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INTRODUCCION

La gente del Palomar, como cualquier grupo humano a lo largo de la historia, ha tenido y tiene la necesidad de expresarse como una colectividad a través de sus fiestas.

La fiesta de la plantada del "xop" (chopo) es una de esas manifestaciones. Una representación etnográfica muy arcaica y, por supuesto, anterior a la própia existéncia del Palomar como pueblo, con todo el interés que ello comporta. Y aún mas, si tenemos en cuenta que esta modalidad de fiesta popular -la plantada de un árbol- la encontramos en lugares tan distantes como Escocia y Japon.

Hemos elegido por eso esta celebración, para ver como detrás de una fiesta tan sencilla se esconden milenios de tradición, siglos de história no escrita que vuelven de manera puntual a hacerse realidad a la plaza del Xop, año trás año. Y todo eso sucede para recordarnos a los humanos que todo muere y todo renace, que todo se reduce a ciclos; que el tiempo no existe; somos nosotros los que le ponemos nombre y apellidos, los que creamos y contamos los años y los dias, los dias festivos y las jornades laborales, los ritos anuales y los mitos eternos. Y es ése uno de los mayores logros culturales de la humanidad.

 


 

LA PLAZA.

Lleva por nombre el de Mare de Déu dels Desemparats (Virgen de los Desamparados), pero la gente la conoce simplemente como "la plaza del xop".

La plaza tiene una forma triangular no demasiada perfecta, ni rectilínia, imaginariamente como una enorme matriz. El lugar donde se encuentra en El Palomar tiene también su mágia: justo donde la acequia se abre de brazos (¿ o de piernas?) para formar una huerta circular alrededor del pueblo. Una gran matriz, donde la gente en general -y las mujeres en particular- esperan que penetren los hombres, el elemento masculino, cargando ruidosamente con un objecto de sugestiva fisonomia fálica. No en vano, los ritos como éste estan en íntima relación con la fecundidad de la Naturaleza, y la reproducción y regeneración de los grupos humanos. (*)

(*) No se ha de tomar esta alegoria al pie de la letra. Las metáforas y comparaciones són simplemente eso, metáforas, imágenes, que no dan pie a interpretaciones correctas.

 


 

EL RITUAL (tal como se celebra al Palomar).

Llega el segundo sábado de mayo. No hace falta preguntar a nadie, no es necesario reunir a nadie. Hay que hacer lo de siempre, aquello que se ha hecho toda la vida: ir al rio, talar un chopo, llevarlo al pueblo y plantarlo en el centro de la plaza.

Son las cuatro de la tarde y con sol, el agradable y deseado compañero de toda fiesta mediterránea. Montaverner espera indiferente a la caravana de coches que se desplazan a la orilla del rio, al corazón y epicentro de la Vall d'Albaida. Todo se desarrolla sin prisas ni obligaciones, sin horas ni minutos, como si el tiempo se hubiera detenido en aquel lugar húmdeo, donde el río de l'Olleria verte su agua al riachuelo que baja de Albaida. Hay que elegir un chopo, y que sea alto y recto, el más ergido y bello de toda la chopada.

 

El lugar elegido para talar el chopo se improvisa. Normalmente es un rio o barranco cercano, el elegido para talar el chopo que aquel dia ni se compra ni se vende: no existe la propiedad. Alrededor del chopo, en el momento de hacerlo caer y de llevarselo, solo se ven hombres: los machos de la milenária tribu. Algunes mujeres, con curiosidad y formando grupo, se acercan a la ceremónia masculina. Se acercan pocas, pero parece presumible que se consolide ese cambio de actitud. La gran mayoria de ellas, el elemento femeníno de la fiesta, espera como siempre se ha hecho, a la plaza del xop.

 

El ritual de talar el vegetal y prepararlo para su entronización, requiere de manos expertas. Por costumbre y tradición se deja tan solo la cópa del árbol intacta. El resto del ramaje se desprecia tras limpiar el tronco. La fiesta és un monumento a la espontaneidad y no falta quien, por carácter o por experiéncia -o por ambas cosas a la vez- asuma el liderazgo. Porque no puede ser de otra forma: el hacha y las herramientas de poda sólo las maneja uno y la dirección que toma el xop ha de ser única y mínimamente coordinada. La sabiduría popular valenciana reconoce las ventajas de la jerarquía. Y así, la querida anarquia da paso a la autoridad, y del caos aparente nace el orden.

 

Los bronces del campanario comunican la llegada de los portadores del árbol. Lo llevan al hombro un buen grupo de jóvenes y de mayores que los ayudan y que todavía no quieren perder su derecho de hijos del pueblo a participar en el santo trabajo, el derecho a cargar con el tronco.

 

Las aspas de vigas de madera, alquiladas para apuntalar el tronco, se van preparando. Y las cuerdas estan a punto para ser tensadas desde las ventanas de dos tejados, estratégicamente situados para servir a la plantada.

 

Al grito pausado e intermitente de aaaaarriba¡ aaaaarriba¡, dirigido por una sola voz, el xop va recorriendo su trayectoria ascendente de noventa grados. No de golpe, sino poco a poco, por los esfuerzos rítmicos de los palomarenses que al unísono estiran de las cuerdas. Unos pocos tiran desde las casas y la mayoria, desde abajo.

 

Y tirando sin cesar, el ciclo de la "plantà" se cumple. El xop ha entrado dentro del agujero. Al tiempo que una rústica peró eficaz plomada de piedras ayuda a buscar la perpendicularidad necesária para el éxito, y el reencuentro estético de la fiesta: la conquista de la verticalidad. Calzado el xop en su agujero, el trabajo ha terminado. Después, cacahuetes y altramuces con vino (tapa popular valenciana) para recompensar el esfuerzo. El xop será testigo del baile de los pastorcillos y del baile de la bandera.

 

© ABEL SOLER I MOLINA. Reproducido con el permiso del autor.

 

 

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