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Las
contracturas musculares se generalizaron a raíz de la crisis
Las
consultas por tensiones musculares aumentaron entre un 30 y un 50% este
año. Pueden ser muy dolorosas y suelen localizarse en cuello, hombros
y espalda. Se superan con ejercicios y masajes y se previenen con técnicas
de relajación.
Estoy contracturado y me duele todo". Esta debe ser una de las
frases más repetidas en la Argentina de los últimos tiempos.
La crisis impactó con fuerza en los cuerpos como consecuencia de los sentimientos
de impotencia, bronca, frustración, angustia e incertidumbre actuales.
Y entre los dolores físicos causados por problemas emocionales, las contracturas
parecen estar al tope del ranking.
"Hasta el año pasado, de las 7.000 prestaciones que realizamos por mes,
un 40% era por tensiones musculares debidas al estrés. Este año, el porcentaje
es de un 70%", dice a Clarín el jefe del Departamento de Kinesiología,
Fisioterapia y Rehabilitación del Hospital de Clínicas, doctor Claudio
Lieti.
"La gente en la consulta cuenta que perdió el trabajo o que trabaja más
y que está angustiada por las consecuencias económicas y los trastornos
familiares que les provoca su situación laboral", asegura el doctor Lieti.
"Nosotros le explicamos que toda tensión psíquica trae una tensión muscular".
Y se pregunta Lieti: "¿es que alguien puede ser indiferente ante las malas
noticias: despidos, asaltos y secuestros? Hoy es muy común ir con miedo
por la calle, darse vuelta y contracturarse. Si hasta los médicos nos
tensionamos en el consultorio...", se sincera.
¿Qué es exactamente una contractura? Médicos y kinesiólogos coinciden:
es una manifestación psicosomática del sistema nervioso central que consiste
en el acortamiento y pérdida involuntarios de la elasticidad de un músculo.
Se expresa de manera espontánea e inconsciente y aunque puede llegar a
ser muy dolorosa no se considera una lesión grave.
Como si fuera una red tejida, por el músculo circulan capilares sanguíneos
y terminaciones nerviosas que lo impulsan a elongarse y acortarse en forma
sincrónica. Cuando el tono muscular aumenta, los capilares y terminaciones
se comprimen, no pueden transferir la sangre y los nutrientes del cuerpo
en forma normal y se forman esos nudos tensionales, conocidos como contracturas.
Las zonas con mayor predisposición a contraerse son cuello, hombros y
espalda ¿Y cómo se detectan? "Mediante radiografías y palpándolas con
masoterapia (masaje) profunda", que es también una de las formas de eliminarlas,
"junto con la fisioterapia, o sea el calor con onda corta o rayos infrarrojos",
señala Lieti.
"Lo ideal es que las personas vean al kinesiólogo antes de que la contractura
se manifieste y que realicen técnicas preventivas de relajación que eviten
cervicalgias, lumbalgias y homalgias, que son las contracturas de cuello,
cintura y hombros, muy comunes hoy en día".
"Las contracturas por estrés —aclara Lieti— no requieren tratamientos
muy largos, pero si hay predisposición a contraerlas, es probable que
se repitan con frecuencia".
"Este año hubo un incremento del 50% de consultas respecto al año pasado
y la gente viene en un estado calamitoso", dijo a Clarín la licenciada
en Kinesiología Patricia Guili.
Cosquilleo en manos y pies, mareo, vista nublada, fatiga, sensación de
vértigo, falta de aire. "Los síntomas secundarios que acompañan a las
contracciones también se intensificaron", advierte. "Pero yo les digo
a mis pacientes que es mejor tener una contractura que un infarto, aunque
las enfermedades no se eligen, sino que nos eligen a nosotros", dice Guili.
"Es común que una persona alegre y feliz camine derecha, con el pecho
ancho y la mirada hacia arriba", ejemplifica la kinesióloga. "Una persona
triste, en cambio, camina encorvada, agacha la cabeza y mira hacia abajo".
Para el doctor Juan Carlos Mazza, coordinador científico del Congreso
Internacional de Medicina del Deporte que se realizará en Buenos Aires
el 11 y 12 de noviembre, el aumento del tono muscular que produce contracturas
"es paradojal: es una respuesta defensiva para mantener al individuo en
sus posturas habituales, muchas veces viciosas, pero no reviste patología
orgánica".
Hoy en día es común que "el tono muscular se potencie dramáticamente con
el estrés, la angustia, la frustración, el enojo y la tensión nerviosa
por la inestabilidad laboral, económica y familiar", señala Mazza. Y añade
que es corriente, además, que se forme un circuito de retroalimentación:
"cuanta más angustia y tensión, más contractura y dolor muscular que generan
a su vez más contractura defensiva".
Para prevenir este problema, los espe cialistas recomiendan hacer ejercicios
de estiramiento y fuerza de los músculos para resistir mejor las malas
posturas habituales. También proponen practicar ejercicios aeróbicos que
liberan energía, descargan tensiones y aumentan la producción de endorfinas,
unas hormonas sedantes que provocan placer y son sedantes.
Todos coinciden en que, cuando aparece la contractura, hay que consultar
al médico. Y que los masajes suaves pero profundos suelen ser la terapia
más eficaz para eliminarla. Tanto Lieti como Guili reciben pacientes derivados
por traumatólogos, deportólogos o clínicos. Pero también hay tratamientos
alternativos como los que ofrecen los terapeutas corporales y los osteópatas.
"Ante dolores agudos importantes hay que recurrir a los analgésicos y
los miorrelajantes, siempre bajo el control de un profesional", opina
el doctor Mazza, responsable del control médico del nadador José Meolans.
Y, aunque a veces "el reposo puede colaborar en la superación del dolor,
el estímulo físico es lo más exitoso".
Laura
Haimovichi, Clarin, Lunes 28 de octubre de 2002
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