Tita Merello,
aquella Graciela Oscura
por Manuel Lozano
Fotografía
de Annemarie Heinrich
En esta
noche de capricho y de fandango
no sé con qué me van a hablar a mí de tango (...)
No quiero
hacer jamás alarde de mi rango
pero no sé con qué me van a hablar a mí de tango (...)
"A mí no me hablen de tango" (J. M. Contursi-
J. J. Paz)
Hoy, Buenos Aires, está un poco más solo. La
inolvidable Tita, nuestra Bette Davis, nuestra Anna Magnani, nuestra María
Félix, acaso nuestra Billie Holiday, pero también nuestra "tigra del
corazón" como la vio Leda Valladares que asistió anonadada y ferviente
a su encuentro con Victoria Ocampo, partió hacia una región seguramente más
intensa .
El torpe periodismo y sus endebles manipuladores
obscenos poco memoran el alto alcance creativo de Tita. Siempre las mismas
fechas, los previsibles lugares de la muerte y el bajo vuelo, suspenso en
la ceguera lucrativa...
A fines de los 60´s, Tita grabó -"dijo", con
excepcional irisamiento, endiablada y con filo de cuchillos- un tango
escrito por los no menos recordados Ulises Petit de Murat y Astor
Piazzolla: "Yo soy Graciela Oscura". Esa curiosa canción, que
nunca alcanzó el merecido reconocimiento (como tantísimas cosas en este
mezquino país), a pesar de haber sido interpretada magistralmente antes por
Egle Martin, en este caso acompañada por Astor para el film "Extraña
ternura" (1964)*, dice:
"Yo soy Graciela Oscura,
al mundo entré descalza
forzando la puerta falsa,
de** padres desconocidos.
Yo soy un montón de trapos
acunados*** por los sapos
que croan en los baldios...
Yo soy...
Yo soy Graciela que crece
entre manos que castigan,
entre voces tan amargas
como las agrias ortigas.
Yo soy Graciela, la chica,
que juega con las hormigas
en las tardes doloridas.
Yo soy...
Yo soy Graciela crecida
con los besos zaguaneros,
con las caricias, tatuajes,
que abren torpes senderos.
Yo soy Graciela, mal nombre
en las calles del recuerdo,
en brazos del primer hombre.
Yo soy...
Yo soy Graciela Oscura,
pero en cuartos enviciados.
Un motín de bocas duras
me dicen nombres prestados.
Yo soy Graciela Oscura...
Yo soy Graciela Oscura...
Oscura...
Graciela..."
Admitamos, por un instante, la representación
alegórica del tango como un janus bifrons: sin lugar a dudas, el lado
femenino del dios trazaría el rostro de Tita. Una caravana de personajes
versátiles y alucinatorios diseñan, mientras tanto, lo que se da en llamar
-eufemísticamente- trayectoria artística. Pero debajo de ellos subyace
siempre un fuego terso y perseguidor: aquél que sitúa al hombre en la vida
que se sueña**** y se construye permanentemente en un continente de
extremadas mutaciones. Crónicas de la dicha, de esplendores y de furia. El
éxtasis nos funda en la mirada del mundo, nos refracta en la producción de
su mirada del mundo. Ella lo dirá, alguna vez, de esta manera: "(...)
Mi mejor personaje es el mío. Una actriz dramática se llora a sí misma
cuando interpreta a un personaje teatral."
Por
eso, Tita hace refulgir como pocos los soles de la oscuridad desde esos
arrabales que, como bien advierte el tango, "hoy reinan en todo el
mundo" . Y muestra el abierto, trágico corazón del hombre.
Manuel Lozano
Buenos Aires, a 26/28-XII-2002
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*Film dirigido por Daniel Tinayre, la banda sonora estuvo a cargo de
Lucio Milena, Ulises Petit de Murat y Astor Piazzolla. Algunas de sus
canciones pasaron a integrar el álbum "Astor Piazzolla, Egle
Martin", de 1969. El mismo año del estreno del film, Tita Merello
registró Graciela Oscura con el conjunto del pianista Carlos Figari.
**Respeto la licencia poética de Tita Merello: cambia
la preposición original "con" (presente en la interpretación de
Egle Martin) por la "de", que presupone el viraje de un mero
"acompañamiento" de padres ignotos a un ostensible origen
desamparado.
*** En la versión de la Merello, los "trapos"
son los acunados. En la de E. Martin, la primera persona del singular.
**** ¿Acaso
no nos lo recuerda Gérard de Nerval al comienzo de su Aurelia: "El
sueño es una segunda vida. Jamás pude atravesar sin estremecerme esas
puertas de marfil o córneas que nos separan del mundo invisible."?
ENACORÉ
¿Adónde, pero adónde bailaste
la muerte de la incertidumbre con máscaras nevadas? ¿En qué ciudades se
alzó el cautiverio de tu viejo linaje? Cómo chirridos de dientes me
anunciarías la sed. Debo recobrarme, cerrar las puertas humedecidas
por la medianoche. (Glaciares, estacas y el atribulado escondiendo la
madeja huyen de estos ojos.) Anhelas la sombra de los pilares cobijando tu
pena, llagando ese infierno con gotas de misericordia. Vuelven los
chacales, ¿no lo sabes aún?
Y acontecen las crías. Y el
niño desentierra la cruz de sal confiada al lánguido olvido que no oye. Y
me traspasan de espinas en la fiesta. Y muchos son los siervos. Y la
respuesta salta de boca en boca. Y el vuelo es un ardor abierto en la
herida de todos. Y el agua nocturna alcanza la
preciosa sangre manando desde el fin.
Manuel Lozano
New
York, noviembre de 2001
©*
Derechos registrados
8
Enero 2003
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