La historia del antiguo egipcio, y sus periodos:

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Egipto antiguo.

En el siglo III a.J.C. el sacerdote egipcio Manetón escribió en griego una historia de su país en la que clasificaba a los soberanos en dinastías, asignaba a éstas un número (hasta la XXXI) y dividía la trayectoria cronológica, desde los orígenes hasta la pérdida de la soberanía al caer en poder del imperio persa (525 a.J.C.), en tres grandes épocas: imperio antiguo, medio y nuevo, separados por dos períodos intermedios. Los historiadores han mantenido hasta hoy esta clasificación.

Período predinástico:

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El período predinástico egipcio abarca las etapas comprendidas entre los inicios de la agricultura (neolítico egipcio) y las épocas propiamente históricas. Durante dicho período se desarrolla la agricultura de irrigación, así como la metalurgia del cobre y del oro, se definen las convenciones artísticas del futuro arte faraónico y se producen los primeros intentos de unificación del Alto y Bajo Egipto.

Manetón y las fuentes literarias coinciden en señalar a Menes como el primer faraón del Egipto unido, pero las fuentes arqueológicas no mencionan a ningún soberano de este nombre. Hoy se tiende a considerar que hubo, en efecto, una unificación hacia el año 3000 a.J.C., resultado de una conquista del norte por el sur, sin duda muy lenta y obra de varias generaciones sucesivas y no de un rey en concreto.

El territorio unificado sería un conglomerado de reinos que, a su vez, provendrían de los anteriores nomos o distritos. Cada uno de éstos había adoptado un dios protector, lo que sentó las bases del panteón egipcio.

Período hitita:

El período hitita comprende las dinastías I (3100-2890 a.J.C.) y II (2890-2868 a.J.C.). El nuevo estado fijó su capital en Tinis, residencia del faraón, cuyos atributos divinos y poder supremo quedaron fijados en esta época. Se mejoraron los métodos de cultivo, se iniciaron las actividades comerciales, se organizó un ejército al servicio del rey, se adoptaron el calendario y la escritura jeroglífica y se estableció una burocracia centralizada. La tradición atribuye a Narmer (Menes) la fundación de la nueva ciudad de Menfis, en el extremo del delta, adonde se trasladaría la necrópolis real, situada inicialmente en Abydos. Las tensiones políticas y religiosas de este período finalizaron con la reforma del estado llevada a cabo por Khasekhemuy, impulsor de la centralización y creador de las bases del imperio antiguo.

Imperio antiguo:

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Datado entre 3000 y 2200 a.J.C. aproximadamente, abarca las dinastías III-VI. La capital se estableció en Menfis. La fertilidad del valle del Nilo, la bondad del clima y la ausencia de guerras, debida al aislamiento en que permanecía Egipto, permitieron la realización de obras colosales, como las pirámides de Gizeh. En el ámbito religioso se desarrolló una compleja teología en torno al divinidad solar Ra y se escribieron los primeros textos religiosos con fórmulas rituales para el culto de los muertos.

El país se dividía en 42 nomos o distritos, y la administración, muy jerarquizada y centralizada, alcanzó notable eficacia. Con el tiempo se fueron abriendo rutas comerciales con el Mediterráneo oriental y con Arabia. Hacia el final del período se rompió la unidad y se impuso un sistema feudal en el que los nomos eran, en la práctica, independientes.

Primer período intermedio:

Comprende dos siglos, de 2200 a 2040 a.J.C. aproximadamente, y las dinastías VII-X. Es un periodo de anarquía y de disturbios entre los señores de los diferentes nomos para lograr la supremacía, hecho que fue aprovechado para llevar a cabo una revolución social que sumió al país en una recesión económica y lo hizo vulnerable a las invasiones de pueblos procedentes del Próximo oriente. El fin del primer período intermedio vino marcado por una nueva unificación promovida por los príncipes tebanos.

Imperio medio:

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Fechado desde 2040 hasta fines del siglo XVIII a.J.C, comprende las dinastías XI y XII. Se caracterizó por el predominio de la clase militar, que llevó sus conquistas hasta el sur de Palestina, con objeto de prevenir invasiones. El predominio del dios Ra cedió ante Amón, que no obstante se identificó con el anterior, y la capital se trasladó a Tebas.

Segundo período intermedio:

Desde finales del siglo XVII hasta 1550 a.J.C., abarca las dinastías XIII-XVII. Una serie de migraciones perturbó todo el Próximo oriente, y su reflujo llegó hasta Egipto. Las dinastías de este período fueron

impuestas por los invasores siriopalestinos que se establecieron en el delta. El último de estos pueblos, que se conoce como los hicsos, conquistó el Bajo Egipto e instauró allí sus dinastías, la XV y la XVI, pero los soberanos de Tebas pusieron fin a este período de desestabilización. Ahmosis conquistó la capital, Avaris, y expulsó a los hicsos de Egipto, volviendo a unificar el país.

Imperio nuevo:

Haz click aqui para agrandar.Comprende el período 1555-525 a.J.C. y las dinastías XVIII-XXVI. La dinastía XVIII, fundada por Ahmosis, inauguró un período de gran brillantez y proyección exterior, que convirtió a Egipto en una gran potencia de la época. Pero pese a su esplendor, el país nunca recuperó la creatividad y la paz social que conoció en el imperio

antiguo. En lugar de obras colosales como las pirámides, se edificaron templos como Karnak, Luxor o Dayr al-Bahari, entre otros, y las artes tuvieron un singular florecimiento. También se alcanzó la máxima extensión territorial, con las conquistas sucesivas de Siria, Fenicia, el valle del Éufrates y Nubia. Sobrevino luego un período de decadencia que se vio agravado por el intento de Amenofis IV de instaurar un monoteísmo y acabar con la influencia de la casta sacerdotal (mediados del siglo XIV a.J.C.).

Aunque las dinastías XIX y XX, varios de cuyos faraones llevaron el nombre de Ramsés, devolvieron el esplendor al país a partir de 1290 a.J.C. aproximadamente, el proceso de decadencia, aunque lento, resultó imparable. Hubo que ceder ante los hititas, y la batalla de Qadesh supuso el regreso de Egipto a sus fronteras naturales. La economía entró en crisis, y si bien en la región del delta siguieron prosperando las manufacturas, el interior del país se replegó a las tareas agrícolas y a formas de vida que ya no experimentarían progreso alguno.

Con todo, Egipto aún fue capaz de repeler a los Pueblos del mar, una invasión desencadenada por los movimientos a que dio lugar la llegada de los dorios al Egeo y a Asia Menor (1200 a.J.C.) y la consiguiente

destrucción del imperio hitita.

Tercer período intermedio:

Comprende las dinastías XXI-XXIV, entre los años 1085-715 a.J.C. Este período marca el fin de la unidad egipcia, y durante él reinaron varias dinastías extranjeras que provocaron una multiplicación de los principados independientes hacia mediados del siglo VIII.

Imperio tardío:

Fechado entre los años 750-33 a.J.C. aproximadamente, abarca las dinastías XXV-XXXI. Egipto no pudo evitar la dominación asiria, pero el rey de Sais, Sametico I, recobró la independencia en el año 651 e instauró la dinastía XXVI, con capital en Sais, iniciando una época de renacimiento económico durante la cual dieron comienzo las obras de un canal entre el Nilo y el mar Rojo. En 525, Egipto fue invadido por los persas y perdió para siempre su soberanía. En adelante, sus reyes fueron extranjeros impuestos por los invasores, hasta que, en el siglo I a.J.C., se convirtió en provincia romana.

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