|
|
|
Esta primera parte de la selección de Anatole France, fue
realizada por Manuel Lozano en su último viaje a París (noviembre de 2003.)
No se citan -ex profeso- las fuentes, con el fin de organizar -desde la
elusión y el anacronismo- un sólo texto. "Y,
¿qué somos nosotros los pájaros?" (Fragmentos
de Anatole France) |
|
|
|
|
Cuando se ve una cosa bella, se quiere poseerla. Es una inclinación
natural que las leyes han previsto. Desear con fuerza es casi poseer. No hay castos;
solamente hay enfermos, hipócritas, maníacos y locos. ¿Qué provecho sacan los niños de una ciencia sin método, de una
literatura falsamente práctica que no habla ni a la inteligencia ni al sentimiento? Habría que
volver a las hermosas leyendas, a la poiésis de los poetas y de los pueblos,
a todo lo que proporciona la
experiencia de lo bello. ¡Ay! Nuestra sociedad está llena de farmaceúticos que temen a la
imaginación. Y hacen muy mal. Es ella (con sus mentiras) la que siembra la virtud y la belleza en el mundo. El arte de
la guerra consiste en ordenar las fuerzas de tal modo que no puedan huir. El bien público
está formado por un buen número de males particulares. Entonces, como no estudiaba nada,
aprendía mucho. Sabemos Marcos
-dijo Nicias-, que tu Dios creó al mundo. Aquello fue, por cierto, una gran
crisis de su existencia. Pues él
existía desde una eternidad, sin haberse decidido a crearlo. Pero, si he de
ser justo, reconozco que se
encontraba en una situación de las más dificultosas. Tenía que permanecer
inactivo para permanecer
perfecto, aunque fuese aquello una imperdonable imprudencia en un Dios
perfecto. Pero dinos, Marcos
(agregó Nicias), cómo se las arregló para crear el mundo... La historia no es una ciencia, es un
arte. En sus aciertos interviene siempre la imaginación. La independencia
del pensamiento es la más orgullosa aristocracia. La nada es un infinito que nos
envuelve; venimos de allá y allá nos volveremos. La nada es un absurdo y una certeza; no se puede concebir,
y, sin embargo, es. La oscuridad nos
envuelve a todos, pero mientras el sabio tropieza en alguna pared, el
ignorante permanece tranquilo
en el centro de la estancia. Llamamos buenas costumbres a las
costumbres habituales; malas costumbres, a aquéllas a las que no se está acostumbrado. Llamamos peligrosos
a los que poseen un espíritu contrario al nuestro, e inmorales a los que no
profesan nuestra moral. Los niños imaginan con facilidad las cosas
que desean y no tienen. Cuando en su madurez conservan esa facultad maravillosa, se dice de ellos
que son poetas o locos. No hay gobierno
popular. Gobernar es crear descontentos. Sólo las mujeres y los médicos saben
cuán necesaria y bienhechora es la mentira. Una necedad
repetida por treinta y seis millones de bocas, no deja de ser una
necedad. Levantando entonces la cabeza, vio en
las paredes de la habitación pinturas que representaban escenas risueñas y familiares. Aquello era
obra muy antigua y de exactitud maravillosa. Había cocineros que soplaban el fuego, con los carrillos
hinchados; otros desplumaban gansos o cocían trozos de ternero en las marmitas. Más lejos, un cazador
llevaba una gacela asaetada en sus hombros. En otra parte, los aldeanos se ocupaban en sembrar, segar
y cosechar. Bailaban mujeres al compás de las violas, las flautas y el arpa. Una joven tocaba la
tiorba. La flor de loto brillaba en sus cabellos negros, delicadamente trenzados (...) Y
Pafnucio, luego de contemplarla, bajó los ojos y preguntó a la voz: -¿Por qué me mandas mirarb esas
imágenes? Representan sin dudas la vida terrena del idólatra cuyo cuerpo reposa bajo mis pies, dentro de
un féretro de basalto negro. Recuerdan la existencia de un muerto, y, a pesar de los colores
vívidos, son las sombras de una sombra. ¡La vida de un muerto! ¡Oh vanidad! -Muerto está, pero
vivió -replicó la voz- y tú moriras sin haber vivido. Desde aquel día, no tuvo Pafnucio un
instante de reposo. La voz le hablaba sin cesar. La tañedora de tiorba fijaba sus ojos en él, a través de sus
largas pestañas. También le habló: -Mira: soy misteriosa y bella. Ámame; cura en mis brazos el amor que te
atormenta (...) Ámame, amigo; cede. Como adversarios declarados no he tenido más que a los hagiógrafos. ¿No has
oído hablar de los Acwin y de los Dióscuros? Los Acwin entre los indios y los
Dióscuros entre los Helenos,
representaban los dos crepúsculos... Ya lo gente desaparecía -como oleada sombría- por los vomitorios. "Esta
es, caballero, la historia completa de la batalla de Fontenoy". -Les confieso -le dije-, que ni Voltaire lo hubiera hecho tan bien. -Bien que
lo creo -contestó el guardia francés. Pero, ¿quién era Voltaire? Un burgués,
sin duda, que nada entendía
de la guerra. Tengo mucha sed. Hazme traer un vaso de cerveza. Y, ¿qué somos nosotros los pájaros? Una nada, un mundo. |
|