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Una visita a la ciudad de Berlín en la época en que
estaba dividida por el muro que la cortaba en dos era toda una experiencia,
nos encontrábamos de repente en dos mundos distintos, el mundo que para
nosotros o cualquier europeo podía considerar "normal" y otro que se nos
antojaba irreal. Un mundo de escasez, de represión, de falta de libertad que
se notaba en cada rincón del otro lado del muro.
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A nuestra vuelta de los fiordos noruegos
realizado en Agosto de 1984 nos decidimos a pasar por Berlín. Desde Lubeck
en dirección a Luvenburg y desde allí hacía Berlín. Después de pagar 10
marcos por el visado nos dieron via libre a través de la llamada Alemania
Oriental. La impresión que nos dio fue la de entrar en una cárcel inmensa. A
lo largo del camino estábamos constantemente vigilados por la policía (no
estaba permitido salirse de la ruta, subir a nadie ni entablar conversación
con ningún ciudadano de la R.D.A.) que en ocasiones se encontraba escondida
entre los árboles.
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Hace muchos años la ciudad de Berlín tuvo murallas que la
defendían, tanto ella como la vecina población de Cölln
rehicieron varias veces estas murallas, nombres como Brandenburgr Tor,
Hallesches Tor y Kottbusser Tor hacen referencia a estos muros, el último de
ellos se derribó en 1868. Pero a partir del 13 de Agosto de 1961 los
berlineses construyeron otra muralla, pero en esta ocasión no fue para
defenderse, si no para dividir la ciudad en dos.
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Aunque de lejos no podíamos pasar de
fotografiar la puerta de Branderburgo, quizás el monumento más universal del
Berlín de todos los tiempos. Fue construida a finales del siglo XVIII y es
la única que se conserva de las 14 puertas que tenían las antiguas
murallas.
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Este nuevo muro fue consecuencia del
reparto que se produjo después de la Segunda Guerra Mundial. Construido por
el gobierno de la R.D.A. tenía 46 kilómetros y se extendía otros 119
alrededor de la ciudad. Podíamos pasar el muro de dos manera, a pie o en coche por Checkpoint
Charlie o por debajo con el Metro y esa fue nuestra opción. Salimos en
Berlin Este en la estación de Friedrichstrasse, donde por cierto, había muy
mal ambiente .La personita de la foto es Dagma que no tenía miedo a los
guardias.
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Existe una gran diferencia entre ambos
lados del muro, en el occidental hay de todo, desde algo tan fundamental
como el alumbrado en las calles, mucha gente paseando o de compras, multitud
de comercios. En definitiva lo que estábamos acostumbrados a ver en
cualquier lugar del mundo moderno. En el otro lado, sin embargo, tristeza,
atraso, poquísima gente por la calle y en las cercanías del muro, vigilancia
y más vigilancia en esa franja de tierra de nadie y que nadie podía
sobrepasar a menos que quisiera correr un altísimo riesgo.
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