Canal Manuel Lozano
ENSAYO

Manuel Lozano

Manuel Lozano

“EL ENIGMA SILVINA OCAMPO: LA PARADOJA Y LO SUBLIME.OTRAS CLAVES CULTURALES PARA LA INTERPRETACION DE SU CORPUS LITERARIO”

 

 

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PÁGINA 1 de 3                                EL ENIGMA SILVINA OCAMPO

 


A la memoria de Silvina Ocampo, ahora
eternamente suspendida sobre el río increíble de las horas.



“Furthermore, if anyone dreams that he has eyes somewhere other than on his face, either on his hands or his feet, he will go blind. If he has eyes on some other part of his body, this part will become diseased or will be struck by a blow, so that he will, so to speack, see by feeling and groping about with his hands and feet or so that he will be unable to apply any matter to the part of the body that has, as it were, an eye.”

          
ARTEMIDORUS, THE INTERPRETATION OF DREAMS, THE ONEIROCRITICA

               
“Yo vivo en un eterno presente...¿No es francamente patético ser el último de una estirpe, el último de una raza, el último escritor? ¿Cuál será  su verdadero rostro en el instante que lo separe de la vida?...
                                     Manuel, ¿nunca te preguntaste si el tiempo de los espejos coincide con el de nuestras vidas? Pienso en un espejo de arena para perdernos, irremediablemente. O acaso para encontrarnos, irremediablemente. La arena es el vestíbulo de la dispersión total.”


          
MANUEL LOZANO, CONVERSACIONES CON SILVINA OCAMPO, 1987

 

 

I. UBICACION DEL ENIGMA

The best of me then when no longer visible, for toward that I have been incessantly preparing.
                                                           
WALT WHITMAN
Pero es natural que esta idea suscite recelos: la naturaleza, que tan avara se muestra con el genio, ese producto raro y precioso, ¿habría de haberse sentido pródiga hasta la locura en un determinado momento?
                                                             FIEDRICH NIETZSCHE
 
   
Enigma: Morada del hombre. En toda la obra de Silvina Ocampo, se atestigua y se proclama un peculiar deseo de desmentir la mera realidad visible -circundante, falsaria y unilineal la mayoría de las veces-, no por el mismo afán de contradecirla o negarla, sino para vindicar la múltiple creación de universos.
     A diferencia del “secreto”, del que esperamos una rápida o contundente resolución sin mayores pretenciones filosóficas que la de una adivinanza o combinación previsible de nimiedades o, en los casos más afortunados, el desciframiento de un crimen*, el “enigma” nos somete de inmediato a la gravitación de lo imposible. Por todo ello, el secreto espera una puerta de salida a su clave, el enigma -contrario sensu-  crea una para derribarla después.
    A despecho de una concepción de enigma, en el caso puntual de Borges aparece en ciertos textos una marcada preferencia, en otro orden de cosas, por las posibilidades semánticas del “secreto”. Escribe en su prólogo a “Artificios” (1944): “En la alegoría del Fénix me impuse el problema de sugerir un hecho común -el Secreto- de una manera vacilante y gradual que resultara, al fin, inequívoca; no sé hasta dónde la fortuna me ha acompañado.”  El Secreto, representa en el relato de Borges, un modus operandi, un hábito ancestral no cariado por los trabajos del tiempo. Podría decirse que en él predomina un carácter ornamental (“...Pero como no hay grupo humano en que no figuren partidarios del Fénix, también es cierto que no hay persecución
o rigor que éstos no hayan sufrido y ejecutado... El rito constituye el Secreto... Lo raro es que el Secreto no se haya perdido hace tiempo...)”
(2)
¿Y qué representa “lo imposible”, sino un evidente e irreprimible espacio de la ausencia, una narración del mundo, una ausencia del mundo, pero también una reconstrucción sobre sus escombros? El enigma inaugura siempre el espacio de lo conjetural, una vastísima topografía (indisoluble del tiempo) en que la ambigüedad es su ley, pero también su controversia. Siguiendo la nomenclatura aristotélica de la Poética, el enigma nos plantearía desde el origen un espacio de anagnórisis (“el más bello reconocimiento es el que va acompañado de la peripecia”), es decir un arduo camino desde la ignorancia al conocimiento, considerado este último para Silvina Ocampo como una no decidida cristalización de los mundos que refracta.
Por ello, no hay enigma sin la conjetura vuelta (replegada) hacia adentro, indagando sus leyes no preestablecidas de antemano, escrutando aquella naturaleza tantálica: el desconcierto creciente del sujeto de ser testigo y espectador del magnífico simulacro.
    Aun antes de la tragedias griegas y de la edificación del mito de la esfinge tebana, las tablas asirias y caldeas codifican más allá del “epos” y de la normativa religiosa -“mythos” incluido- un universo del enigma. La Tabla de Asurbanipal lo atestigua. Por otro lado, ¿qué eran los dioses y semidioses helénicos sino un reflejo irónico y eficaz  de los enigmas del hombre de su tiempo? ¿Qué había en aquellas posesas del delirio divino llamadas ménades, nodrizas de Baco, dios de Tracia? Nietzsche, en su joven análisis de la tragedia griega, retoma el concepto de “entusiasmo”, para explicar los ritos religiosos en honor a Dionysos, adjudicándole el espacio del ensueño y su fascinación. Rescata, entonces, los versos de “Los Maestros Cantores” de Hans Sachs:


.-   Cabe pensar en los relatos policiales de Emile Gaboriau, Wilkie Collins (“maestro de la vicisitud, de la patética zozobra y de los desenlaces imprevisibles”, Borges dixit), o los celebérrimos Poe y Doyle.

(2).-Pero Borges, admite ya desde su “Fervor de Buenos Aires”, como un Jano heresiarca, la posibilidad del enigma: La causa verdadera/es la sospecha general y borrosa/del enigma del Tiempo  (“Final de Año”). Sospecha rubricada en textos posteriores.

 

 

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