadores de todo el mundo
(había casi 1000 invitados especiales, entre ellos la
educadora más antigua del mundo, con sus espléndidos 100 años y 75 de
docencia ininterrumpida), con los que debatimos, fervorosos, los
más variados temas que atañen a nuestra cultura. Al fin y al cabo,
como rescaté en mi discurso de recepción de los Premios, "La
Cultura es lo que separa a fin de reunir: separa del inmediato orden
fáctico semihumano para reunirse (reunirnos) en el orden en que se
cumple lo humano" (Héctor Alvarez Murena, "El Nombre
Secreto", 1970.) Este discurso de recepción, será
prontamente editado por diferentes publicaciones impresas y por la
red.
Fueron
días de hallazgos y sorpresas permanentes. En esta preeminencia de la
luz está, también, el hecho de haber conocido a los excelentes
escritores Leo Zelada, Miguel Ildefonso, y Héctor Ñaupari
Belupú, quienes -fieles a la palabra que organiza la fiesta de este
mundo- me esperaban con un afectuoso, inteligente y emotivo
recibimiento en el "Centro Cultural Antares", de
Miraflores, el mismo día de mi llegada a Lima.
Leo
Zelada, impulsado a sangre y fuego contra las mediocridades de tanto
pseudo-apócrifo-círculo literario, ha emprendido la titánica tarea de
compilar lo más representativo del estadio poético de Iberoamérica en
su novísima "Antología Hispanoamericana de Poesía", que, en
lo que va del año, ha sumado ya su cuarta edición. Tengo, a mi vez,
el honor de haber sido publicado en esas cuatro ediciones.
No
olvidaré nunca el fervor de la gente (que interrumpía las lecturas
con no disimulados y acariciantes aplausos, participando
activamente), nuestras incesantes conversaciones hechas de presencias
para el deslumbramiento: guardianas esfinges que nos miran con
asombro sacratísimo, Blanca Varela de bendecidos puertos de sangre,
la voz circular de Emilio Wesphalen por ínsulas extrañas, y
los tatuajes en fuga de los cuerpos (estoy parafraseando un poema
personal) llevándonos desde Deleuze a Octave Mirbau.
En la
última conferencia y lectura de mis libros Mansión Artaud,
Bizancio bajo las aguas, y La noche desnuda de rostro ciego
(acaecida en el "Centro Cultural La Noche", ya en pleno
casco histórico de Lima, a metros de la modernista y neoclásica
Plaza San Martín), tuve el privilegio de conocer al no menos
excelente poeta Gerson Paredes Groz, autor de "Kódigos de
sangre", investigador y redescubridor de la inquietante
"Ciudad Mística de Pachacutec", docente de la Universidad
Nacional de San Marcos, con quien me reencontrara y
sumergiera por la sed de los palimpsestos, por todo vértigo y temblor
que es la escritura.
Estos
fueron días en que un nuevo mundo sentó en mí nuevas piedras de
fundación. "El poeta se demora contemplando las piedras",
escribió Giorgos Seferis. La piedra es desdoblada alegoría
de lo que está por venir. Perú me poseyó con esa savia, con ese
mosto, con una poesía que es, sin lugar a dudas, una de las
más hondas y nutrientes de nuestra América.
¿Fue
"la Cena que recrea y enamora", de San Juan de la
Cruz, estupenda metáfora de toda poiésis? Sí, sin lugar a
dudas. Son -también-un puente de fuego: inconfundible. Gracias, queridos
amigos, por los cientos de mensajes enviados desde los más
remotos sitios del mundo, gracias -nuevamente- a los
hermanos de Perú por todo el amor y la hospitalidad que me
brindaron.
Manuel Lozano, 27 de abril de 2004
Potsdata: Por archivos adjuntos, les
acerco una de las noticias aparecida en el diario "La
Razón" de Lima, uno de los más importantes de aquella ciudad,
que da cuenta de la primera de mis conferencias, y algunas fotos
de la premiación (junto al Dr. Aldo Néstor Lozano Rodolfi, Secretario
de nuestra Fundación FIED, y con el Lic. Willy Manuel Hidalgo Rojas,
Presidente del Consejo Iberoamericano, luego de recibir las
condecoraciones.)
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