La esfinge, y las pirámides de Gizeh

Faraón (en egipcio, 'gran mansión', 'palacio'): Se creía que el faraón era hijo del dios del submundo, Osiris, que regía en la tierra y actuaba como intermediario entre los dioses y los hombres. Era el líder religioso, civil y militar de Egipto. Hay un total de treinta y una dinastias [hasta el periodo Greco-Romano, que son: Dinastia macedonia (Alejandro Magno), y la dinastia tolemaica (Cleopatra VII)].

Los faraones más famosos:

Salir

IV DINASTIA:

Snefru, faraón de Egipto (c. 2680-2640 a.C.), primer soberano de la IV Dinastía, también conocida como dinastía menfita, y padre de Keops. Snefru es el primer rey guerrero de quien se han encontrado gran cantidad de documentos; dirigió campañas militares en Nubia, Libia y el Sinaí. Se cree que construyó la primera pirámide egipcia no escalonada, en Dahsur.

Keops, faraón egipcio (c. 2638-2613 a.C.), segundo de la IV Dinastía. El suceso más importante de su reinado fue la construcción de la Gran Pirámide de Gizeh. Este colosal monumento se hizo famoso como una de las siete maravillas del mundo y sigue siendo una de las estructuras más notables en la historia de la arquitectura. En 1954 se descubrió, cerca de la Gran Pirámide, un barco funerario solar de Keops, de 38 m. En el culto funerario practicado por Keops y por sus contemporáneos, estas naves se construían para transportar las almas de los muertos a través de los cielos, siguiendo al dios Sol.

Kefrén

Kefren, faraón de Egipto (c. 2603-2578 a.C.) de la IV Dinastía. Construyó una de las pirámides de Gizeh; durante mucho tiempo se pensó que la Gran Esfinge próxima a ellas era una representación del rey. Poco se sabe de la biografía y del reinado de Kefrén, salvo que volvió a instalar la corte faraónica en Gizeh y que también es conocido como Jafra y como Sufis.

XII DINASTIA:

Amenemes I o Amenemhet I, faraón de Egipto (1991-1962 a.C.), fundador de la XII Dinastía. Limitó el poder de la nobleza y frenó las pretensiones de la ciudad de Tebas, aunque otorgó al dios tebano Amón una categoría especial dentro del universo religioso egipcio. Reorganizó la burocracia gubernamental y estableció la capital cerca de Menfis. Durante los últimos diez años de su reinado, actuó como corregente su hijo y futuro sucesor Sesostris I.

Amenemés III

Amenemes III o Amenemhet III, faraón de Egipto (1842-1797 a.C.) de la XII Dinastía. Logró eliminar, al final de su reinado, la amenaza planteada por los nobles provinciales al gobierno central y durante su largo gobierno concentró sus esfuerzos en la expansión económica. Realizó grandes proyectos de irrigación y de recuperación de tierras, principalmente en el lago Moeris, en Fayum, e impulsó la producción de mineral. Sus flotas comerciales navegaron por el mar Rojo y atravesaron el Mediterráneo hasta Chipre y Creta.

XVIII DNASTIA:

Tutmosis I, faraón de Egipto (1524-1518 a.C.) de la XVIII Dinastía, sucesor de Amenofis I (que reinó en 1551-1524 a.C.). Destacado militar, Tutmosis I extendió sus dominios en Nubia y después avanzó hasta el río Éufrates. Dedicó el resto de su reinado a distintos proyectos constructivos. En Karnak construyó dos pilones (grandes pórticos) y una sala hipóstila y erigió dos obeliscos, uno de los cuales aún permanece en pie. Fue el primer faraón que se hizo enterrar en el Valle de los Reyes.

Tutmosis II, faraón de Egipto (1518-1504 a.C.) de la XVIII Dinastía, hijo de Tutmosis I y medio hermano y marido de la reina Hatshepsut. Según una inscripción descubierta en Asuán, en el Alto Egipto, Tutmosis II envió una expedición contra las tribus nubias que se habían rebelado contra su soberanía. También se cree que luchó contra los beduinos, pueblo nómada de los desiertos de Arabia y Sinaí. Tutmosis II realizó mejoras en el gran templo de Amón en Karnak y su nombre está inscrito en muchos edificios antiguos de Egipto. Su momia fue encontrada en 1881 en Dayr al-Bahari.

Hatshepsut, reina egipcia (1520-1483 a.C.) de la XVIII Dinastía, hija de Tutmosis I. Contrajo matrimonio con su medio-hermano, Tutmosis II, con quien gobernó conjuntamente Egipto hasta la muerte de éste en el 1504 a.C. Su sucesor, Tutmosis III, hijo de una concubina, era un niño en ese momento y se casó con la hija de Hatshepsut y Tutmosis II. Sin embargo, en el 1503 a.C., Hatshepsut usurpó el poder y reinó por derecho propio hasta el 1483 a.C. Tutmosis III, hasta la muerte de Hatshepsut, fue gobernante nominal, después rigió en solitario los designios del Estado. Hatshepsut construyó su propio gran templo funerario de Dayr al-Bahari cerca de Tebas, al que se accedía entre una hilera de esfinges y grandes terrazas columnadas.

Tutmosis III, faraón de Egipto (1504-1450 a.C.) de la XVIII Dinastía. Era hijo de Tutmosis II y de una concubina, y yerno de la reina Hatshepsut. Al suceder a su padre en el 1504 a.C., Tutmosis III fue apartado del trono por Hatshepsut, quien se convirtió en la auténtica gobernante, dando al joven rey sólo un papel nominal. Tras la muerte de Hatshepsut en el 1483 a.C., sus monumentos fueron desfigurados en un intento aparente de borrar su memoria. El ya adulto Tutmosis III se convirtió en el gobernante supremo y se embarcó en una serie de conquistas sin par en la historia egipcia. Sus ejércitos invadieron Siria y aniquilaron las fuerzas sirias en la llanura de Jezrael. Los sirios se refugiaron en la ciudad de Meguido pero fueron derrotados nuevamente en el 1479 a.C.

Tutmosis III guerreó después contra el reino hurrita de Mitanni, que en aquellas fechas controlaba la mayor parte del norte de Mesopotamia y había fomentado las revueltas en una serie de ciudades sirias y fenicias dominadas por Egipto. Invadió el territorio y conquistó varias ciudades mitannas, extendiendo su poder en el norte de Palestina y Fenicia. Marcó el límite del Imperio egipcio en esa región erigiendo una estela en el río Éufrates. También expandió el dominio egipcio en Nubia.

Durante su reinado, Tutmosis III realizó 17 campañas militares con éxito. A través de ellas, logró obediencia por parte de Nubia y Sudán, y consiguió que le rindieran tributo los más importantes estados del momento: Creta, Chipre, Mitanni (vencida en Qades, una de las batallas más importantes de la antigüedad), Hatti (el reino de los hititas), Asiria y Babilonia. Tutmosis III consiguió de esta manera afirmar la hegemonía egipcia en todo el Próximo Oriente. Fruto de sus éxitos militares fueron los botines y tributos que enriquecieron los templos egipcios. Realizó importantes adiciones al gran templo de Karnak inscribiendo sus anales en los muros. Otros edificios importantes que construyó se encontraban en Heliópolis, Menfis, Abidos y Asuán. La momia de Tutmosis III fue encontrada en Dayr al-Bahari.

Amenofis III, faraón de Egipto (1386-1350 a.C.) de la XVIII Dinastía, impulsor de grandes trabajos arquitectónicos, entre ellos algunas partes del templo de Luxor y el denominado coloso de Memnón. Su reinado fue de paz y prosperidad, cuando el poder egipcio estaba en su momento cumbre. La correspondencia diplomática de Amenofis se ha conservado en las Cartas de Amarna, colección de unas cuatrocientas tablillas de arcilla encontradas en Tell el-Amarna en 1887. Amenofis IV (Ajnatón), gran reformador religioso de Egipto, era su hijo.

Ajnaton o Amenofis IV, también llamado Neferkheperure, Aknatón o Amenhotep IV (en egipcio), faraón de Egipto (c. 1350-1334 a.C.). Ajnatón, hijo de Amenofis III y Tiy y marido de Nefertiti, fue el último soberano de la XVIII dinastía del Imperio Nuevo y destacó por adoptar y eventualmente identificarse con Atón, o Aten, dios solar o disco solar, al que consideraba como un espíritu universal omnipresente y el único creador del Universo. Algunos eruditos le han considerado el primer monoteísta y creen que el concepto de un dios universal, predicado por los profetas hebreos siete u ocho siglos después en la tierra en la que una vez gobernó Ajnatón, procede en parte de su culto.

Después de instituir la nueva religión, cambió su nombre real de Amenofis IV por Ajnatón, que significa ’Atón está satisfecho’. Trasladó la capital de Tebas a Ajtatón, en el actual emplazamiento de Tell el-Amarna, convirtiéndola en una nueva ciudad dedicada a Atón, y ordenó la destrucción de todos los restos de la religión politeísta de sus ancestros. También combatió con mucho rencor a los poderosos sacerdotes que intentaron mantener el culto del Estado al dios Amón. Esta revolución religiosa tuvo un profundo efecto en los artistas egipcios, quienes cambiaron las formas rituales a las que se habían limitado por un arte mucho más natural como prueba del poder del sol que todo lo abarca, Atón. También se desarrolló una nueva literatura religiosa. Sin embargo, el florecimiento de la cultura no continuó tras la muerte de Ajnatón. Su yerno, Tut Anj Amón, trasladó la capital de nuevo a Tebas y restauró la antigua religión politeísta, y el arte egipcio una vez más se ritualizó.

Tut Ank Amón (Tutankamón)

Tut Anj Amón o Tutankamon (c. 1352-1325 a.C.), faraón egipcio (c. 1334-1325 a.C.) de la XVIII Dinastía, yerno de Ajnatón, a quien sucedió. Durante su reinado devolvió la estabilidad al reino, ya que se restauró el culto a Amón, abandonado con Ajnatón, y Tebas, la ciudad sagrada de Amón, fue de nuevo la capital de Egipto. Se conoce poco de su reinado y su importancia se deriva principalmente del hecho de que su tumba, en el Valle de los Reyes, escapó del saqueo y ha llegado hasta nuestros días. Fue encontrada, junto con sus magníficos tesoros, prácticamente intacta en 1922 por el arqueólogo británico Howard Carter y su mecenas, lord Carnarvon, y en la actualidad se conserva en el Museo Arqueológico de El Cairo.

Maldición de Tutankamón, leyenda que rodea el descubrimiento de la tumba de Tutankamón, joven faraón de la XVIII Dinastía. En noviembre de 1922, Howard Carter descubrió la tumba de Tutankamón, una de las más espléndidas en la historia de la arqueología. A los pocos días Carnarvon, el promotor de la expedición que halló la tumba, murió de neumonía y en El Cairo se produjo un vacío de poder. Su perro, que se encontraba en Inglaterra, también murió. Howard Carter vivió hasta 1939.

A causa de la torpe diplomacia inglesa, del creciente nacionalismo egipcio, así como de la agria batalla legal que siguió a la exploración de la tumba, el Gobierno terminó por confiscarla. Alimentando aún más la leyenda, la novelista gótica Marie Corelli afirmó disponer de un primitivo texto árabe que mencionaba las maldiciones que seguirían a la apertura de la tumba, afirmación que se convirtió en la base popular de la maldición de Tutankamón. El interés de la prensa aumentó, animada por la declaración de sir Arthur Conan Doyle, que creía en una maldición y la aportación de datos por parte del egiptólogo Arthur Wiegall en Tutankamón y otros ensayos.

La creencia en la maldición que rodea a las momias de Egipto surgió por el respeto que sentían los árabes por la magia egipcia desde que se asentaron en el país, alrededor del siglo VII d.C. Sus interpretaciones se centraron en el acecho de los vivos por los muertos, y desde sus primeros textos advierten de la resurrección de las momias gracias a la magia, basándose en las ilustraciones de las tumbas egipcias. Desde la muerte del conde Carnarvon, han aparecido en la prensa noticias alarmistas relacionadas con la maldición de la tumba de Tutankamón, e incluso se llegó a decir que el vuelo que transportó sus tesoros para una exposición en Inglaterra con motivo de su 50 aniversario tuvo un destino fatal.

XX DINASTIA:

Ramses III, faraón de Egipto (1198-1176 a.C.), fundador de la XX Dinastía, gran líder militar que repetidamente salvó al país de la invasión de los denominados pueblos del mar. Durante el quinto año de su reinado, Ramsés repelió un ataque libio, y dos años después derrotó a los pueblos del mar. En su decimoprimer año volvió a rechazar una invasión libia. Ramsés también construyó templos y palacios siguiendo la tradición de su predecesor de la XIX Dinastía, Ramsés II. Las victorias de Ramsés III se encuentran representadas en las paredes de su templo mortuorio en Madinat Habu, cerca de Luxor. El final de su reinado estuvo marcado por revueltas e intrigas palaciegas. A su muerte siguieron siglos de debilidad y dominación extranjera.

Salir