|
Cuatro.
Los tristes (II)
I
El cielo es una nube.
Tiembla el agua.
II
La soledad del faro
acongoja a los marinos.
Pasados de luces
velan sombras escondidas.
Sobre la roca Tarpeya se ciernen
crímenes inconcebibles.
IV
Era un joven sencillo.
Asustado siempre; casi
un niño.
El capitán,
desde el puente de mando,
había dado la orden
de atacar.
© ALFONSO
PASCAL ROS
|